La cena, San Francisco, California.
Llega la noche, Sean pasa sin ganas a buscar a su prometida para luego dirigirse hacia el restaurante donde comerán todos. No entiende por qué tienen que salir todos a cenar, si no hay nada que festejar, es lo que considera. Minutos después, todo cobra sentido cuando llegan al lugar y está rodeado de reporteros que de seguro Hailey y su madre les avisaron que estaría allí. Él trata de que su fastidio no se note y baja del vehículo, como todo un caballero, le abre la puerta a la chica. Cuando van a entrar, comienza el bombardeo de preguntas, las cuales el deportista ignora; sin embargo, la actriz intenta responder.
—Pronto, mi amorcito y yo daremos una rueda de prensa donde les daremos detalle de la boda, ¿no es así, amor? - él asiente fingiendo una sonrisa.
—Hailey, amamos tu vestido, ¿quién lo diseñó?
Pregunta una reportera notando el vestido corto, color rojo, muy llamativo de encajes. Nadie puede negar la belleza de la chica, Sean lo reconoce; aun así, ella no es suficiente para que toda su atención se vuelque hacia Hailey.
—Es de la nueva colección de Dolce & Gabbana - dice dando una media vuelta. —Tienes buen gusto, querida.
La reportera sonríe con complicidad, mientras que el jugador estrella de la NFL quisiera tener la habilidad de volverse invisible y escapar de allí. Un reportero lo nota, así que se dirige a él.
—Sean, ¿tienes algo que decir? Ganaste el superbowl ahora te casarás, ¿cómo te sientes al respecto?
—Bien, si nos disculpan, nuestra familia nos espera.
Toma del brazo a Hailey y la lleva hasta el establecimiento. Ya ningún reportero ni siquiera la actriz reaccionan a los desplantes de Sean. Todos se acostumbraron a la actitud de amargado que siempre tiene.
Adentro del restaurante, se encuentran su madre, su suegro y Johnny. También está su padre con su esposa. Robert decidió dejar a su hijo menor en el hotel para que no fuese expuesto ante las cámaras. Lucinda intenta sobreactuar para no visibilizar el recelo que siente ante la esposa de su ex. Ella llegó a asumir que solo durarían meses juntos, pero diez años después le demuestra que se equivocó.
—Hijo, qué bueno volver a verte. Nuevamente, felicidades por el triunfo.
Habla Robert dándole un efusivo abrazo a su hijo, al cual Sean corresponde encantado.
—Gracias, papá, aún no entiendo por qué no vinieron a la final - dice sin sonar a reclamo.
—Esa es mi culpa, no me sentía muy bien - habla Gina —Me alegra tanto tu triunfo, enhorabuena.
—Gracias, Gina, ¿y Sael? - pregunta por su hermano.
—Decidimos dejarlo en el hotel, las cámaras no son lo mejor para él - responde ella. Sean asiente.
—Qué gusto velo, señor Perry, Gina - saluda Hailey.
—El gusto es de nosotros, Hailey - responde Gina.
Robert solo le brinda una sonrisa de cortesía. El hombre está convencido de que su hijo solo se casará con la chica para complacer a su madre, no ve la hora de que Sean vuelva a ser el intrépido joven que se arriesgaba por sus convicciones. Él no sabe cómo lo hará; sin embargo, logrará que su hijo despierte.
—Bueno, vamos a sentarnos, hay mucho que platicar.
Comenta Lucinda, incómoda por sentir que la han dejado fuera de la cena. Todos van a sus respectivos asientos. Sean se sienta al lado de Johnny, quien de manera discreta le pregunta por la decisión que ha tomado. Este le comenta que piensa viajar esta noche para Atlanta e ir a la cafetería de Wanda, la tía de Savannah.
—¿Piensas ir esta noche? ¿Cómo te escaparás?
—Pensamos - dice mientras le sonríe a su madre, quien lo mira con intriga. —Tú vendrás conmigo. Aún no lo sé, cuando terminemos algo se me ocurrirá - le cuenta.
Luego de la eterna conversación sobre la boda que hubo entre Lucinda y Haley, por fin se terminó la cena. Robert se encuentra extraña la plática paralela que han mantenido su hijo y Johnny por toda la noche. Puede que su exesposa no lo viera de esa forma, sin embargo, él también conoce a su hijo y sabe cuándo trama algo.
Sabía de las intenciones de casarse con aquella chica de tez morena y cabellera rizada, como también era de su conocimiento que iba a terminar llevándolo a cabo. No obstante, lo que nunca dudó es que la madre de sus primeros dos hijos interfiriera en esa relación. Ella suele destruir lo que no puede controlar. Lamenta no haberla detenido, ahora su hijo parece un resentido, lleno de amargura, que denota arrogancia dondequiera que vaya.
Todos comienzan a despedirse. Robert observa cómo su hijo intenta escaparse de la mujer que se convertirá en su esposa. Así que decide intervenir y ayudarlo.
—Querida Hailey, no sé si te importaría irte con tu padre. Tengo algo importante que hablar con mi hijo y me gustaría hacerlo ahora.
Sean mira a su padre extrañado. Él no tiene la menor idea de lo que Robert lo hace para que él tenga la libertad de huir de sus obligaciones por una noche.
—Bueno, yo… - habla Hailey también confundida.
—No creo que sea lo adecuado, ellos tienen…
Lucinda intenta interferir con la propuesta de su exmarido. Ella también percibió que su hijo junto con su amigo traen algo entre manos y sospecha que no le gustará.
—Disculpa, Lucinda, pero no me dirigía a ti - esta reacciona molesta —¿Entonces, querida nuera?
—No para nada, puedo irme con papá.
La chica sale junto a su padre mientras que Lucinda intenta guardar su compostura. El hombre se acerca a su hijo para decirle:
—No sé lo que está pasando, pero algo me dice que es mejor de lo que está a punto de ocurrir en un mes. Haz lo que tengas que hacer y, por favor, considera si quieres pasar más noche como esta, ¿bien?
Habla Robert con la sabiduría que lo caracteriza. Lo único que quiere el hombre es que uno de sus mayores orgullos sea feliz. Sean lo mira y le regala una sonrisa.
—Gracias, papá.
—No me agradezca, Nicolás - suspira —Keyler, Sael y tú son mis hijos, mi vida. A Keyler le fallé, pero no pienso hacer lo mismo contigo - se dan un emotivo abrazo —Johnny cuida a mi muchacho.
Este asiente. Robert va al encuentro de su esposa, mientras que los caballeros se montan en el vehículo de Sean para dirigirse hasta el avión privado que no sabía si usaría. Aun así, lo mando a que esté listo ante un posible viaje. Luego justifica su ausencia, ahora su destino es Atlanta.
En la mañana siguiente, Atlanta, Georgia.
La cafetería de Wanda, tía de Savannah se encuentra cerrada de manera temporal, por medio de la remodelación que la mujer entiende que ya necesitaba su local. Su establecimiento se convirtió en el toque de queda de Roswell. Nadie pasa por la ciudad sin comer sus famosos sándwiches de atún. Sentada en unas de las mesas mientras está concentrada en una calculadora, sintiendo la necesidad de levantar la cabeza cuando percibe la presencia de una persona.
—No puede ser - tapa su boca —Pero si es Sean Perry, ¡por Dios! Mira lo enorme y guapo que estas, muchacho, la televisión no te hace justicia. Felicidades por otro triunfo - dice mientras lo abraza. Este corresponde.
Wanda luce emocionada, aun conociendo todo lo que pasó entre él y su sobrina, no puede ocultar su alegría al verlo. Sean siempre fue un chico muy atractivo; sin embargo, el hombre en el que se convirtió es otra cosa. Tiene un jean azul oscuro, con un simple t-shirt blanco, el cual pareciera que sus brazos romperán en cualquier momento. También usa zapatos deportivos, justo los de su exitosa colección con Adidas.
—Es un gusto volverla a ver, señora Wanda. Gracias por las felicitaciones.
—Nada de señora, tú solo dime, Wanda - le exhorta —Tienes mucho sin venir por aquí.
—Si lo sé, papá se mudó de la zona, y sabe que ya no tengo familia por estos lados - ella asiente —Espero no interrumpirla, veo que tiene mucho trabajo.
—Sí, decidí darle un nuevo aire al lugar. Pero ven, siéntate, cuéntame, ¿qué te trae por aquí? - le preguntó. Ambos se sientan en unas de las mesas de sitio.
—Sonará extraña mi petición, pero… - ella frunce el ceño confundida —Necesito comunicarme con su sobrina - Wanda agranda los ojos —No se preocupe, no pretendo hacerle daño, solo necesito hacerle una solicitud. Espero que comprenda que es algo personal.
—Entiendo, bueno, espero que tú entiendas que, antes de hacer tal cosa, debo cerciorarme de que ella quiera verte. Por lo que sé, las cosas no terminaron muy bien entre los dos - declara.
—Éramos muy jóvenes y… - evita decir lo que vio aquel día. Wanda desconoce el equívoco —Solo no funcionó.
Wanda mira a otro lado un tanto incómoda por la petición. Aun el atractivo castaño, de ojos claros, no sabe que tiene una miniversión de él mezclada con una hermosa morena de piel canela.
—Le tengo que preguntar, yo…
—Está bien, qué tal esto, yo le dejo mi número del hotel donde me estoy quedando. Sea cual sea la respuesta, usted llame, ¿sí? - ella asiente.
Sean se despide de la mujer y sale del lugar. Deprisa entra al vehículo antes de que sea reconocido por alguien y la prensa comience a acosarlo. En el auto, Johnny, que decido quedarse, le pregunta si tuvo éxito, pero este, con tan solo un gesto, le hace entender que no fue así. Por su parte, Wanda se queda pensativa, analizando si debería contarle a su sobrina, lo que acaba de ocurrir. Sin tener respuesta, decidió llamar a su hija.
Kendra se mudó a Santa Bárbara luego de recibirse de abogada, solo quería pasar una temporada con su prima, sobrino y abuela, no obstante, terminó gustándole el lugar más que cuando era una niña e iba a visitarlo junto a su madre. Mientras está en su oficina tecleando la laptop, escucha que su celular suena y, sin ver la pantalla, lo toma.
—Sí, mamá, ¿qué pasa? - responde.
Kendra tiene un rintong especial para identificar las llamadas de su madre, ya que después de mudarse esta lo hace constantemente.
—Ni te imaginas quién estuvo en la cafetería.
—¿Beyoncé? Ella llevará el renaissance tour en esta semana y…
—Sean Perry, la estrella de la NFL, el exesposo de Savannah y el padre de Nico. El muchacho estaba aquí buscándola - Kendra se queda sin palabras. — Cariño, ¿aún estás ahí? ¿Escuchaste lo que te dije?
—Mamá, ¿qué quería él?, ¿por qué fue a la cafetería?
Le pregunta a Wanda, mientras comienza a caminar por su oficina intrigada, por lo que su madre le acaba de decir. Han pasado diez años desde que su prima se fue de Atlanta, diez años desde que tuvo un hijo, un pequeño que no sabe quién es su padre; aun así, lo admira más que a nadie.
—Por lo que entendí, dijo que tienen que hacerle una solicitud a Savannah, no quiso decir nada más. ¿Qué piensas que estará pasando?
—No tengo la menor idea, mamá. ¿Qué le dijiste?
—Qué tenía que preguntarle si quiere volver a verlo, no quiero pecar de imprudente.
Kendra vuelve a quedar en silencio, creyendo que es el momento adecuado para que su sobrino conozca a su padre. Ama a Savannah, pero ella no puede negarle un padre al niño.
—Mamá, dile dónde está manda le la dirección.
—Cariño no creo…
—Mamá, tú mejor que nadie, debes de saber por qué lo hago. Nico no tiene que pasar por lo mismo que Savannah, él tiene un padre.
—Está bien, lo haré
Al colgar, Wanda de manera inmediata marca el número que le dio Sean. Este levanta el teléfono para luego anotar en una libreta la ubicación de su esposa perdida.
—Era la tía - este asiente—. ¿Dónde está?
—En Santa Bárbara.
—¿Santa Bárbara? ¿Habrá estado allá todo este tiempo?
—No lo sé, pronto podremos entender muchas cosas - dice mientras mira el papel entre sus manos.
Está sumamente confundido. Su ex no solo ha mantenido silencio todos estos años, sino que ahora vive en un país latino. Puede que no sepa que aún es la esposa de un multimillonario, pero tiene forma de vivir una vida extravagante. Aunque no sabe cómo vive aún ella en Santa Bárbara.
Sean le gustaría tenerle al frente y preguntarle: ¿por qué lo engaño?, por qué al final resultó ser lo mismo que todos le advertían, al menos su madre lo hacía.