VIVIR SIN PODER TENERLO...

4999 Words
Helena. Aunque grite con todas mis fuerzas y mis cuerdas vocales se desgarren, nadie se ha dado cuenta de esta agonía; por más que anhele desesperadamente encontrar una salida, el laberinto se extiende. Eso no quiere decir que deba terminar con lo poco que me queda. Aunque no pueda encontrar la felicidad o tranquilidad, arrepentirme de mis acciones no será algo cuestionable, no cuando decidí dejar todo atrás. No vivo No respiro El peso de mi castigo lo cargaré sin dificultad. No hay una elección, no en mi vida. No hay salida ni refugio, mucho menos, una oportunidad; sé que alimentarme con falsas esperanzas de que esto será momentáneo, es una ilusión irrealista. Cierro los ojos, agachando la cabeza. Las gotas de agua se resbalan por mi piel, siento la humedad en cada rincón de mi cuerpo. Aprecio esa sensación estremecedora que ingresa a mi sistema como una oleada electrizante, evaporando mi carne; me dejo guiar por mis sentidos sensibilizados por la temperatura alta, pero es mejor sentir el ardor en mi piel que el dolor en mi ser. Abro los ojos El sabor amargo en mi boca es asfixiante. El disgusto se impregna en mi pecho y tengo la sensación de que algo peor se avecina, es como si ese dolor punzante carcomiera mi espíritu; pero importarme a estas alturas de la historia es en vano. Levanto la mirada El claro reflejo de mi cuerpo en el espejo, en la pared, me demuestra la debilidad que he estado escondiendo. Ese endeble se esconde bajo mi piel, para no ser descubierta y humillada. Estiro un poco la cabeza. Las marcas en mi cuello son visibles, no hay manera de borrarlas. Apenas pronuncié algunas palabras para no inflamar mi garganta aunque eso sea una pérdida de tiempo, ya que no siento malestar. Aun no logro sacar esas imágenes de mi cabeza, es todo un proceso asimilar lo ocurrido. Ser una víctima del destino es la peor parte de esta maldita historia aunque aquello solo concedió satisfacer a mi alma, fue un acto de justicia, para demostrar la verdadera cara del monstruo de esta historia. Esta noche es una de las tantas que memorare por haber llevado a cabo lo planeado y que todo me saliera a la perfección; sin embargo, su aparición removió partes de mi interior que no logro comprender, la conmoción de volver a reencontrarme con aquella persona, solo ocasiono que mi vulnerabilidad se refleja en mis acciones, no tuve dominio propio de mis emociones y permití que los sentidos me guiaran hacia un camino, en donde iba a terminar destruida. Aun recuerdo esa decepción y tristeza en su mirada. Ese deseo de protegerme y librarme de lo ocurrido. No puedo sacar de mi cabeza sus gritos o la forma en como me miro antes de marcharme… Sigue siendo ese aguijón. Sacudo la cabeza y regreso a la realidad. Tenerlo frente a mí fue el inicio de algo que debo terminar. Cierro la llave del agua, deteniendo la corriente. Cubro mi cuerpo con una bata de sede y peino mi cabello con suavidad, mientras la sonrisa triunfante se plasma en mis labios con facilidad, desde hace mucho tiempo que no tuve ese sentir de complemento en mi alma. La expresión en mi rostro no se podrá olvidar, ese regocijo y esa satisfacción, es inexplicable. Poco a poco, desenmascarar a esos monstruos. Todos conocerán la verdadera cara de la familia Kogler. Doy un paso fuera del tocador. Mi dirección es una sola, mi blanco es fácil y certero, no dudo en caminar hacia ese lado porque se lo que encontraré al final de ese camino; no titubeo al dar pasos, son firmes y seguros, ya no hay porque agachar la cabeza y esconder el rostro, cuando con certeza puedo asegurar que la decisión es la correcta, por más condenada que me encuentre, acerté. —Me impresionas. Suspendo cada movimiento de mi cuerpo, y cada célula de este, se rinde ante su presencia. Es un acto improvisado y de inmediato, no me da tiempo de tomar una profunda respiración para soportar el impacto. Si una oleada logró removerme al reencontrarnos, un tsunami quebrantara cada vacío de mi ser, ocasionando una catástrofe. —¿Impresionarte? —actúo con indiferencia y frialdad, mi voz es clara y fuerte. Si se da cuenta de cómo me siento vulnerable a su alrededor, será una ventaja que no desaprovechará y logrará derribarme. Volteo a mirarlo. —Ninguna mujer de tu nivel ha podido lograrlo, ¿por qué me mientes? —pregunté, desafiándolo con la mirada. —Odio las mentiras, más cuando son evidentes. Da un paso adelante Sale de la oscuridad en la que está sumergido y se atreve a darme la cara. Esa mirada dulce y cálida es más penetrante que una espada de dos filos. No me sorprende encontrarlo dentro de estas cuatro paredes, es un recuerdo que mantendremos en nuestras vidas, así me aborrezca. El presentimiento de su regreso se ocasionó hace varias noches cuando muchas de las personas cercanas afirmaban sobre su aparición en la conmemoración de la muerte de su hermano aunque tales declaraciones no estaban basadas en fundamentos claros, me arriesgue y termine encontrando a la persona que decidió abandonarme. Su cobardía hizo que huyera y su intención de no escucharme me traicionó. —¿Qué haces aquí? —no me voy con rodeos, lo intercepto sin remordimiento o temor. Su mirada solo transmite preocupación, mientras su expresión una profunda decepción. Y ahí está de nuevo… Ese aguijón —No te debo ninguna explicación. —responde acercándose. Aprieto mis puños y aplano mis labios para no soltar ninguna palabra que me delate. Su cercanía puede debilitar mis muros y quebrar cada pieza de mi ser, pero los mantengo firmes para no ceder ante la debilidad y la culpa. —Bien. No malgastaré mi tiempo, no pienso correr tras de él, solo para explicar lo sucedido. Si bien su sufrimiento es mayor, también fui afectada por todo lo ocurrido, pero al parecer eso no es lo importante en estos momentos. Puedo ver a través de sus ojos ámbar como busca detener este dolor, ha venido a asegurarse de que me encuentre bien. Esa es su intención A pesar del daño, no tiene planeado destruirme, tampoco desea que lo haga. Ahora entiendo porque se esforzó en mantenerme alejada de todo. —¿Alguna vez te importé? —cuestionó con un tono bajo. Lo miré confundida y dolida. Su pregunta es un golpe a mi corazón, tragarme cada una de sus palabras es un proceso de asimilación doloroso. —¿Qué intentas lograr? —doy un paso al frente. —Solo busco la manera de entender lo sucedido—responde con sinceridad. —. Sé que… Negar con mi cabeza es suficiente para que se detenga, presiona sus labios. El cuerpo me tiembla de rabia, respiro hondo para no caer en una profunda amargura de espíritu y contemplar mi enojo desde el exterior, cuando sé que debo mantenerlo dentro de mí. —Solo puedes ver el reflejo de la historia de una villana—afirmo con un obstáculo en mi garganta. Reprimo cada una de mis emociones y la dureza de mi corazón sale a relucir, a defenderme y protegerme. —. No tienes otra opción ni elección, ¿por qué seguir preguntando? Cuando tomarás el camino que te darán y decidirás darme la espalda, como todos. —No soy parte del montón. —aclaró con rabia. —Lo serás. La frialdad en mis palabras lo toma por sorpresa, no replica ni intenta interrumpirme. Escucha con atención y me observa desde su lugar, aunque no encuentra motivo del porque estamos en el mismo lugar, su mirada me indica que está en el lugar correcto. Junto a mí. —Helena… —Actuar con imprudencia repercutirá y no serás quien lleve los daños —le hago saber con amargura. —. Esperaste por mi respuesta, pero no estás aquí con la intención de obtener una. —Solo quiero la verdad. —Aunque lo tengas frente a tus ojos no lo podrás contemplar—le aseguro retrocediendo. —. Puedes tener la intención de escuchar mi versión, pero no será la respuesta que tomarás. Suspiro Aunque quiera ser escuchada, callar es lo correcto. Aquí lo importante no es confesarle la verdad, es silenciar cada una de las palabras que arruinarán más su existencia, prefiero que viva sabiendo que el monstruo soy yo, no su familia, aunque de eso ya tenga conocimiento. No puede saber lo que ocurrió esa noche, no permitiré que se enteré. Seré la culpable ante sus ojos y el dolor será menos abrumador. Así debe ser y así se quedará, pase lo que pase, no dejaré que sepa la verdad. —¿Por qué decidiste guardar silencio? —preguntó. Lo quedó mirando, encontrándome con la verdad en su mirada. Sé lo que intenta hacer, desea hacerme hablar porque puede reconocer las mentiras en mis palabras, y no soportar ser excluido de esta situación. Desisto Retrocedo, girando sobre mis talones y caminando hacia la habitación contraria para marcharme de una vez, no debo soportar su presencia ni escuchar sus palabras. —Sí… Escucho que me dice, su tono es débil y forzoso, que temo haber oído mal. —Si he pensando en ti—confiesa, su voz se tiñe de dolor e impotencia. —, pero al hacerlo, solo obtengo el recuerdo de mi hermano muerto. Trago saliva Duele —Quisiera entender los motivos y descubrir lo que estás pensando, así como resguardarte de todo el daño, pero mientras más quiera protegerte, mi corazón más te aborrece—su sinceridad me está destruyendo y matando. —. ¡¿Cómo hago para detenerlo?!¿Qué debo hacer para arrancarte de él?! Grito en silencio Es grito profundo y proviene del interior, es algo que las personas no pueden apreciar ni escuchar, solo carcome mi carne y aniquila mi ser. —¿Qué hice para merecer esto? —su interrogante se quedó en el aire. —¡¿Por qué?! Volteo para mirarlo —Ódiame—el ruego sale débil de mi boca en contraste con la intensidad del dolor. —. Prefiero tu odio antes que tu indiferencia. Anhelo tanto borrar mi existencia de tu vida para que no estés sufriendo, pero no puedo. —digo al borde de la impotencia, ganándome la desesperación. Se acerca atolondrado, sus pasos son apresurados y desesperados. Se detiene frente a mí. Estira su brazo intentando tocar mi rostro, pero un pensamiento se le debe cruzar por su mente que detiene su movimiento y, poco a poco, baja su brazo, con una expresión de derrota en su rostro. —No me arrepiento de lo que hice. —la certeza en mi voz es un impacto en su vida, sus ojos se agrandan y destilan odio puro. Es rápido al actuar Me sujeta de ambos brazos y sacude mi cuerpo, me paraliza. Su movimiento es brusco, pero es un acto que me ayuda a poner en orden mis pensamientos y tomar el control de la situación, para no ceder ante el dolor. No permitiré que vea cuanto estoy sufriendo, me esconderé bajo esa máscara de frialdad. Su actitud se debe a cuanto le importo su hermano y saber que también es responsable de lo ocurrido, lo está matando. Me suelta. —Tendré una larga vida—mi voz está cargada de aflicción. —, pero dentro de ella, condenación. —No sabes cuánto aborrezco haberte conocido. —Su declaración es una pieza fundamental de la destrucción de cada vacío de mi ser, aunque ya no queda nada por destruir, todo quedó en ruinas tras su aparición. Ese vacío —Algunas personas son indelebles. —confieso con el deseo de que entienda a lo que me refiero. —Y anhelo que tú no seas una de ellas. —admitió con dureza y seguridad. Doy un paso acercándome, deseando tomar su mano. —Julián… Retrocede y saca su mano de mi campo de visión, impidiéndome que dé un paso más en su dirección, está huyendo de mí, alejándose de mi presencia. —No entiendo, no lo hago—la incertidumbre en su voz y su mirada desquiciada, me hace ver como está perdiendo el control de la situación. —. Creí que lo amabas, pensé que eras feliz a su lado, es por eso que me marché, para no interrumpir más en sus vidas. Sus palabras son un impacto con el pasado. El recuerdo percute en mi ser, abriendo paso a todos esos recuerdos, enterrados en la oscuridad de mi mente, encerrados y encadenados para no ser sacados a la luz ni traer memoria a aquellos momentos que marcaron un antes y un después. —Solo fueron mentiras disfrazando la realidad. —¿Por qué? —No iba a permitir que te quedarás a ver como terminaba esta historia, jamás me iba a perdonar si destruía tu vida junto con la mía—manifiesto con el deseo de ser entendida por una última vez. —. Tú merecías luchar por lo que querías. —Estaba luchando por lo que quería, eras tú—su alarido es ensordecedor. —. Solo deseaba contemplar la vida a tu lado. Cierro los ojos, tragándome las lágrimas y retorciendo mi corazón para no ceder. —Iba a sacarte de sus garras y darte la felicidad que mereces, pero decidiste quedar a su lado, soportar el dolor por tu ambición y soberbia. —Me hiciste elegir. —le reclamo. —¿Cómo podía hacerte elegir? —el tono es opaco y arrullador. —Si sabía que no me ibas a elegir. Dejó de respirar y parpadeo Sus palabras magullan mi alma, penetran mis tuétanos y coyunturas, y no es suficiente porque estrujan ese órgano insípido que late con fuerza. Una sensación de dolor e incertidumbre corrió por mi sistema. Y al no tener sentido nada, hago lo que menos debe suceder. Lo beso Me sostengo de su cuello y cierro los ojos, olvidándome de todo. Hago el intento de abrir sus labios para profundizar el beso y, aunque por unos segundos se mantiene estático, poco a poco se va acoplando. El beso es amargo, pero se impregna en mi alma porque sé que nunca podré dejarlo ir, como ambos deseamos. Aunque lo anhelará con todo mi ser, me negaré a olvidar que alguna vez estuvo en mi vida, a pesar de ser consciente de que mi existencia logró arruinarlo por completo y nunca me lo perdonará. Escojo este camino, no por elección sino por necesidad. Y este será mi castigo Vivir sin poder tenerlo Me separo de él aun con los ojos cerrados y con el corazón latiendo a mil. —Jul… —Si pudiera desearte lo peor de este mundo, no sería la muerte—afirmó, abro mis ojos. El dolor intercepta su mirada. —. Sería el deseo de que vivas sabiendo que te aborrezco por completo, ese es un castigo merecedor. Lo sé —Creo que es mejor que no vuelvas a este lugar, ya no es parte de ti. —limpia con disimulo algunas de las lágrimas en sus mejillas, trato de no ser evidente ni de tomarle importancia aunque signifique mucho. Me doy vuelta porque ya no sé cómo soportar esto, mis piernas no se pueden mantener quieta ni firmes, todo se está desvaneciendo y caer ante sus pies, solo herirá más mi orgullo y convicción. Pero impide que me vaya, decide cogerme del brazo y hacer que lo vea. —Vete de mi vida y no regreses nunca más. Ya no avanzó más, mis piernas paralizan su movimiento —Si alguna vez nos volvemos a encontrar, te prometo que no existirás. —No planeaba encontrarme contigo. —miento. —Me has traicionado y arrancado mi corazón. —Y tú has destrozado. —murmuró sin que logré escucharme. Son mis últimas palabras para tomar el camino contrario y salir de esa habitación. Tomar caminos separados nunca estuvo en nuestros planes, pero el destino lo deseo así, no puedo ir en contra de ello, porque por más que desee formar parte de su vida, él ya toma la decisión de marcharse de la mía. Algunos días después… Nuestras miradas se conectan. Está tratando de descifrar lo que estoy pensando, pero no se da cuenta de cómo me está dando el dominio de analizarla; es una presa fácil en estas aguas turbias. Sus facciones la delatan, no controla ese reflejo de querer mostrar perfección, su intento es fallido y resulta más patética de lo inusual. Ladeo mi cabeza e imito cada uno de sus movimientos con su cabeza, no aparto la mirada, no cuando eso le incomoda. Entrecierra sus ojos y habla entre dientes, pensando que no entenderé cada una de sus absurdas palabras. La miro incrustando mis orbes en ella, caló profundo, encontrándome con lo esperado. Puede mejorar y perfeccionarse, pero su impulsividad y esas grietas solo empeoran la situación, dejándola un paso atrás. Sus debilidades son puntos fáciles de observar, que cualquiera que intente descubrirlo, se llevará con la sorpresa de la realidad, ya que se darán cuenta de los blancos donde pueden herirla con facilidad. Tan simple de derrotar, que la partida será demasiado aburrida. Ay, Su No eres rival para nadie. —¿No te cansas de causarnos problemas? —su pregunta encaja con su comportamiento, la forma en como estaba mirándome. No ha pasado ni un minuto desde que inició la cena y ya empieza con sus palabras. Ignoro su pregunta, así como su existencia. Aunque es inevitable no ver su rostro, es mejor hacer como si no estuviera presente, para mantener la cabeza fría y los impulsos controlados. No quiero lastimarla con mis palabras, creo que ambas sabemos, que si iniciamos una discusión, los secretos saldrán a la luz. —¿A qué te refieres? —cuestionó Margaret, apiadándose de ella. Su, no dudo en penetrarla con su mirada. —Del escándalo de hace dos noches—mira a nuestros padres. —. ¿Por qué decidieron llevar con ustedes? —está ofuscada. —Solo han logrado que los medios encabecen nuestro apellido en los tabloides y que aquella familia lleve la ventaja. —¿Cómo es que sabes sobre la ventaja? —eleve mis cejas en su dirección. —No estuviste presente para deducir. Parpadea, nerviosa. Detallo como mueve sus labios y hace un gesto. —Responde la pregunta. —insisto para atraparla. —Me lo contaron. —responde con temblor en su voz. Miente Sus facciones la delatan, no está diciendo la verdad. Sé que aún se comunica con ellos, es por eso que la mantienen informada de cada decisión porque la consideran como una aliada que vive con el monstruo que mató a su hijo, cuando es solo es alguien que oculta secretos que puede solucionar todo. —Otra vez, involucrándote en donde no te incumbe—bufo agotada por sus intentos de seguir arruinándome la maldita existencia. —. ¿Hasta cuándo lo harás? —Solo estoy ayudando a una familia… —¿Ayudando? —cuestiono con sorna. —No seas cínica, Susana. —Hago algo que ustedes no pueden hacer—miro a los demás. —. No puedo mirar cómo vives, sabiendo que arrebataste la vida de alguien que te amo. No puedo solo mirar y no hacer nada. —Y tu consolación es mover las fichas para caer en tu trampa. —Solo hago mi trabajo. —Si, ya me hago una idea—ruedo los ojos, inclino mi cuerpo sobre la mesa y trazó una sonrisa morbosa. —. Recuerda que su sangre sigue manchando las vidas, si crees que de esa manera podrás eliminar el daño, estás equivocada—menciono. Veo cómo se atraganta con su saliva. —. Pero dejaré que vivas una realidad incierta. —¿De qué están hablando? —preguntó mamá. La miro y sonrió —Cosas, mamá—murmuro distraída. —. Solo cosas. Regreso mi mirada al frente, está desesperándose al ver como todos actúan como si nada hubiera sucedido. Ya no tiene a nadie de su lado, cada uno ha tomado su propio bando y aceptando la nueva vida, mientras ella se queda estancada en el pasado, como yo. —¡¿Por qué actúan con naturalidad?! Suspiro —¡Mató a un hombre! —gritó, sobresaltando a los presentes. Veo como mamá detiene el movimiento de su mano y se paraliza, procesando las palabras de su hija. Mientras, por otro lado, papá sigue comiendo, ignorando aquel comentario. —Es que no… —¡Ya basta! —lo interrumpió, papá. Susana lo observó con los labios entreabiertos, sorprendida. No esperó que nuestro padre levantará la voz ni que actuara de ese modo, menos que utilizará ese tono cuando se encuentra furioso. —Estoy siendo sincera. —admitió Susana, su tono se apaga. —La sinceridad no siempre será buena, porque es una forma de decir verdades, lastimando a las personas, aunque se cumple ese dicho que dice “La verdad duele”, es un acto cruel—declaró Alec, entrometiéndose. —. Si puedes ser capaz de dar sinceridad, espero que también puedas admitir tus errores. Susana me mira con una sonrisa ladeada, eleva su ceja, sin poder creer como todos están de mi lado. Me atraviesa con los ojos, pensando que así podrá conseguir lo que tanto desea, pero sigue fallando. —Eso no quita que sea una asesina. Tomo el dominio de los latidos de mi corazón, están acelerados a causa de la oleada que corrió en mi sistema. Muerdo mi mejilla interna y aprieto mis puños sobre la mesa, escuchando el sonido de mi respiración. Cuando siento que encontré mi centro y puedo manejarlo, abro los ojos. —¿No te cansas? —pregunté golpeando mi respiración con mi pecho. —Siempre queriendo ser el centro de la atención para ver si así puedes llenar esos vacíos de tu corazón, es por eso que decidiste ir en mi contra, porque es la única manera de ser mejor que yo. Suelta una carcajada, resuena en todo el salón. Cada uno de los presentes se mantienen excluidos de la discusión. —¿Por qué actúas como si no hubieras hecho nada? —su pregunta es solo una trampa para caer en sus deseos. —Aceptaste que hiciste lo correcto cuando cometiste un delito. —Si cometí un delito, ¿por qué fui absuelta de todos los cargos? —cuestioné contradiciendo sus palabras, si desea ganar esta disputa, tendrá que ser más astuta y vil. —Puedes saber de ley, pero a las finales no fuiste quien dio la sentencia. Fuiste una más del montón, deseando mi derrota, pero quien terminó derrotada, fuiste tú. Haber aprendido a utilizar sus palabras en su contra solo es un pasatiempo. —Ya fue suficiente. Ambas volteamos a verla. Mamá… Espere su intervención. Sé que estaba al tanto de cada uno de los movimientos de Susana, aunque al no detenerla solo me ha demostrado que sus pensamientos se asemejan al de ella y la puedo entender. Se ha esforzado en limpiar su nombre para no manchar su reputación, pero solo se ha hundido y cargado con las consecuencias de mi acto. Paga el precio de mi condena y se castiga con el odio porque no puede controlar el daño ocasionado. Reconozco que soy su elección, sin importar que le costara su profesión, apostó todo por mí; sin embargo, siento como pone una brecha entre nosotros, no se culpa a ella de todo lo destruido, me culpa a mí, y eso me confunde. Si desde un principio me culpaba, ¿por qué ayudarme? Puedo palpar su sufrimiento. Esas grietas en su interior la carcomen y la matan, como a mí. —Mamá… —susurró con agonía. —No necesitamos más problemas. —Sus únicas palabras no son el aliento para detener esto. Se traga cada una de sus palabras porque no desea desahogarse y demostrar que también me ve como culpable, a pesar de haber luchado por mi libertad y declararme inocente, muy en el fondo, me tilda como asesina. Quiero gritar que reaccione, pero solo agacho la cabeza. La he humillado y he permitido que la desprecien. Hice de su vida un infierno, obteniendo más sufrimiento. No tengo el derecho de reclamarle nada, solo ver cómo se miente a sí misma por más que la verdad esté frente a sus ojos. —¿Por qué lo haces? —me escucho preguntar, levanto la mirada. —No calles más. Estoy cansada de verte dudar y mentir, sé que puedes fingir, pero me harté—me sincero. —. Tomaste ese camino cuando nunca lo quisiste. —Helena… Sus ojos me observan con dolor y puedo darme cuenta de cómo se le va cayendo esa máscara que oculta la verdad, encontrándome con una dura realidad. Retrocedo la silla y me pongo de pie. —Preferiste perder todo con tal de salvar a tu hija, no me escuchaste y decidiste ignorar las consecuencias—Susana se vuelve a entrometer, mamá la mira. —. ¡Qué buena madre! Un golpe más profundo y doloroso Papá va a socorrerla al ver como tambalea. La sostiene entre sus brazos y se miran entre sí, hablándose con la mirada. Él trata de reconfortarla, la protege y le da estabilidad. No la suelta. Ignoro todo Camino en dirección de la salida, no tengo nada más que escuchar, si me quedo unos minutos más, causaré más desastre. Creo tener lo suficiente para empeorarlo todo. —Sigues huyendo como un cobarde. —Susana solo tiene ganas de provocarme. Freno mis pasos sintiéndome aludida. —Será mejor no seguir con esta conversación porque terminarás muerta. —mi autocontrol se esfumó, no tiene caso controlarme con ella. —Prefieres huir y no enfrentar las consecuencias de tus actos. —anunció sin contener su molestia. Su odio es más fuerte que su autocontrol. —¿Por qué te molesta tanto? —lo miré por encima de mi hombro. —Solo hago lo que tú hiciste —señalo resaltando uno de los tantos secretos. —. Tu maldad te castigará. Aún no sé cómo controlar esta situación cuando sé que jamás será capaz de asumir la responsabilidad porque es cobarde para enfrentar su realidad y saber que la perfección que aparenta solo es una ilusión creada para satisfacer su ego. —¿Maldad? —cuestionó. —¿Cómo puedo condenarme si estoy deseando el mal a la que cometió una atrocidad? —Un monstruo no puede reconocer sus acciones porque es incapaz de saber el bien y el mal. —Creo que es un acto justo para aquellos que infringieron la ley. Giro la mitad de mi cuerpo y suelto una risa burlesca. —¿Y cuáles son tus consecuencias? —interrogo. Ella capta la pregunta, no es necesario explicar a lo que me refiero. —Un acto justo es dejar de esconderse. Por unos segundos, retiene el aire en sus pulmones, dejando de respirar. Su mirada de pánico alarma al resto. —El silencio otorga, Susana. —se entromete, Margaret. —Es mejor ignorarla. —se excusa. —O solo no eres capaz de defenderte de mis palabras, una vez más. Contengo mi risa y sigo avanzando. La intriga es un arma que se utiliza cuando se desea desenmascarar a alguien, es una trampa para aquellos que son fáciles de caer y entrar en una profunda confusión. Y las personas que caen, encontrarán los sucesos de la trágica historia. Los secretos saldrán a la luz y las mentiras se desplomarán… Antes de salir del salón, miro por encima de mi hombro, en dirección de Susana. Le envió un cálido mensaje y una advertencia que no debe dejar pasar. Le doy una sonrisa distorsionada. Sabe a lo que me refiero, entiende con perfección el mensaje y puedo ver como se hunde en la desesperación. Retomo mi camino y salgo del salón, respirando con dificultad. Soy fuerte y valiente, un simple suceso no me derribará aunque haya perdido partes de mi alma, eso no me detendrá, tal vez el sufrimiento me consuma, pero no puede destruirme, mucho menos, arrebatarme la vida. No soy culpable, pero… Escucho pasos detrás de mí, sé de quienes se tratan. No han aprendido a ser discretos, tampoco a ocultar sus presencias. —¿Qué quieren? —mi tono no es rudo ni brusco, solo apagado. Me giro para observarlos. —Solo necesitamos saber si estás bien. —responden al unísono, Alec y Margaret. Cruzo mis brazos y niego con la cabeza —¿Quién es la hermana mayor? —Eso no te hace más consciente de cómo te sientes, la edad no define la madurez. —contestó Margaret, su respuesta es brillante y fría. Suspiro Ganarle una discusión es una tarea complicada. —Deben irse a la cama, mañana tienen escuela. —le hago saber. Margaret rueda los ojos y sigue su camino, mientras Alec se queda mirándome, como si de esa forma pudiera hacerme hablar. Me acerco y desordenó su cabello, haciendo que gruña. —No tienes que cuidarme. —Quiero hacerlo. —aclaró sin titubear. —Concéntrate en darme buenas calificaciones, eres un chico brillante. —le sonrío. Uno de sus puntos débiles es la ansiedad que le provoca cada problema. Ha tenido que lidiar con ello desde niño, a pesar de ser tratado por los mejores profesionales en esa área, no ha logrado mejorar del todo. —Sabes, las mentiras solo consumen el alma. Lo miro confundida. —¿Sigues pensando que eres responsable? —Alec no duda en preguntarme en mi momento vulnerable. —Solo sé que, es más probable ser miserable que feliz. —¿Por qué? El silencio invade cada espacio de mi vida, las grietas son expuestas y los vacíos son llenados con los sonidos ensordecedores, es como si aquella acción no produce nada en mi ser. —Porque he visto de cerca la muerte.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD