Ya había amanecido y Lía debía ir a trabajar, ella no habia descansdo en toda la noche pues alguien más estaba ocupando su cama y no tenía otro lugar en donde dormir.
Luego de haber limpiado las heridas de Leviatam termino muy cansada y no pudo evitar dormirse sobre una silla, recostada por una pequeña mesa del comedor.
El despertador que estaba programado para las seis de la mañana comenzó a dar aviso de que debía regresar a su espantoso trabajo, donde nadie la valoraba y solo la veían como una escoria de la sociedad.
Pero ella necesitaba generar dinero para seguir manteniendo un techo sobre su cabeza.
Lía era una mujer muy despistada tanto así que nisiquiera sé fijo si su uniforme estaba en condiciones para ir a trabajar. Ella solo fue al baño lavo su rostro y dientes, remojo un poco sus cabellos y luego se dirigió hacía su habitación para corroborar que su inquilino aún se encontraba bien.
Tomó su bolso de mano y se marcho, regreso por el mismo camino de todos los días, nisiquiera desvio su mirada para ver el lugar donde había encontrado a Leviatam.
Su cerebro solo estaba programado para llevarla hasta su trabajo y luego traerla de vuelta.
Ella siempre era puntual, y casi siempre llegaba antes que sus demás compañeros, incluso que su propio jefe.
Pero eso no era suficiente para que la valorarán en su trabajo. Lía era solo el asme reír de todos.
Era muy eficiente para cualquier área laboral, tal vez por ese motivo su jefe la despreciaba, quizás el se sentía inferior a ella y por ese motivo la maltrataba, aunque con sus demás compañeros era todo un servicial. Apesar de que ellos solo querían ver su cabeza rodando por el suelo, y en el fondo Lia conocía las intensiones de todos ellos pero eso no la llevaba a ser una mala persona.
Como de costumbre Lía llego a su trabajo, colgó su bolso y fue hasta la cocina para presentarse ante su jefe.
El se dio la vuelta y al verla con la apariencia que estaba alzó la voz al cielo y le dijo.– ¡¿Eres acaso sirvienta de los cerdos?!.
– No señor.
– ¿Por qué vienes a este establecimiento con esos trapos?.– Ella se miró y recordó que por alzar a Leviatam había ensuciado su único uniforme.– ¿A caso tengo cara de cerdo?.– Preguntó nuevamente el hombre.
– ¡Oh, Claro que no señor!.
– Entonces dime ¿A que se debe esto?.
Ella aún no podía decir que había encontrado a un hombre, pues nisiquiera sabía como se llamaba.
Su jefe se cruzo de brazo y dijo.– Estoy esperando una respuesta.
Lía bajo la mirada y cruzando sus dedos sobre su falda respondió.– Lo siento señor no volverá a suceder.
– ¡Pues claro que no, estas despedida!.– El la tomó de los brazos he intento echarla del lugar.
– ¡Por favor señor no me despida, necesito trabajar!. No tendré como pagar mi alquiler.
– Ese no es mi problema.– Grito enojado.– ¡Vete de aquí antes de que te eche como a un perro!.
Lía cayó al suelo de rodillas y tocando con su frente el piso suplico que no la despidiera.
Al su empleador le encantaba verla de esa manera, no era la primera vez que lo hacía, eso lo hacía sentir superior a ella. Con aquel gesto Lía solo le daba el poder de tratarla como a él le complaciera, y le hacía crecer su ego haciéndolo sentir dueño de su vida.
El la tomó del brazo bruscamente dejando marcado sus dedos en su piel y dijo.– No me tomes por idiota Lía, esta será la última vez que te perdono. ¡Ahora ve al baño y limpia ese uniforme!.
– Sí, señor.– Respondió ella, y corrió hasta donde se encontraban los sanitarios.
– ¡Tienes media hora para hacerlo!.– Volvió a gritar.
Mientras esto sucedía en la cocina, las personas que estaban esperando para ser atendida no paraban de reírse.
El lugar casi siempre tenía a los mismos clientes, solamente algunas veces tenían visitantes, pero era porque se habían perdido o no encontraban otro sitio para ir.
Esa mañana Lía tuvo que trabajar con su uniforme húmedo, de seguro eso le traería consecuencias.
Ella salió del baño y como de costumbre tomó el libreto y una pluma para poder anotar los pedidos de los que estaban allí.
Sus demás compañeros solo la miraban para expresar en sus rostro desagrado, la veían de lado y fingian que no la conocían.
Ella se paró en medio del salón y busco a quien atender, en la mesa ocho alguien levantaba la mano para que la atendieran.
Una mujer de edad no lejos de los sesenta la llamaba para que le tomara su pedido.
– Buenos días señora, ¿Que se le apetece?.– Ella le sonrió como lo hacía de costumbre.
– Hola querida, gracias por atenderme.– Respondió la mujer.
Lía le sonrió aún más y respondió.– Es un placer, ¿Que va a desayunar?.
– Me gustaría un café n***o sin azúcar, y talvez acompañado con algo dulce.
– De acuerdo. Enseguida se lo traeré.
Lía fue hasta la cocina y lo preparo personalmente, ella lo quería así pues está era la primera vez que alguien la trataba bien en ese lugar.
– Aqui tiene.– Dijo mientras colocaba el pedido sobre la mesa.
– Eres muy amable.
– Gracias. Por aquí le dejo esta masa dulce que lo he preparado yo misma, espero que le guste.
Cuando ella dejó el plato sobre la mesa, la mujer observó la marca que ella traía en su antebrazo.– ¿Que fue lo que te ha sucedido?.– Preguntó mientras la tomaba con cuidado.
– No es nada.– Ella quitó la mano de la mujer he intento ocultarlo con la suya.
– Lo siento no debí preguntar.
– Esta bien, si necesita algo más solo pídamelo.
– De acuerdo.– Respondió la mujer mientras la veía con pena.
No era la primera vez que Lía sufría violencia en ese lugar, siempre existía un cobarde que la maltrataba, aprovechándose de que ella jamás decía nada.
Pero apesar del mal inicio del día aquella mujer lo había solucionado con su calidez de ser humano.
Mientras todos desayunaban y en medio de eso surgía alguna conversación, dos sujetos ingresaron al bar repentinamente, era imposible de que pasarán desapercibido pues traían puesto una ropas muy llamativas. Eran robustos y al parecer de muy mal carácter.
Se acercaron a la barra y tomando asiento llamaron a Lía para que los atendieran.
A ella le pareció extraño pero sin resistirse se acercó y les preguntó que beberían.
– Traénos dos tragos de imediato.
Ella los miro muy extrañada y respondió.– Lo siento señor, pero no vendemos bebidas alcohólicas en este lugar.
Los sujetos solo la miraron muy serios y uno respondió.– Entonces Traénos café n***o.
– ¿Sin azucar?.
– ¿Tenemos cara de consumir azucar?.
– No...Claro que no.
– Traénos la orden.
– Sí señor...enseguida.
Lía tomó la cafetera que estaba del lado t*****o de la barra y cuando iba a preparar la infusión comenzó a escuchar sin poder evitarlo la conversación que aquellos sujetos tenían.
– Ese desgraciado debe estar oculto en algún lugar.
– ¿Que podemos hacer?. Ya lo hemos buscado por toda la ciudad.
– Debemos encontrarlo o ya sabes lo que nos sucederá.
Ellos hicieron silencio un momento como recordando de que en realidad les esperaba un final terrible si no cumplían con su misión.
Lía disimulaba que no oía nada y solo continuaba esperando que el café estuviera listo. Pero en el fondo deseaba que ese hombre al que ellos buscaban no fuera el mismo que estaba durmiendo en su cama.
La cafetera dio aviso de que ya estaba listo la infusión para que pudiera servirlo y llevárselo a sus respectivos dueños.
Ella coloco el liquido en dos posillos blancos y se los llevó poniéndolo enfrente de aquellos dos.
– Aqui están sus pedidos señores.
Ellos no le respondieron nada y continuaron hablando.
Lía queria saber mas sobre el tema y se quedó cerca de ellos para poder oír lo que decían, no era su costumbre hacerlo pero esta vez sentía que el tema le íncumbia.
– Hemos revisado por cada rincón de aquel lugar donde nos dijeron que había caído, estoy seguro de que no pudo haber ido tan lejos.
– Debemos encontrarlo y matarlo antes de que nos maten a nosotros.
Lía al escuchar aquello se asusto y soltó de su manos una vajilla que estaba limpiando dejándolo caer al piso.
Los sujetos la miraron y no pudieron evitar verla nerviosa. Lía sin darle importancia a sus miradas comenzó a limpiar todo el desastre que había provocado.
– ¡¿Que sucedió?!.– Preguntó su jefe desde el interior de la cocina.
Ella tomando todos los retazo en sus manos camino hasta el recipiente de residuo y respondió.– Lo siento, se me ha caído una vajilla, puedes descontarlo de mi salario.
– ¡Por supuesto que lo haré!. Ahora ponte a trabajar.
– Sí señor.
Ella pasó en frente de aquellos hombres nuevamente sintiendo que en el fondo ellos sabían algo sobre ella. La miraban como si la estuviesen escaneando, en ningún momento disimulaban que lo hacían.
La mujer de la mesa ocho levantó la mano llamando a Lía. Ella acudió a su llamado y la atendió.– ¿Le ha gustado su desayuno?.
– Sí querida estuvo muy delicioso. ¿Cuanto te debo?.
Lia miró la lista de precios y respondió.– Son trece dólares señora.
– Esta bien, aquí tienes.– Respondió poniendo veinte sobre la mesa.
– Enseguida le traeré su vuelto.
– No te preocupes nena, es para tu propina.
– No puedo aceptarlo.
– Oh...claro que lo harás, además tienes que reponer una vajilla. Sabes que tómalo como un agradecimiento por haber tratado con paciencia a esta vieja.
Lía sonrió y respondió.– Muchas gracias.
– A ti, volveré pronto por estos lugares.
– La estaré esperando.
Lía limpio la mesa que se había desocupado, tomó el dinero y regreso a la barra.
Mientras guardaba el dinero en la caja los sujetos la llamaron diciendo.– ¡Oye, traénos la cuenta!.
– Enseguida señor.
Ella camino muy nerviosa hasta ellos y dijo.– Son cinco dólares, señor.
– Aqui tienes.
Lía tomó el dinero muy lentamente sin mirarlos a los rostros, cuándo estaba por irse uno de ellos le preguntó.
– ¿Eres de por aquí?.
– No entiendo.
– Sí vives por la zona.
– Sí, señor.
– Sabes si han visto a un forastero por estos lugares.
– ¿Si ha venido por aquí?.
– No señor, no ha venido nadie extraño por aquí.
– ¿Estas segura?.– Preguntó casi intimidandola.
Ella tartamudeo un poco y luego se calmo.– Claro.
– Estamos buscando a un sujeto el cual tiene pedido de captura...
– ¿Por que?.– Quiso saber.
– Porque es un asesino, y no está bien de sus cabales, cualquiera que esté cerca de él corre peligro, incluso una joven como tú.
– No...no, no lo he visto. Además a estos bares no suelen frecuentar los extranjeros.
– De acuerdo, volveremos por si en algunos de estos días surge alguna novedad.
– De acuerdo.– Respondió Lía, mientras lo veía irse.
"No puede ser, tengo en mi casa a un loco asesino"...
Pensaba mientras veía como los sujetos se marchaban y no la dejaban de ver de una manera muy extraña.
"¿Y ahora que haré?...Tengo que sacar a ese hombre de mi hogar o acabarán conmigo por su culpa".
Ella estaba muerta del miedo, sentía que ahora si se había metido en un grave problema, aunque en realidad en el fondo no terminaba de creer que Leviatam podía ser un asesino y si lo era se ocultaba muy bien detrás de aquel bellos rostro que solo provocaba deseos denbesarlo a cada instante.