SAMUEL La vida siempre se ha encargado de demostrarme que por más malo que todo se ponga, finalmente puede haber una pequeña esperanza. Si yo pudiera resumir en una sola palabra la terapia psicológica que estoy recibiendo sería esa: Esperanza. Cada vez que me enfrento a mi psicóloga siento esperanza de poder salir adelante y de retomar la vida alegre y positiva que alguna vez tuve, esperanzas de que yo no esté tan roto como pienso que lo estoy y de poder liberarme de los demonios del pasado. Georgia Márquez me observa fijamente con una sonrisa, en espera de que yo hable y diga cómo me siento. —Estuve fuera de la ciudad unos días —le cuento. Ella me sonríe y hace un ademán con la cabeza para que continúe hablando—. Semana y media, algo así. —¿Vacaciones? —pregunta ella. Yo hago u

