VIVIR HUYENDO

2682 Words
Helena Recorro por el largo sendero Fechas como hoy, cuando el año llega a su fin, el cielo se torna de un color más oscuro y la vista de una ciudad glamurosa, se distorsiona ante este momento; aunque las estrellas brillen y su esplendor sea intenso, no alcanzó a tocar esa luz, a cada instante, terminó perdiendo la orientación. Incluso la temporada de invierno es inexistente, el frío no cala mi piel ni me hace temblar. Esa es la razón por la cual vivo sumergida en un océano congelado, en donde, apenas siento partes de mi cuerpo y hay una obstrucción en mi pecho que impide que el aire ingrese a mis pulmones, apretando la caja torácica, estrujando ese inservible órgano que bombardea la sangre. Levanto la mirada al cielo, una fuerte tormenta de nieve se avecina, pero no es impedimento para estar caminando por este lugar, a oscuras, alejada. Siento que he perdido la razón al estar concentrada en mi papel, moldeada ante la situación para no caer en la realidad, pero cada vez que intento sobrepasar el límite, terminó arrancando partes de mi alma, difíciles de recuperar o volver a construir; ya no encuentro sentido a lo que hago aunque eso no sea relevante. Suspiro Es tedioso perder el ritmo de mi vida. Ocultarme por miedo a ser hallada es un mal hábito desarrollado para callar los verdaderos hechos aquella noche, cuando la luna se convirtió en sangre y la oscuridad en una masa negra, y es que ni sé lo que sucedió realmente, pero pagar el precio es mi condena. Mi cuerpo queda estático. Y es así como terminamos, como todo se arruina. Giro mi cuerpo a la derecha, arraigando mis pies sobre el suelo, sujetando con fuerza la rosa en mi mano, incrustándose las espinas en mi piel. Trago saliva y respiro con dificultad, el peso de la culpabilidad se descarga en mis hombros, mantenerme firme es una decisión complicada, pero mi palabra y acciones valen mucho más. Miro su lápida y su nombre escrito en ella. —Aun en la muerte me persigues. —suelto una risa frágil, ocultando el disgusto en mis palabras. Nada de lo que siento cambia al estar presente en este lugar, no entiendo porque decidí venir, cuando se los riesgos que estoy corriendo. Me inclino para soltar la rosa en su lápida, la sangre gotea en el pasto. Estar en este lugar, me recuerda la agonía que pase a su lado en cada momento. La forma en cómo acabé destruyendo en cada peldaño construido, por un amor inexistente y una ambición que se alimentaba de mi alma. No pude frenarlo, mucho menos, detenerlo. Y cuando dio el golpe final, todo se desmoronó. —Si alguna vez derramé alguna lágrima, no fue a causa tuya—afirmo con voz crispante, entrelazo mis manos. Ensuciando la otra con sangre. —. Lo hice por las vidas destruidas, esas personas importan más que nuestra propia existencia—ninguna lágrima fluye desde mi interior, solo aprecio el vacío. —. He mantenido mi promesa hasta el fin, espero soportar este sufrimiento y ser capaz de dar ese paso atrás, permitiendo que siga con su vida, porque quedarme a su lado, solo hará que termine muerto. Nunca me sentiré compungida por hacer lo correcto, así haya terminado cargando esta culpa agonizante. Desde lo sucedido, siempre tuve entendido lo que iba a transcurrir en mi vida, eso no me acobardo porque era la única forma de mantenerme con vida, arrepentirme a estas alturas, no es un dolor menos. —No espere encontrarte aquí. El ruido de la noche se ve opacado por el sonido de su voz. Mi cuerpo se estremece y mi corazón bombardea con más rapidez, el pulso se me acelera, puedo oír como el impacto contra mi pecho es fuerte. Giro sobre mis talones, inhalando profundo. Me veo envuelta en una situación de doble filo. La persona frente a mí, luce exactamente igual que aquella noche, solo que el brillo que le caracterizaba se ve apagado. No parece la misma persona. —Helena… Expulso el aire y retrocedo, chocando con la lápida. Desea tocarme Me doy media vuelta, desviando el objeto en mi camino. Doy pasos apresurados. Necesito salir de este lugar y no ser encontrada nunca más. El motivo de mi partida tiene que ver con los acontecimientos de esa noche, y no se trata de como todos desean verme muerta, sino de proteger la verdad. Esa fue mi última promesa hacia él. —Por favor, detente. Escucho su grito a través del viento. —¿De qué sirve hacerlo? —pregunté con la misma intensidad sin frenar mis pasos. Levanto la mirada para ver el cielo oscuro y lo siguiente que digo, es una realidad chocante. —Viviré huyendo. —Solo quiero hablar contigo. —El suplico que sale de su voz se va apagando. Hago lo que me pide y trato de actuar con normalidad. —Tienes que marcharte de ese lugar—ordeno con autoridad cuando giro para mirarla. —. No debes permanecer mucho tiempo en esta ciudad, debes irte, antes de que vuelvas… —De nada servirá marcharme, eso no cambiará esa sensación en mi pecho tras su muerte. —señaló su corazón con desesperación y su mirada es preocupante. —Tendrás que vivir con aquello, no tenemos otra opción—aseguro. Veo como debate. La encrucijada en su interior es intensa y dolorosa, por la forma en como aprieta sus puños y cómo sus mejillas se tiñen de sangre. No es el frío, es la ira y el odio intensificándose en su sistema. Impregnándose en su alma. —. Escoger este camino solo me despojo de lo que realmente deseaba, pero ya no tiene sentido. —¿Por qué lo hiciste? —preguntó queriendo encontrar una lógica a lo que hice. —Porque era necesario para sobrevivir, todo lo que sucedió esa noche, incluso antes, fue para estar aquí. —respondo sin titubear, escondiendo una verdad en las palabras. Negó con la cabeza, desesperada, atormentada. Agacha su cabeza y mira sus manos. El miedo y el pánico en su mirada es inquietante. Regresa sus ojos en mi dirección, veo esa determinación en ellos, ese deseo y venganza, pero solo es una parte de su ser. —Debemos hacer algo. —anuncia sin temor. Se acerca, retrocedo. —Ya no hay nada para hacer, ¡¿no lo ves?! —casi grité por la frustración. —No lo entiendes. —señaló incomprendida. Río con amargura e impotencia, siento como la ira corre en mi sistema, descontrolando partes de mi alma, que permanecen con estabilidad, a pesar de encontrarme en un estado inquietante. —Recuerda lo que prometimos—anuncio con un tono frío y cruel. —. Estoy cargando un peso inmerecido, no lo vuelvas más difícil de soportar. No hay marcha atrás, solo debo seguir siendo la villana de esta historia, de todas formas, su sangre demanda de mis manos. —Solo intento… —¡No intentes nada! —me exalte, interrumpiéndola. No entiendo cómo ha llegado hasta aquí, debió estar alejada de este lugar. Todo lo que se hizo y lo sucedido fue a causa suya, no sé cómo tiene la capacidad para soportar esa culpabilidad, pero la comprendo, porque soy parte de ese círculo y es complicado ceder ante aquello. —Por favor… —¡Basta! —la corto de inmediato, disgustada. —. Tienes que irte antes de ser encontrada, porque no podré ayudarte. —Lo sé. —Si lo sabes, entonces no sé porque estás intentando arruinar todo. —recalco fastidiada, a punto de ceder ante el descontrol. —Estoy corriendo el riesgo porque podemos hacer algo para solucionar todo. —me revela parte de su propósito, pero lo ignoro, ya que esa fue mi promesa. —Es mejor ignorar la realidad, que destruir lo poco que queda. Aunque haya momentos en donde puedo anhelar no ignorar, es lo mejor que puedo hacer. Me doy la media vuelta. —No serás feliz. Alcanzó a escuchar sus palabras y freno mis pasos, la miro por encima de mi hombro, curvando una sonrisa macabra en mis labios, lista para empezar lo que nunca se inició en mi vida. —Es más probable ser miserable que feliz. —asevero con tranquilidad. No siento temor de lo que sucederá en el futuro, ya he visto la muerte, esa sensación es suficiente para no afanarme por el día de mañana. Sé que no hay escapatoria de mi camino, este es mi destino, y cumplirlo es lo único que me queda. Regreso por donde vine y me alejo de aquella persona, esta es la última vez que nuestros caminos se cruzan. Sé porque la impulsividad ganó la batalla, puedo entender las intenciones y cómo actuó para terminar lo que ella empezó, aunque jamás entendí porque tanto desprecio, hizo lo correcto. Solo sé que, las emociones jugaron en contra, demostrándome que estaba equivocada, que sus acciones solo fueron un teatro para ocultar la realidad. Acabó como lo desearon, como lo planearon. Yo solo fui una pieza fundamental de un juego macabro que crearon para borrar las vidas que creían que eran una amenaza. Y esa noche lo descubrí antes de que acabará, supe cada uno de sus planes. Pueden culparme y querer matarme, pero eso no me detendrá. No pueden destruirme, ya estoy destruida. Solo prosigo y no miro atrás. (…) —¡¿Dónde te metiste?! Me sobresalto al escuchar el alarido de Margaret, se asoma desde la dirección del salón. La miro con indiferencia y disgusto, no me está gustando ver cómo encuentra la manera de frenarme o actuar como si pudiera entender; pero aquel pensamiento se dispersa cuando me topo con la preocupación y desesperación en sus ojos. Nunca la vi tan alterada. Ignoro esa mirada perspicaz que me da y me centro en lo que oculta en sus ojos, deseando descifrar el grito en su mirada. Camina de un lado al otro, ansiosa, desesperada. Mueve sus manos mientras va articulando cada palabra en sus labios, no alcanzo a escuchar lo que me está diciendo. —¿No vas a responderme? —cuestionó sin ocultar su desagrado por mi silencio. Se ha dado cuenta de que no la he estado escuchando. No va ir con rodeas porque no le interesa hacerme sentir bien, cuando he desechado ese tipo de comportamiento; me está dando el mismo trato que recibe. Doy unos pasos. No me quedaré para escuchar como me regaña por no estar presente en momento importantes, el buen estado de ánimo se me esfumó cuando encontré a aquella persona en el cementerio, así que no desperdiciare el poco ánimo que me queda para complacer a la familia, no soy esa clase de persona. —No debo dar ninguna explicación. —es lo poco que digo para zafarme de esta conversación. —Helena, debiste contestar… —¿Por qué? —la corto con aburrimiento. El silencio no parece importante, pero su mirada es un río caótico de emociones, causando una desabrida incertidumbre en mi pecho. Aparto la mirada, hago una ademán con mi mano para que continúe, sin embargo, se mantiene sin pronunciar ninguna palabra al ver mi desinterés en la situación. Lo está haciendo adrede. —Margaret… —Creo que no es buena idea decirte, ya que de seguro lo tomarás como cualquier situación sin importancia. —me encojo de hombros de manera burlona. El control en su mirada me hace desear descontrolarla y que pueda vivir como merece, y no siendo un maldito robot que está al tanto de cada emoción para no sumergirse en la diversión de este mundo, ya que al verse reflejada en esta sociedad, se siente diferente. —Puedo entender la situación, pero no ignores alrededor porque solo causarás que todos odien tu existencia. —Ya lo hacen. —aclaro con seriedad porque no me interesa ser odiada por esta sociedad, es más, prefiero vivir sumergida en ese odio para alimentar mi alma con esa emoción penetrante y así calmar esa insistencia de mi corazón para marcar la diferencia. —Helena—pronuncia mi nombre con tristeza. —, no somos tus enemigos. Una cosa he aprendido, no debo confiar en nadie porque todos en algún momento de esta miserable vida, me darán la espalda y me apuñalaran, como muchos lo hicieron. De nada sirve entregar la confianza cuando es más probable ser destruida por aquellas personas en las cuales decidiste dar lo más importante, pensando que podían ser diferentes, cuando solo te demostraron ser parte del montón. Trago mi risa para no herir sus sentimientos. Veo la desaprobación en su mirada, volteo mi rostro. —Mamá tuvo un accidente—anuncia cuando se percata de cómo desea escapar de este lugar. Sus palabras son alarmantes, giro mi rostro para mirarla y mi alma abandona mi cuerpo por unos segundos. —, aunque no está grave, necesita que vayamos a recogerla porque no puede salir del lugar en donde sucedió el incidente. La miro confundida. —¿Dónde está? —cuestiono con un poco de preocupación rebosando en mis emociones. Aparta la mirada y hace una mueca de disgusto. No necesita decir nada más, sus expresiones la han delatado. —Decidió ir a la fiesta de fin de año… —se corta a sí misma con la intención de no culminar la oración porque no desea ser la que haga división entre nosotras. Gruño Aprieto ambos puños con una fuerza que sobrepasa mis límites, no encuentro la tranquilidad en mi sistema ni trato de hacerlo porque solo quiero una explicación de lo que está sucediendo. —Tuvo que darme la espalda para ser parte de esa sociedad. —susurro, agotada. No la entiendo Por más que trato de comprender su actitud, no hay lógica. —Solo está acoplándose. —la defiende Margaret para no generar más controversia. —No necesita acoplarse se ha decidido marcharse—señalo, sintiéndome traicionada. Creando toda esa actuación de querer irse, solo lo está haciendo por obligación. —. Si tanto desea ser parte de esa sociedad entonces jamás debió apoyarme. Justificar sus acciones a estas alturas de la situación ya no tiene relevancia, solo es perder el tiempo y las energías. Seguir los consejos de su querida hija solo hizo que terminara lastimada, y como de costumbre, la culpabilidad recaerá en mí, otra vez. —Y como no veo a papá, de seguro también se les unió. —afirmo molesta e iracunda. Margaret mira en otra dirección. Parece que esta noche estoy recibiendo revelaciones porque ahora puedo entender porqué tardaron tanto en poner la fecha para irnos de esta ciudad, cuando solo fue un espectáculo falso para hacerme ver que estaban conmigo. Mentira —Desean mantener los buenos recuerdos… —Ya, Mar—escuche la voz de Alec. Mire por encima de mi hombro. —. No necesitas defenderlos cuando es evidente lo que están tratando de hacer. Ya no lo deberán hacer. —Será mejor que te pongas algo más apropiado porque nos vas a acompañar. —le ordeno a Alec, no replica ni se niega, obedece. Sabe que no estoy para soportar nada en estos momentos. Siento mi cuerpo tensionado, los músculos se han contraído por la furia corriendo en mi sistema. —¿Es que Susana no puede sacarlos? —preguntó Alec. —¿Por qué tienes que ir? Sonrío de lado. —Porque quiere que llame la atención, así puede salir ilesa de toda esta situación. Seré el blanco que necesitan. Alec, negó con su cabeza y se cruzó de brazos. —No iré—declara con determinación. —. Resultara lastimada por la estúpida imprudencia de nuestros padres. —señaló. —Alec—me miró con preocupación. —, no importa. —Sí… —Basta—pido. —. Necesitamos ayudar a nuestros padres. Es más probable salir muerta de ese lugar, me están llevando directo al matadero. Aunque resulta peligroso y misterioso volver a pisar ese lugar, hay algo que obstruye mi pecho. Es una sensación punzante, que me hace dudar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD