Helena Martín
La hipocresía seguirá alrededor de este ambiente hostil, debo lidiar con esto, por el momento; no siempre tendré estas situaciones, en donde, el cambio es repentino y confuso, es exagerado ver cómo están actuando, su tranquilidad me causa una profunda conmoción.
Es como si nada hubiera sucedido hace algunas noches, el conflicto no existe en estas circunstancias, sus sonrisas perfectas son las causantes de mi repulsión. Aparentar su perfección frente a esta clase de personas, solo me demuestra que no están del todo cuerdos para ser partícipe de un evento realizado para conmemorar a alguien que murió en mis manos.
Si quieren verme derrumbar están equivocados, no caeré, menos frente a este grupo, que desea mi muerte y caída. Sé que sus intentos de sonreír se desgastaran, no pueden mantener su postura por demasiado tiempo, no he pasado por alto el reflejo de sus expresiones; no pueden controlar cómo se están sintiendo, estar en este lugar les genera una desestabilización, pero no irán en contra de esta marea porque ocasionarán más oleaje, uno que por más esfuerzos de detener, intensifican todo.
Les conviene mantener la calma y no ocasionar un tsunami, porque arrasarán con cada área de su vida.
Atravieso cada uno de los salones y subo los peldaños de la escalera para no generar más problemas, si se dan cuenta de mi presencia, harán que este momento tan memorable se estropee, y me culparan, una vez más. Mis piernas me conducen a un lugar seguro y oscuro; quizá haber aceptado venir fue un grave error, pero arrepentirme no es un acto debatible, en esta situación.
A veces olvido lo sucedido al encontrarme sumergida en mi propia miseria, es como si nada hubiera sucedido, pero solo es una burbuja que me esconde de la realidad y me hace pensar en las posibilidades de mi acto.
Freno mis pasos
Las paredes siguen del mismo color y cada cosa está en su lugar, nada ha sido movido, supongo que es para recordar lo ordenado que fue en su momento. Su aroma y cada uno de los recuerdos siguen aquí, encerrados en esta habitación, donde por algunos años fue ese lugar que necesitaba para desquitar todo lo que sentía, mientras que en sus brazos encontré refugio y salida…
¿Qué nos sucedió?
Es una de las tantas preguntas que me hago.
Sostengo en mis manos una fotografía tomada cuando decidimos acompañarnos por el resto de nuestras vidas, es como si su recuerdo aún estuviera guardado en lo más profundo de mi ser y su voz es como un disco rayado en mis pensamientos. Cada noche me acecha.
No he derramado ni una lágrima desde aquel acontecimiento, porque sé que no merece mi compasión ni mi sufrimiento. Si hubiera podido hacerlo mucho antes, no lo hubiera hecho porque vivir con este remordimiento es difícil; pero me quedé quieta, sin hacer nada porque él tenía la ventaja y con una sola acción podía destruirme.
Mi ambición me costó mi vida.
Me arrebató cada pedazo de mi alma y yo le arrebaté su vida, un acto justo y vil.
No merezco recibir compasión, tampoco declararme inocente. Su sangre corre por mis manos y cada uno de sus gritos por mi ser; si quisiera ya me hubiera suicidado por los traumas ocasionados, pero ¿de qué vale desperdiciar mi vida?
Si esa noche las cosas hubieran seguido su transcurso y fuera yo quien estuviera en su lugar, puedo asegurar que nada hubiera recaído en sus hombros. Pero solo por ser mujer, me castigan por tal acto, cuando solo estaba salvándome de mi monstruo.
Vivimos en una sociedad en donde somos juzgadas por cada acto, e incluso vivimos atascadas en un mundo inestable y retrógrada.
¿Qué podemos esperar de las generaciones futuras? Si este mundo cada vez se sumerge en más oscuridad.
No me jacto de lo que hice, mucho menos, me alegro de su muerte. Solo me pongo a reflexionar lo ocurrido y todo lo que se está cobrando de mi vida, no es como si no estuviera pagando mi condena; por el resto de mis días viviré sabiendo que la persona que alguna vez amé, terminó muriendo en mis manos y no pude salvarlo, por más que intente hacerlo.
Pueden culparme de su muerte y castigarme por ser una asesina, de todas formas, me convertiré en la villana de una historia mal contada. Porque siempre en una historia hay dos versiones, y la mía es más desgarradora y cruda.
Si vivimos en un mundo realista y justiciero, entonces…
¿Dónde quedan todas esas mujeres que cada día mueren por feminicidio?
Si esa noche no me hubiera salvado, hubiera sido parte de ese grupo y mi caso también hubiera sido archivado, como muchos de los casos sucedidos alrededor del mundo.
Me declaro culpable
Pero merezco vivir sabiendo que la felicidad jamás llegará.
—Sé que me has seguido. —me escucho decir.
Giro, sin perder el equilibrio.
Me observa desde el umbral de la puerta y veo nostalgia en su mirada, es la primera vez que estamos a solas. No se atreve a volver sostenerme la mirada, parece que mi presencia le hace huir cada vez que tenemos la oportunidad de cruzarnos.
—¿Por qué estás escondiéndote? —preguntó.
No tengo la intención de responder su pregunta, decido ignorarlo y dejar la fotografía en su lugar. Necesito salir de este lugar porque no soportaré revivir otro recuerdo más.
—Debes salir de esta habitación, si llegan a encontrarte, será un problema más. —ordeno.
Volteo y lo veo más cerca.
—¿Estás bien?
Parpadeo, confundida.
—Pensé que no te interesa mi bienestar, ya que has actuado en mi contra. —comento pasando por su lado. Frenó mis pasos al sujetarme de mi brazo.
—Reconozco que no actúe como un buen hermano, merezco tu actitud y cada regaño dado, pero no soporto más, saber que no puedes vivir. —me mira a los ojos, su sinceridad sigue siendo agridulce.
—Alec…
—Lo siento, Hel.
Tira de mi antebrazo y me envuelve en un cálido abrazo. Su respiración se dificulta y escucho como llora en silencio, ocultándose. Palmeo su espalda y trato de no contagiarme con su tristeza, es mejor mantenerme fuerte y no derrumbarme.
Su llanto llega a su fin, luego de unos minutos.
No menciono ninguna palabra ni me molesto en acomodarme, mis brazos a pesar de estar cansados, se mantienen firmes. Logró oír como va calmándose y su respiración se llega a regular, pero no oigo ninguna palabra de sus labios, está quieto, como si ya encontró esa calma que puede aliviar su ser.
—¿Alguna vez reclamé por todos los malos momentos? —pregunté.
Escuché un débil “no”.
—No tienes porque sentirte culpable por como has estado actuando, estabas en tu derecho de enojarte conmigo por como arruine tu vida. —asumo mi responsabilidad, no tengo excusas.
—Aun así, debí apoyarte como lo hiciste en muchas ocasiones, no contradiciéndote en todo y haciéndote sentir mal.
Me separo y sujeto su rostro entre mis manos, me mira sorprendido con sus ojos hinchados.
—En muchas ocasiones tomamos decisiones que nos parecen correctas, que luego reconocemos que nos llevaron por el camino inestable, pero eso no significa que debamos arrepentirnos de las decisiones que tomamos, ya que de esa manera, aprendemos a madurar y a saber aprender de nuestros errores. Somos humanos, no robots.
Desplazo una sonrisa en mis labios, es una que transmite tranquilidad.
—No te arrepientas de tus decisiones.
—¿Así sean incorrectas?
—Pero cuando me refiero a no arrepentirte de las decisiones incorrectas, no hablo de robos, matanzas, participar de cosas ilícitas o hacer sufrir a nuestros padres; sino de decisiones que tomas en el transcurso de los años que te harán convertirte en la mejor versión de ti.
Sonrió.
—Eres grandiosa.
—Ni tanto —señaló con una sonrisa burlesca. —. Recuerda que tu hermana es peligrosa. —bromeo.
Frunce su ceño.
—No es gracioso—se molesta. —, pero ahora puedo entender porque decidiste tomar esa decisión. Tu acción no tiene justificación, solo puedo decirte que puedo comprender porque lo hiciste. Siento tanto no haber estado esa noche ahí.
Lágrimas se esconden en sus ojos.
Aunque no fue mi decisión que mi familia pagará esta condena, son parte de mi sufrimiento y castigo. Ellos no merecían vivir por esto, pero por acciones que no me corresponden, lo hacen.
Si de algo estoy segura, es que no podré reparar este dolor, jamás.
—Será mejor marcharnos, no deseo que nadie se de cuenta de mi llegada.
—No quiero que sigas huyendo.
Se aleja de mí, limpio sus lágrimas.
—Descuida, no tienes por qué preocuparte—transmito calma para no ponerlo más ansioso, necesito protegerlo de este caos. —. Tu hermana es fuerte y valiente, no importa lo que venga, si estás a mi lado, podré soportarlo.
Me da un asentimiento de cabeza
—Tienes razón—me sonríe, desordenó su cabello. —. Ahora me tienes a mí.
Desliza sus manos y me suelta, da un paso atrás. Toma mi mano.
—Estamos juntos en este camino.
Sus palabras me dan aliento para dejar todo atrás y empezar una nueva vida. Aunque no podré ser feliz, él sí lo logrará. Eso me reconforta.
La sonrisa en sus labios se borra y me mira con precaución, asustado.
—¿Todo…?
—Pensé que no podías ser menos descarada, pero ahora sé cuál es tu verdadero rostro. —esa voz.
Cierro los ojos
Mi cuerpo es receptor de un dolor agudo que recorre por mi sistema, cada órgano tiene un distinto impacto, pero la gravedad se intensifica en cada oleaje. Ese órgano en mi pecho, el que me mantiene con vida, se estruja por la intensidad, y siento que por unos segundos, se me paraliza, al escuchar cómo se acerca.
Los años pueden cambiar, pero esa sensación que se produce al sentir su presencia sigue siendo igual. No varía.
Intento no desenterrar cada uno de los recuerdos, sin embargo, cuando más siento su cercanía, el pasado me golpea y cada uno de los momentos, me abruma.
—Necesito que vayas con nuestros padres. —susurro. Me enojo conmigo misma por tener a mi hermano junto a mí, no quiero que atraviese esta situación, necesito mantenerlo al margen de todo.
Abro los ojos.
Niega con su cabeza, decidido a quedarse.
—No me iré. —me asegura, Alec.
—Alec, pueda con esto. —le doy un suave apretón.
Suelto su mano y respiro profundo, lista para enfrentarlo.
Ha pasado más de un año y nada ha podido cambiar entre nosotros, por más que intenté borrar cada uno de sus recuerdos, todo volvía.
Me doy vuelta
Nuestras miradas se tropiezan con torpeza y no sabemos cómo esconder lo que sentimos al estar frente al otro; es incomprensible esa sensación instalada en mi pecho, al verlo. No reconozco a aquella persona, no hay una sonrisa encantadora y amable, mucho menos, una mirada dulce. No existe.
Me golpeo contra la realidad
Aparto la mirada, con un dolor indeseable en mi corazón
Puedo entender porque ha guardado tanto resentimiento en su corazón, así como él entiende mi situación, pero eso no cambia la circunstancia en la que nos encontramos.
—Ve, Alec.
Mi hermano pasa por mi lado, dando pasos indecisos. Me siento aliviada porque no presenciará su agresividad ni violencia, es mejor así. Pero esa tranquilidad se acaba cuando veo cómo se interpone en el camino de mi hermano y lo sujeta del cuello.
Doy un paso, alarmada.
—Suéltalo.
Él me sonríe con malicia y aprieta más la camisa de mi hermano.
—No tiene nada que ver, Julián—le suplicó con la mirada. —. Suelta a mi hermano.
—Veo que si sabes controlarte—bramó Julián. —. Así hubieras mantenido la calma con mi hermano.
—¿Y dejas que me siguiera golpeando? —pregunté arriesgándome. —Estas diciendo que hubiera dejado que me matara—aplaudo. —. Bien hecho, Julián.
Su rostro se contrajo de furor.
Está en una encrucijada porque por más que intente defender a su hermano, no tiene los argumentos necesarios para ganar esta disputa.
—Ahora, suelta a mi hermano—ordené molesta. —. No hagas que vaya por ti.
—¿Y qué harás? —preguntó. —¿Me matarás?
—Al menos, siento satisfacción por haber hecho lo que la justicia no pudo. —mis palabras causan más disturbios.
Suelta a mi hermano y viene hacia mí.
—Vete, Alec—digo viendo como quiere ir en contra de Julián. —. Bajaré en unos momentos—mi hermano aprieta sus puños. —. No me hará daño—dirijo mi mirada a Julián. —, ¿verdad?
—Helena…
—Puedo protegerme, ¿no te lo he demostrado? —pregunté a mi hermano.
Suspira y sale de la habitación, dejándonos solos.
Julián sigue mirándome.
—Tu padre aún quiere matarme, ¿verdad?
—No es el único que quiere verte muerta. —declaró con determinación.
Me burlo en su rostro, soltando una carcajada.
—Mientes—digo, entre dientes. —. Si hubieras querido matarme, entonces no estarías teniendo una charla conmigo.
—No olvidaré lo que hiciste.
—Puedes olvidarlo o no, pero eso me da igual—levanto la cabeza sin temor de ser escuchada. —. Si quieres encontrar culpables de lo sucedido, culpa a tus padres por educarlo así.
—Ellos…
Detiene sus palabras cuando sabe que no puede contradecirme, estoy en lo correcto. Muerde su labio, disgustado.
—Engáñate a ti mismo—no me mira. —, pero sabes que hice lo posible para ayudar a tu hermano y jamás lo dejé porque pensaba que podía cambiar, ese fue mi error. —admito.
Paso por su lado, no hay nada más que decir.
Su mano captura a tiempo mi brazo con brusquedad, no pierdo el tiempo, tiró de mi brazo para salir de su agarre y marcharme, pero no puedo hacerlo, es más fuerte que yo.
—No eres una víctima.
Me acercó a su cuerpo y lo miro a los ojos.
—¿Entonces por qué tus ojos dicen lo contrario? —pregunté.
Su convicción tambalea y la inseguridad hace que dé un paso en falso. Puede mentirse, culparme, pero sabe la verdad. Él lo vivió en carne propia y no puede ir en contra de su experiencia. Aunque su moral se entrometa, su ética sobresale.
—No trates de manipularme.
—Mi intención no es hacerlo, me conoces—afirmo con tristeza y dolor. —. Nos volvimos dos desconocidos a raíz de lo sucedido, ¿pero te has preguntado cómo me he sentido? —cuestioné con mi voz temblando. —Al menos, ¿piensas en mí?
Apartó su mirada y me empujó, con fuerza.
Reconozco ese sentimiento de dolor, puedo asegurar que ambos fuimos los más afectados, y aunque una parte de nosotros ha de sentirse aliviado, no podemos seguir teniendo ese vínculo que nos une, por el bien de nuestras familias.
—No me arrepiento de haberte tenido en mi vida, Julián—las lágrimas amenazan por salir, son tan traicioneras que no me permiten contenerlas. Lo agridulce ya probado en el pasado, sigue siendo ese aguijón punzante, que si terminó sacándolo, la muerte me espera. —. Siempre serás aquel amigo que estuvo en cada momento de mi vida.
Lo miro, una última vez.
Quiero que me vea como lo hacía antes.
Quiero que se quede en donde pueda mirarlo.
Quiero que no huya de mí.
Quiero tanto… pero nada puedo.
Cuando me doy cuenta de que no dirá ninguna palabra, sigo mi camino, porque es momento de empezar una nueva temporada, lejos de todo este caos.
Por más que quiera quedarme justo en este momento, detenerlo por siempre, no puedo. Solo puedo aferrarme a los recuerdos vividos a su lado, ya que nunca me dejó ni se apartó de mí, siempre estuvo a mi lado, protegiéndome de todo.
Julián Kogler
La única persona que no se puso en mi contra, solo se mantuvo en silencio, esperando a que le diera la cara, y ahora que nos hemos visto luego de mucho tiempo, he decidido huir.
Por su bien
Abro la puerta, decidida a marcharme.
—Hele…—Sus palabras se quedan a medias porque está viendo lo mismo que yo.
Su padre está parado frente a nosotros, sus ojos se dirigen primero a mí, luego a él.
Ya sé lo que se avecina
No doy otro paso más, será en vano hacerlo porque no me dejará escapar. La última vez que me tope con Dereck Kogler fue el día del juicio, donde me declararon inocente. Y puedo asegurar que su mirada me estaba asesinando porque no podía creer cómo había dejado libre a la persona que asesinó a su hijo perfecto y favorito.
—Padre…
Dereck me obliga a retroceder y me hace a un lado, yendo directo a su hijo. Antes de que Julián pueda explicarlo, lo golpea, sin importarle que esté frente a ellos.
Agrando mis ojos, entumecida.
Aprieto mis puños para no explotar, me mantengo serena, a pesar de los gritos en mi interior. Nuestras miradas se cruzan y solo me pide calma, pero no puedo soportar ver cómo está abusando de su poder.
Julián termina la boca ensangrentada.
—Recuerda que es la mujer que mató a tu hermano, no la mejor amiga que compartió cada etapa de tu vida. —asevero con rudeza y soltándolo, la sangre cae por sus nudillos.
Se da vuelta
Lo observo
El miedo no me hace acobardarme, me da más fuerza para levantar la cabeza y enfrentarlo, pero la preocupación embarga por completo mi sistema, al ver como está herido Julián.
—No puedo creer que sigas viva. —mencionó con odio, el Sr. Dereck.
—Es una de los regalos del cielo por haber hecho justicia con mis propias manos. —le sonrió con descaro.
Está controlando su enojo, a pesar de que su ira nubla sus sentidos.
Julián me pide no provocarlo, pero no pienso quedarme callada, debo defender lo que es correcto y no dudar, porque el miedo no me ayudará a ir en contra de los agresores. Por más respeto que merezca, es un monstruo que creó a otro.
—Jamás fuiste lo suficiente para mi hijo.
—Y mire quien terminó muerto. —lo provocó.
No debo jugar con el dolor de otro, por más agresor que sea, merece misericordia. Respiro profundo, si doy un paso en falso puede utilizarlo en mi contra y acabar con mi familia, y no puedo.
Es mejor controlarme.
—Espero tenga una buena vida, Sr. Kogler. —digo con sinceridad.
Chasquea sus dedos, salpicando algunas gotas de sangre.
—¿Crees que puedes marcharte sin mi permiso?
Contengo mis ganas de golpearlo.
—Usted no es nadie para decirme lo que tengo que hacer. —respondo sin titubear.
Mira por encima de su hombre
—No entiendo cómo pudiste conseguir esta clase de amiga, ¿pero qué puedo esperar de ti? —dice con desprecio y eso me da más coraje. —Eres el hijo que no desee tener.
Suelto el aire
—Lamentable—murmuro furiosa, esa ira se intensifica. Doy un paso adelante. —. El hijo que no debió tener fue Leonardo, porque frente a usted, tiene a alguien que merece todos los aplausos y bendiciones. Es una pena que no sepa apreciar todo lo que ha hecho, solo porque no cumplió su sueño.
No me percato de sus movimientos por lo rápido que es, antes de poder retroceder y huir, ya tengo su mano contra mi cuello, agarrándome con fuerza. El aire se contiene en mi garganta y mis manos intentan separar sus dedos de mi piel.
Golpeo su brazo, no me suelta.
Su semblante es de puro odio, no tiene intenciones de soltarme. Sé lo que se le atraviesa en su mente porque estuve en su posición.
Mis ojos tropiezan con los de Julián
Solo puedo ver culpabilidad
Cierro los ojos sabiendo que no podré salir viva de esta situación porque por más que intente con todas mis fuerzas, no logro soltarme. El aire comienza a faltarme y puedo sentir el calor en mi rostro.
—Muere.
—Suéltala, padre.
Siento como el aire sale de mi garganta.
Toso con desesperación e intento inspirar aire, mi pecho baja. Mido mi pulso, aún es débil, pero es alentador saber que puedo respirar de nuevo. Miro en su dirección, Julián lo sujeta por atrás y con su cabeza me indica huir.
Niego
No puedo dejarlo con este hombre que es capaz de matarlo.
—Vete. —gritó Julián.
Abro la puerta, queriendo salir desesperada, encontrándome con su madre y hermano. Retrocedo espantada y temblorosa. La mirada de Ross, su hermano, me atraviesa y el dolor es igual a una espada de doble filo.
—Ross, no permitas que se vaya. —ordenó el Sr. Dereck.
—Ya es suficiente, padre. —escuche el clamor de Julián.
—No te entrometas, Julián. —pide su madre.
Estoy rodeada, sin escapatoria. Aunque logre sobrevivir, terminaré con graves daños, que ocasionara más sufrimiento a mi familia. Debí haber pensado antes de venir.
Elanne de Kogler me mira como si no me conociera, es como si nunca me hubiera considerado parte de su familia como muchas veces lo menciono, no es capaz de sostenerme la mirada por mucho tiempo y al hacerlo, solo encuentro dolor y decepción.
Es agonizante verla
Ese resentimiento y dolor causa estragos, esos que acaban con tu vida, poco a poco.
—Sr. Elanne…
—No te atrevas a mencionar mi nombre, no eres digna de…
—Basta, mamá. —pidió Julián.
Ella no dudo en mirarlo y darle esas miradas que te obligan a quedarte en silencio.
—Si alguna vez tuviste consideración y nos llegaste a apreciar, matate—suplico con dolor y rencor. Sus palabras abrieron un hueco en mi interior, es tan punzante que apenas puedo respirar. —. Así podré vivir sabiendo que la persona que mató a mi hijo, no está viviendo feliz.
La vista se me nubla y mi estómago se retuerce.
Doy un paso atrás, temblorosa. Buscando por todos los lados salida de este infierno, no puedo soportar más lágrimas que solo se deslizan por mis mejillas y suelto un sollozo que vienen desde el fondo de mi alma.
—Prefiero matarte con mis manos y así descansaré en paz. —me hizo saber el Sr. Dereck.
—Tendrán que vivir sabiendo que estoy viva y que lo que hice fue lo correcto. —Son mis últimas palabras porque no pienso morir este día.
Sus padres me acorralan y veo como Julián es sujetado por su hermano, mientras él grita que no me hagan daño. Le doy una sonrisa reconfortante para que no tenga miedo ni se desesperé, pase lo que pase, estaré bien. Pero no es suficiente para él, no detiene sus gritos que muchas veces su hermano cubre su boca para que no sea escuchado.
La puerta se abre de golpe
Todos dirigen sus miradas hacia esa dirección, encontrando a mi familia, junto a los detectives del caso, quienes lucen sorprendidos por ver como estoy acorralada. De inmediato, ingresan a la habitación a detener lo que están por hacer.
Mis padres ven que no tenga ningún rasguño, pero se encuentran con la marca de la mano del Sr. Dereck. Mi padre quiere reaccionar, lo sostengo del brazo, me mira y niego con la cabeza porque deseo que este caos acabe, ya no quiero más disputa.
Uno de los detectives se acerca a mí, mientras su otro compañero esposa al Sr. Kogler.
—¿Te encuentras bien? —interrogó el detective.
Le doy un asentimiento de cabeza.
—No levantaré cargos, así que déjelo ir. —le pido.
Mi madre ahoga un jadeo mientras mi padre me da una mirada severa.
—He tenido suficiente este día. —les hago saber.
Ambos ven el cansancio y dolor en mi mirada. Es insoportable saber que la familia que alguna vez me amó, ahora solo quiera matarme. Pero lo más doloroso, es entender que Julián y yo, jamás podremos volver a ser los mismos de antes, mucho menos, compartir un vínculo, ya que todo lo que fuimos en el pasado, tras el acontecimiento de su hermano, se rompió.
—¿Estás segura? —insistió el detective. —Intentaron matarte.
—Pero estoy viva, no tiene caso detenerlo porque a las finales moverá sus influencias para ser sacado y borrar cada uno de los sucesos, es lo que siempre ha hecho y ustedes se han mantenido callados. —revelo un hecho que hizo que dudara muchas veces en denunciar a Leonardo.
—Está bien.
Mis padres no están de acuerdo con mi decisión, pero al verme en un estado deplorable, no objetan nada, se mantienen en silencio, sosteniéndome. Una última vez, recorro la mirada por la habitación, viendo el rostro de cada uno de los presentes, arrancando cada recuerdo de mi interior.
A veces las personas que deseamos que permanezcan para siempre, se convierten en pasajeras y eso es doloroso, porque nosotros deseamos que sean eternas, y que nos acompañen en cada etapa de nuestras vidas, pero debemos aprender a soltar a cada persona que está de paso, por más que queramos retenerlas, es mejor dejar que sean felices.
Mamá me direcciona a la salida, doy un último vistazo a la habitación guardando cada recuerdo, y no se trata de la persona que amé, sino de la persona que siempre estuvo a mi lado, sin importar cuan doloroso fuera para él. Julián.
Lo miro
Y no lo pierdo con la mirada
Solo puedo asegurar que quizá en otra vida nos encontremos, es poco probable que el destino nos vuelva a unir, no después de aquel suceso atroz.
Si pudiera decirte adiós…