El Archivo Profundo

1515 Words
La oscuridad era absoluta. Durante varios segundos, Adrián permaneció inmóvil en la escalera, tratando de acostumbrar sus ojos a la falta total de luz. El silencio también era diferente allí abajo. No era simplemente la ausencia de sonido; era un silencio pesado, como si las paredes mismas estuvieran conteniendo algo antiguo. Respiró lentamente. —Bien… —murmuró para sí mismo—. Solo otro túnel extraño en otro mundo extraño. Intentó reír, pero el sonido se perdió en la oscuridad. El sello que Lira le había dado estaba frío contra su muñeca. Lo tocó instintivamente, como si pudiera recordarle que aún había alguien arriba esperándolo. —Más te vale seguir viva —susurró. Entonces ocurrió. Una débil luz apareció frente a él. No provenía de una antorcha ni de una esfera mágica como la de Lira. Era más bien un brillo tenue que parecía surgir de la piedra misma. A medida que Adrián descendía los escalones, pequeñas líneas grabadas en las paredes comenzaron a iluminarse una tras otra, como si respondieran a su presencia. El corredor se reveló lentamente. Era más amplio que el anterior, con paredes cubiertas de símbolos antiguos similares a los del santuario superior. Pero aquí estaban mejor conservados. Algunos incluso parecían recién tallados. Adrián pasó la mano sobre uno de ellos. El símbolo brilló con más intensidad por un instante. —Está bien… eso es definitivamente magia. Continuó descendiendo. La escalera terminó finalmente en una gran puerta de piedra. Era diferente a las otras que había visto. Esta no tenía grietas ni marcas de destrucción. En el centro estaba grabado el símbolo de una puerta abierta rodeada por un círculo. Adrián se detuvo frente a ella. —Supongo que este es el famoso Archivo. La puerta no tenía manijas ni cerraduras visibles. Solo el símbolo. Adrián recordó las palabras de la guardiana. "La memoria elige grietas, no certezas." —Genial… muy claro. Extendió la mano y tocó el símbolo. Durante un segundo no ocurrió nada. Luego la piedra vibró. La puerta comenzó a abrirse lentamente con un sonido profundo, como si enormes engranajes invisibles se estuvieran moviendo dentro de la montaña. Adrián dio un paso atrás mientras el espacio se revelaba. Lo que vio al otro lado lo dejó sin aliento. No era una simple habitación. Era una biblioteca gigantesca excavada dentro de la roca. Estanterías de piedra se elevaban hasta perderse en la oscuridad del techo. Miles de objetos descansaban en ellas: libros antiguos, tablillas de piedra, cilindros metálicos, frascos con líquidos que brillaban débilmente. En el centro de la sala había una plataforma circular rodeada por seis columnas delgadas. Y sobre esa plataforma flotaba algo. Una esfera de luz dorada. Adrián avanzó lentamente. —Esto… es imposible. La esfera se movía suavemente en el aire, girando como si estuviera viva. Cuando Adrián se acercó, la luz cambió. Se volvió más intensa. Un sonido suave llenó la sala. Como un susurro. —Registro… activado. Adrián se detuvo. —¿Quién dijo eso? La voz no parecía venir de ningún lugar específico. Resonaba dentro de la sala… y también dentro de su cabeza. —Identidad no registrada. —Cruce confirmado. —Resonancia detectada. Adrián levantó las manos. —De acuerdo, escucha… no sé qué es este lugar exactamente, pero no estoy aquí para romper nada. La esfera descendió lentamente hasta quedar a la altura de su rostro. La luz dorada lo envolvió. Durante un instante sintió una presión en la mente, como si algo estuviera explorando sus pensamientos. —Extranjero identificado. Adrián frunció el ceño. —Eso ya lo sabía. La voz continuó. —Vínculo con las puertas… activo. El corazón de Adrián dio un salto. —Espera… ¿qué? La esfera comenzó a girar más rápido. La luz se expandió por toda la sala. Y entonces las estanterías comenzaron a brillar. Miles de símbolos se encendieron al mismo tiempo. Imágenes aparecieron en el aire. Adrián vio ciudades antiguas, ejércitos marchando entre portales gigantes, criaturas enormes cruzando de un mundo a otro. Vio la guerra. Las puertas siendo destruidas. Guardianes cayendo en batalla. Y en medio de todo… una puerta distinta. Mucho más grande. Partida por el centro. La Puerta Primera. La imagen era tan poderosa que Adrián sintió que le faltaba el aire. —Eso es… La voz respondió. —Origen del sistema de tránsito. La visión cambió. Ahora la puerta estaba rodeada por figuras humanas. Pero no eran guardianes. Sus armaduras eran oscuras, más elaboradas. El símbolo que llevaban en el pecho era un círculo atravesado por tres líneas. Adrián lo reconoció de inmediato. —El Consejo Sombrío… La voz confirmó. —Primera fractura provocada. Adrián sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo. —Ellos empezaron todo. La esfera brilló con mayor intensidad. —Corrección: un m*****o del Consejo. La imagen se enfocó en una figura. Un hombre. Alto. Con una capa negra. Su rostro estaba oculto, pero su postura transmitía autoridad. La voz pronunció un nombre. —Maltherion. Adrián repitió el nombre lentamente. —¿Quién era? La respuesta llegó con una imagen nueva. El mismo hombre… pero esta vez vestido con la armadura de los guardianes. Adrián abrió los ojos con sorpresa. —No… La voz continuó. —Primer traidor. El aire de la sala se volvió frío. —Maltherion, guardián de las puertas, rompió el primer sello. La imagen mostró la puerta gigantesca fracturándose. Una energía oscura emergió de ella como una tormenta viva. Adrián sintió el peso de la revelación. —Entonces la guerra comenzó por culpa de un guardián. —Confirmado. La visión cambió una última vez. Esta vez mostró algo distinto. Un grupo pequeño de guardianes reunidos alrededor de un niño. Un niño que sostenía un pequeño símbolo de puerta. La voz habló con tono grave. —Protocolo de contingencia activado. Adrián frunció el ceño. —¿Qué significa eso? —En caso de fractura total del sistema… —se designa un Portador del Umbral. Adrián sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies. —No… La esfera descendió aún más. La luz lo envolvió completamente. —Resonancia confirmada. Adrián retrocedió. —No. No, no, no. La voz no mostró emoción. —Identidad reconocida. Un símbolo apareció flotando frente a él. El mismo símbolo que había visto en la profecía del santuario. La puerta rota. —Portador del Umbral identificado. Adrián sintió que el corazón le golpeaba el pecho. —No puede ser. La esfera habló por última vez. —Adrián Varela. La sala quedó en silencio. Luego llegó la frase que cambiaría todo. —Tú eres la llave que puede abrir… —o cerrar… —la Puerta Primera. Adrián se quedó inmóvil. Y por primera vez desde que cruzó el portal, comprendió algo terrible. No había llegado a ese mundo por accidente. Había sido traído. Porque el destino de todos los reinos… ahora dependía de él. El silencio en el Archivo Profundo se volvió insoportable. Adrián permaneció inmóvil frente a la esfera dorada, tratando de procesar lo que acababa de escuchar. Las palabras seguían repitiéndose en su mente como un eco que se negaba a desaparecer. Portador del Umbral. No podía ser cierto. —No… —dijo finalmente, negando con la cabeza—. Esto tiene que ser un error. La esfera flotante no respondió de inmediato. La luz dorada continuaba girando lentamente, iluminando las estanterías llenas de conocimientos antiguos. Adrián comenzó a caminar en círculos alrededor de la plataforma. —Escucha —dijo mirando la esfera—. Yo no soy ningún elegido. No tengo poderes. No sé nada de puertas mágicas ni de guerras entre mundos. La voz del Archivo volvió a escucharse. —Corrección: desconocimiento no anula designación. Adrián soltó una risa incrédula. —Claro… muy útil. Se pasó una mano por el rostro. —Entonces dime algo. La esfera descendió ligeramente, como si estuviera prestando atención. —Si yo soy la "llave", como dices… ¿por qué ahora? Un breve silencio llenó la sala. Luego aparecieron nuevas imágenes en el aire. La Puerta Primera. Pero esta vez la grieta en su centro era más grande. Mucho más grande. La energía oscura que emergía de ella parecía más inestable, como si estuviera creciendo. La voz respondió: —El sello está debilitándose. Adrián sintió un frío recorrer su espalda. —¿Qué pasa si se rompe completamente? La luz de la esfera parpadeó. Las imágenes cambiaron. Ahora mostraban mundos colapsando, ciudades siendo devoradas por una tormenta oscura que surgía del interior de la puerta. —Resultado probable: colapso del sistema de tránsito. Adrián frunció el ceño. —Habla claro. La respuesta llegó sin rodeos. —Los mundos conectados por las puertas dejarán de existir. El peso de esas palabras cayó sobre él como una piedra. Adrián respiró lentamente. —Perfecto… —murmuró—. Entonces no solo estoy atrapado en otro mundo. Miró la esfera con una mezcla de incredulidad y miedo. —También soy responsable de salvarlos. La luz dorada brilló con más intensidad. —Corrección. Adrián levantó una ceja. —¿Qué? La voz respondió con absoluta calma. —También podrías ser quien los destruya.
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