Engaño La librería estaba tranquila, el ambiente impregnado con el aroma de los libros antiguos y el suave sonido de las hojas pasando. Elizabeth recorría las estanterías con calma, su mirada centrada en los textos que había reunido para las jovencitas que pronto formarían parte de la academia para institutrices. Ya hacía semanas que estaba al tanto de la situación de muchas de ellas, huérfanas, huidas o simplemente buscando un propósito más allá de las expectativas tradicionales que se les imponían. Sarah, su fiel doncella y colaboradora, la había acompañado, pero se había apartado para ir a comprar flores a la niña que a menudo le ofrecía para que decorara el salón de la mansión. La tarde parecía apacible y, por un momento, Elizabeth pensó que era un respiro bien merecido entre las mú

