«Una victoria más para el equipo de las panteras de San Francisco»
«Sean Perry se anota otro éxito, gana el superbowl».
Esos son dos de los tantos titulares con los que todo el universo amaneció, seguido de: «Pronto será la boda del futbolista y la actriz española». Ese acontecimiento es algo que ni la prensa ni su madre dejarán que él olvide.
La estrella del fútbol americano se encuentra en el gimnasio de su mansión, intentando desviar su concentración en algo más productivo que escuchar las quejas de su madre sobre su falta de interés en su pronta boda.
—Sean, ¿me estás escuchando? - le reprocha Lucinda.
—Sí, madre, te estoy escuchando. Solo que no entiendo qué tengo que ver con la escogencia del perfecto color de unos manteles de mesas - dice con aburrimiento.
—Deberías interesarte, es tu boda. Emiliano espera que todo salga perfecto.
Su madre le replica mientras cierra la gran carpeta que, ella y su querida nuera, se encargaron de armar junto con la mejor organizadora de bodas francesa. La prometida de Sean desea un estilo parisino, una ceremonia lo suficientemente romántica para que todos hablen de ella hasta la posteridad. La quiere comparar con la boda del príncipe Carlos y la princesa Diana; al parecer, la chica no conoce el trágico final de aquel suceso.
La semblanza nos muestra que no siempre una historia romántica termina en un, “fueron felices para siempre”. Romeo y Julieta son un gran ejemplo para citar.
—Madre, tú y Hailey elijan el color que crean el adecuado. Por favor, déjame entrenar - le dice, sintiendo molestia por la vacía conversación.
Lucinda, que no es tonta, sabe que su hijo no quiere a su prometida y solo se casa por obligación; sin embargo, la mujer tiene esperanza de que llegue a amar a la actriz, ¿por qué no lo haría? Hailey es rica, de una familia con linaje noble español y sobre todo sus rasgos físicos son perfectos, como si fuese una muñequita de porcelana. Ella se acerca a Sean y le dice:
—Cada día te pareces más a tu padre. Solo espero que empieces a cambiar tu actitud frente a esta boda, recuerda quién es tu suegro - habla en todo de advertencia.
—Mamá - Sean le responde en el mismo tono de voz.
Lucinda sale molesta del gimnasio. El joven profundiza en su mente que lo mejor hubiese sido parecerse a su padre. Fue muy inteligente al divorciarse de su mamá y empezar una nueva vida con otra mujer. Tener que escuchar sobre colores, decoraciones y no sabes cuántas cosas más, es lo más irrelevante para él en este momento.
Diez años atrás lo hizo, pensó en cada cosa que amaba quien se convertiría en esposa, para realizar una ceremonia inolvidable. Desde sus sencillos atuendos que usaron en el juzgado hasta su apasionada noche en un hotel. Sean aún tiene tatuado en su piel el aroma a vainilla y las caricias de la hermosa morena que por tan solo un día fue completamente suya. Perderse entre sus piernas para el futbolista fue la mejor experiencia de su vida.
Hizo muchas cosas ridículas por ella para luego darse cuenta de que se comportó como un imbécil enamorado del cual se burlaron. Sintiendo la rabia recorrer su cuerpo, Sean aumenta el ritmo en la máquina que utiliza para tonificar su espalda, intentando borrar la imagen de una chica de dieciocho años con una sonrisa que podría iluminar el mismo cielo.
—Te lastimarás si sigues con ese ritmo - dice Johnny, entrando al gimnasio, sin previo aviso.
—¿Estas son las horas de llegar? Pensé que acordamos a las 7 de la mañana.
Le reprocha mientras se levanta de la máquina para tomar agua y secar el sudor que peregrina su torso desnudo y tonificado. Mira su reflejo en el espejo para visualizar el tatuaje que se hizo en el pecho izquierdo hace cinco años, según él, bajo los efectos de cinco shot de tequila. Se trata de dos corazones flechados, haciendo alusión a la señal que él y Savannah compartían en medio del campo del juego. Se pone su franela para luego prestarle atención a su amigo.
—Hermano, tú eres el único que en vacaciones se levanta a las cinco de la mañana. Deberías agradecerme que llegué por lo menos a esta hora - se defiende.
—Me ayuda a no pensar en… algunas cosas.
Sean se arrepiente de lo que iba a revelar, aunque para Johnny, la expresión de su amigo no pasa desapercibida. En unas cuantas semanas el futbolista y la ex porrista cumplirán diez años de matrimonio. Claro que su amigo recuerda el hecho, pero termina diciendo:
—Si me imagino.
Johnny se sienta en unas de las máquinas simulando que se ejercita. La falta de sueño de su amigo está entre su antiguo amor o el erróneo casamiento que pretende llevar a cabo. Sean, cansado de que su amigo no termine de decirle que es eso tan importante que tiene que confesarle, se cruza de los brazos y pregunta:
—¿No tienes algo que decirme? Hace dos semanas que me dijiste que tenías que hablar de mi matrimonio, ¿qué pasa?
Johnny mira a Sean sin pestañear. No quería confesarle su gran hallazgo para no distraerlo de la gran final, sin embargo, el super bowl ya pasó, así que le toca revelarle lo que está pasando. Llegó el momento en que el deportista enfrente su pasado, antes de que la novia se quede sin novio.
—Estoy esperando, ¿qué pasa? - vuelve a hablar Sean, frunciendo el ceño al sentir el silencio de su amigo.
—No te puedes casar con Hailey - dice sin agregar más.
—¿Qué? ¿Me confesarás tu amor por mi prometida?
Le dice tratando de bromear, pero en el fondo le gustaría que algo así pasara y tener la excusa idónea para de detener toda la falsa de su boda. Muy dentro de él, reconoce que se está comportando como un cobarde.
—Me gusta que utilices el humor para aliviar tus penas, y no, ella no es mi tipo, ni el tuyo - concede. Sean no reacciona. —Duncan se comunicó conmigo, me dijo que, mientras organizaba el papeleo de la boda civil, en contra de que tu acta de divorcio no se oficializó de la manera correcta.
—¿A qué te refieres? - le pregunta confundido.
—A que aún sigues casado con Savannah, el abogado que hizo los trámites no completó los documentos como se supone que debería hacerlo.
Anuncia Johnny sin titubeos. Por primera vez, Sean se queda sin nada para decir. Su mente viaja entre el nombre de la chica que amaba y el hecho de que su amigo diga que aún están casados. Se supone que hace diez años su madre se encargó de divorciarlo.
—Pero… fue mi padre que…
—No, tu padre no fue el abogado que llevó tu divorcio. Tu madre eligió a otra persona, al cual, asumo, le exigió redactar acuerdos absurdos. - le muestra los documentos. —Hay cosas como que si Savannah se acerca a 5 metros, 5… - hace el número con sus manos —De ti, puede ir a la cárcel o, si llegara a hablar de ti y sobre su matrimonio, tendrá que pagarte una indemnización millonaria. ¿Sabes qué?, mejor léelo tú mismo.
Le pasa los documentos, este empieza a leerlo. Se sorprende porque él no vio nada de lo que está escrito allí; los papeles que firmó no tenían ningún acuerdo. Básicamente, le prohíbe a Savannah respirar. Algo que intrigaba al joven era que esta nunca hubiese hablado de él en ningún lado. Ella tiene pruebas suficientes para decir que era su esposa y venderlas por un jugoso cheque a cualquier revista. Tampoco la ha vuelto a ver, a pesar de merodear sin que nadie se dé cuenta por la cafetería de la tía de su ex, bueno, de su aún esposa.
—Léelo bien y piensa cómo vas a actuar, se supone que dentro de un mes te casarás. Por cierto… - Sean mira a su amigo. —En par de semanas cumplirás diez años de casado, felicidades. Nos vemos en la cena de esta noche.
Johnny se va, dejando pensativo al joven. Estás aún casado con Savannah era algo que jamás le hubiese pasado por la mente, menos que pronto cumplirán su décimo aniversario de casados. Es un hecho bastante bizarro, ya que para él, su matrimonio solo duró veinticuatro horas.
En ocasiones, se imaginó cómo sería su existencia si su apresurado matrimonio hubiese sido efectivo o si en ese día no hubiese descubierto las actividades de su actual esposa. ¿En realidad, su relación estuviera diez años vigente?, se pregunta. Ve todos los días cómo sus compañeros del deporte terminan divorciándose, muchos con tan solo meses de haberse casado. Hace mucho que la estrella de veintiocho años dejó de creer en el matrimonio.
Ahora le toca analizar cómo darán con el paradero de la joven mujer sin tener que exponer la verdad ante la prensa, prometida aún peor, su madre. Juzgando por los documentos que tiene en la mano, obviamente Lucinda no la quiere cerca y sería capaz de todo para alejarla nuevamente. Sean sale del gimnasio, pensando que quizá una ducha fría le ayudará a pensar mejor.
En la misma ciudad, pero del otro lado, se encuentran Hailey y su padre tomando té. Emilio es dueño de una importante empresa de cruceros española. Enviudó hace más de cinco años, sin embargo, eso no le ha impedido tener sus encuentros con cuantas chicas amantes al dinero se lo permitan. Solo tiene una debilidad y es su única hija, a la cual no duda en complacer en todos sus caprichos.
La madre de la actriz tenía lazos de sangre con la familia real española, ese es el motivo principal por el cual Emiliano se casó con su difunta esposa. No solo quería dinero, sino también estatus que otorga ser parte de la nobleza. Es capaz de desaparecer a cualquiera en este mundo que atente contra aquello.
Tiene el reconocimiento europeo, no obstante, los americanos suelen ser más orgullosos y no les interesan mucho los temas de la monarquía. A los estadounidenses no les importa si eres el viudo de una condesa; a ellos lo único que les interesa es saber cuánto dinero tienes invertido y dónde lo tienes invertido. Por eso adquirió acciones en el juego favorito de todos en Estados Unidos, el fútbol americano. Sobre todo en el equipo de su yerno, de esa forma pretende controlarlo y cumplir el deseo de su hija de casarse con él.
—¿Segura que todo está bien con Sean? Últimamente, lo veo muy distraído - le comenta Emiliano a Hailey.
—Bueno, es entendible, papi. Las últimas semanas han sido intensas en el juego. Lo bueno es que ya se terminó, ahora podemos planificar bien nuestra boda.
Trata de calmar los ánimos con su padre mientras mira la quinta revista de vestidos de novia. Puede que la chica sea superficial, no obstante, se da cuenta de que su prometido no está del todo entusiasmado por la boda; aun así, continuará. Utilizar la fama de Sean para catapultar su carrera en América no es lo único que Hailey quiere. El hombre alto, de fuerte apariencia e impecable físico, le encanta y no dejará la oportunidad de tenerlo todas las noches en su cama.
—Eso espero, no dejaré que nadie lastime a mi pequeña - sugiere.
—No será así. Bueno, papi, me iré. Aún tengo que ir al salón, quiero estar lista para la cena.
Emiliano se despide de su hija, esperando que su yerno, quien muestra poco interés en ella, no intente escaparse y dejarla antes de la boda. Nadie llega a la cima sin tener esqueletos escondidos en su closet, y sí, el señor de cabello cano se refiere a la muerte.