Ya está bueno de este guiso

488 Words
–Si Dios dice camina, caminamos; si dice descansa, descansamos; y si su Santa Voluntad es que caminemos descansando; entonces caminamos dormidos. –alzaba la voz el varón. Lea y Raquel oían a su marido e intentaban descubrir la razón que le movió a llamarlas hasta el lugar donde pastoreaba. Jacob andaba en círculos y extendía su monólogo restándole importancia al rebaño. –Ustedes han sido testigos del buen servicio que he prestado a su padre, y de mi tolerancia ante las muchas condiciones desventajosas con que carga mi cerviz. Sin embargo, Dios ha visto cómo ha pagado mi lealtad con añagaza; le ha quitado su ganado y me lo ha dado a mí. Si él decía, tu salario son las manchadas, entonces las ovejas parían manchadas. Entonces cambiaba las reglas y decía: las tuyas son las listadas, y nacían listadas. No soy yo sino Jehová quien le castiga. Ahora sus hijos dicen que yo lo he robado todo y él lo cree. Dios vino a mis sueños y me dijo que regresara a mi tierra nativa y mi parentela. Así que debemos juntar todo lo que tenemos y soltar el lastre que nos mantiene aquí. –Sólo una sierva a cada una nos dio por herencia –dijeron Raquel y Lea. Nos vendió caro y se disfrutó nuestro precio. Al engañarte nos desconoce. Así que iremos contigo. Porque toda la riqueza que Dios ha quitado a nuestro padre nuestra es y de nuestros hijos; ahora, pues, has todo lo que Dios te ha dicho. La caravana de Jacob era la de un hombre poderoso. Llevaba consigo rebaños, siervos y aparejos. Una larga fila de asnos y camellos trasportaba a sus esposas e hijos. Viajaba apresurado, preguntándose por qué debía fugarse en la noche como los ladrones. De igual forma había salido de su tierra veinte años atrás. Era el hijo de un próspero varón que tras su muerte le dejaría una buena dote. Pero en lugar de quedarse tuvo que huir, y terminó entregando los años de su juventud a un hombre mañoso, que se enriqueció de los frutos de su trabajo, que le engañaba y le traicionaba una y otra vez. Y cuando hubo por fin roto las a******s que le hacían esclavo, cuando conseguía la felicidad con dos mujeres que representaban su filosofía de la vida, cuando su alma había dado frutos y éstos se encadenaban uno tras otro como latidos de felicidad, cuando tenía una visión de la realidad que le permitía curvar el mundo y su alma para que armonizaran; entonces tenía que huir de allí y regresar a una tierra donde le esperaba un feroz enemigo, su hermano. Temor a la zaga y en pos del camino. No sabía cuánto tiempo le tomaría a Labán darse cuenta de su ausencia, ni cuántos espías tendría su hermano en las fronteras. Quizá estuvieran apostados allí desde el día que huyó a casa de Labán.
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