– ¡Lía!.– La llamó con voz de mando aquel sujeto que decía ser su jefe, despertandola de aquel transe en el que se estaba profundizando cada vez que pensaba en las consecuencias que tendría por haber ayudado a un hombre.
– Sí...señor.
– ¿Que haces ahí parada?. ¿A caso no tenemos trabajo?.
– Sí, enseguida voy.
– ¡Ahora!...– El sujeto continuaba gritándole, diciendo a la vez cada palabra fuera de lugar, pero esta era la primera vez que Lía no sentía nada al respecto, era como si en realidad no estuviese escuchando nada, ella solo lo veía mover la boca y las manos, gritaba tanto que su rostro estaba cada vez más rojo y las venas de la yugular parecía como si faltara poco para que explotara. Pero Lía no estaba intimidada por el, no está vez, ahora algo más le daba miedo y era provocado por dos sujetos extraños que en verdad parecían asesinos.
– ¡Oye!... ¿No escuchas?.
Ella lo miro como si no lo conociera, colocando un rostro de confusión ante él.
Enfoco su mirada en sus ojos y pasó por su lado dirigiéndose hasta la cocina para tomar nuevamente el libreto y la pluma, de regreso volvió a pasar muy despacio por su lado como si no le importara que el estuviera parado mirándola, enfurecido como nunca antes.
Lía no le dirigió la palabra y solo se fue a continuar con su trabajo, dentro de ella solo la consumía las palabras de aquellos hombres, pensaba en su seguridad y si hizo lo correcto en ayudar aquel hombre.
¿En verdad es un asesino?.
Se preguntaba una y otra vez, para su punto de vista, él aparentaba ser un buen sujeto, aunque si bien dicen "Las apariencias engañan".
En su trabajo el cuerpo de Lia parecía estar presente cumpliendo cada labor que debía hacer, pero si la mirabas fijamente era como si su alma había huido, ella tenía miedo y solo buscaba una respuesta para salir de aquella situación en la que se había metido.
"Tendré que hablar con la policía, ellos sabrán que hacer, sí eso hare".
Luego de tantas luchas internas había tomado la decisión de llevar a Leviatam ante la justicia y que fueran ellos los encargados de cuidarlos, de esa forma ella quedaría libre de cualquier problema que ese joven arrastraba con él.
Al momento de cumplirse las dos de la tarde, Lía tomó sus pertenencias y su pago para retirarse del lugar.
– ¿A dónde crees que vas?.– Dijo su jefe mientras salía de la cocina.
– A mi casa.– Respondió ella muy amable.
– ¿Y quien piensas que limpiara todo este desastre?.
– Mi horario ha terminado.
– ¿Dime, piensas irte y desobedecerme?.
– Hoy no podré quedarme para asear el lugar, tengo que regresar a mi casa.
Ella dio la vuelta para irse, dándole la espalda a aquel miserable.
– ¡No te atrevas Lía!.
Ella detuvo su andar, he inclinando una cierta medida su rostro respondió firmemente.– ¡Hoy no me quedaré!.
Todos los que allí estaban la conocían y sabían que ella jamás respondería de esa forma, quedaron asombrado del nuevo carácter de Lía, mientras miraban al hombre quedar con la boca abierta sin poder responder nada.
El sujeto miró a todos en el lugar y con el ego por el piso se adentro en su asquerosa cocina sin mencionar nada.
Aquel día, Lía camino con tanto afán que superó su propio récord, tal vez no había tardado ni siquiera media hora en llegar hasta su casa, era tanto el d***o de hablar con aquel sujeto que yacía dormido en su cama que no se dio cuenta la prisa que llevaba.
Llego hasta su alquiler, he introduciendo con cuidado la llaves en la cerradura intento no hacer ruido al momento de abrirla.
El lugar estaba en silencio, dejó su bolso en la mesa junto con sus llaves, y se dirigió con pasos sigilosos hasta la habitación donde supuestamente su huésped dormia. Pero al momento de encender la luz, el no se encontraba en la cama. Por un momento Lía suspiro profundo, el alivio habia regresado a su cuerpo, si el se había ido por su propia cuenta todo sería más fácil para ella.
Se acercó hasta la cama para poder quitar las sábanas y así poder lavarlas, eran las únicas que tenían y Leviatam las había destruido por completo.
Camino hacia el baño donde se encontraba su lavadora pero al llegar allí dio un salto de susto, estrujando con todas sus fuerzas aquellas sábanas sobre su cuerpo.
El hombre que ella había rescatado se encontraba tirado el piso de aquel baño.
Lía quedo inmuta ante el, sin saber que hacer, Leviatam estaba con los ojos casi abiertos, intentando poder levantarse pero sus fuerzas eran inútiles, cada vez que lo intentaba sus pies resbalaban y el caía al piso.
Al verla a ella, solo la quedó mirando como pudo, la recordaba, ella lo había salvado.
Lía seguía sin poder reaccionar, solo lo miraba con miedo recordando lo que aquellos sujetos le habían dicho, aunque en ese momento solo se veía como un pobre hombre que necesitaba ayuda.
Leviatam abrió su boca y con dificultad dijo.– Ayúdame...
Fue como el disparo de salida, Lía arrojó las sábanas al piso y corrió hasta el sin pensar en las consecuencias para ayudarlo.
Lo tomó por debajo de sus brazos y lo ayudó a ponerse en pie, ella quiso devolverlo hasta la cama pero el pidió ingresar a la ducha.
– ¿Quieres bañarte?.– Preguntó Lía.
Leviatam solo movió la cabeza, asintiendo que ese era su d***o.
– Está bien, haré lo que pueda.
Ella sabía que el no podría estar solo bajo el agua, así que una vez más tuvo que mojar su uniforme para poder ayudar a Leviatam.
Coloco shampoo en sus manos y pidió que el desendiera su cabeza, Leviatam solo obedecía sin sentirse avergonzado en ningún momento por aquella mujer que lo estaba viendo d*****o.
Lía aseo todo el cuerpo de él, menos sus partes íntimas aunque eran otros los deseos que pasaban por su cabeza en ese momento.
Lo ayudó a salir de allí, y lo sentó sobre el inodoro no sin antes cubrirlo con una toalla, el solo esperaba como un niño el siguiente paso que daría Lía.
Ella fue hasta donde se encontraba sus ropas y quitándose rápidamente todo lo que traía mojado coloco sobre su cuerpo lo que parecia ser una bata rosada, calzo sus pies y regreso junto a Leviatam, él seguía en la misma posición que ella le había dejado.
Tomó un secador de cabello que se encontraba detrás de su espejo, y lo enchufo para poder pasarlo por el cabello de Leviatam, el al verlo quiso quitarse para que ella no colocara eso sobre su cabeza.
– Tranquilo, estos es para secar tus cabellos, mira.– Ella lo encendió y lo paso sobre los suyos, demostrándole de esa forma que nada malo le sucedería.
Leviatam al ver que no era peligroso, accedió a que ella lo pasara sobre sus cabellos castaños.
Ella lo tocaba con tanta delicadeza, introducía sus pequeños dedos entre ellos y parecían como si estuviese tocando seda.
Leviatam la miraba mientras ella lo hacía, y mantenía su posición sin moverse para ninguno de los lados, así como ella lo había dejado.
– Bien, ya estas. Ahora debemos buscar algo para cubrir tu cuerpo, no puedes seguir así.
Lia lo ayudo a levantarse nuevamente y lo llevó hasta la cama, lo dejo sentado en el borde y fue hasta su ropero nuevamente para buscarle algo a su nuevo compañero.
Ella tomo una caja que estaba oculta en lo más profundo de aquel lugar, y lo llevó hasta donde estaba él.
– He guardo estas prendas por si algún día necesitaba vestir a un hombre como tú.– Sonrió.
Ella extrajo un jeans, una remera y una sudadera de aquella caja, luego busco un par de tenis y se lo acerco hasta los pies de Leviatam para medirlos, todo parecía ser para el.
– No te lo he dicho, todo esto solo te esperaban a tí.
– Gracias.
Lía lo miró sorprendida, era la segunda vez que en un solo día alguien le daba las gracias.
– No es nada.– Respondió emocionada.– Puedes solo o quieres que...
– ¿Puedes?.
– Sí, claro.
Ella tomo la remera y lo ayudó a ponerse, luego tomó el jeans y recordó que había olvidado algo fundamental, la ropa interior.
Presiono con fuerza sus ojos y sin decir nada volvió a escudriñar entre la caja y sin esperanza al final de todo encontró uno.
Leviatam al verlo, pregunto.– ¿Que es eso?.
Lía intento no reír de los nervios y respondió.– Es...para cubrir, tus...mmm, tus entre piernas.
– De acuerdo.– Dijo Leviatam, aunque le parecía inesesario aquel pedazo de tela.
Lía lo ayudó a vestirse sin mirarlo con frecuencia, cada vez que debía llegar hasta esas extremidades cerraba fuertemente sus ojos.
– ¿Puedes ponerte en pies?. Necesito subirte la cremayera.
El intento pararse pero sus fuerzas aún eran muy débiles, Lía lo ayudó parándose frente a él, Leviatam coloco sus brazos sobre ella para sostenerse, cubriéndola por completo con todo su cuerpo, mientras ella acomodaba sus prendas y subía el cierre de su pantalón un poco incomoda.
Lo ayudó a sentarse nuevamente, tomo uno de los calzados y lo introdujo en sus pies, una vez hecho se aparto un poco de él para verlo, y era tal y como ella lo había dicho, todas aquellas prendas solo estaba predestinados para el.
– Te han quedado perfectos.
– ¿Te parece?.– Dijo Leviatam mientras se daba una ojeada.
– ¿No te gustan?.
– Claro.
– Bien, espero que sí porque no tengo más.
– Sí me gustan mucho, nunca antes me había vestido así, me siento muy liviano.
– De acuerdo, iré a vestirme ya regreso.
Leviatam quedo en la cama mirando su nuevo atuendo. "Cuando regrese le hablaré a Miguel sobre estas prendas, nos será más fácil para movernos en las batallas".
El estaba fascinado con aquellas telas que cubrían su cuerpo, nunca antes los había visto."Aqui si saben cubrir sus cuerpos".
Decía una y otra vez, pero en medio de su apreciación algo extraño comenzó a su cederle, sentia como si sus tripas estuviesen devorandose unos a otros, de su interior un extraño ruido salía, parecía como si un león estuviese rugiendo.
Leviatam se torno al escucharlo y se inclino un poco hacia atrás para ver su vientre, Lía regresaba en ese momento de vestirse, al verlo asustado dijo sonriendo. – Tienes hambre.
– ¿Que es eso?.
Ella no paraba de reír.– Es cuando no has comido nada y tu estómago te pide alimentos.
– Jamas había escuchado ese ruido de mi estómago.
Lía se dio cuenta de que talvez él nunca había pasado hambre.
– Ven conmigo.
– ¿Donde vamos?.
– A la cocina, prepararé algo para los dos, también tengo hambre.
Ella lo sentó en aquella silla donde anteriormente se había quedado dormida, junto a su pequeña mesa.
Tomó un par de verduras y los coloco dentro de una cacerola, agregó agua y los puso a hervir, mientras picaba los demás ingrediente, Leviatam observó su antebrazo marcado.
– ¿Que te sucedió?.– Preguntó.
– ¿Perdón?.
El le señaló la marca en su antebrazo.
– Ah...eso, solo fue un problema laboral, no es nada.– Leviatam solo quedo en silencio mientras la observaba.– ¿Tú, como te sientes?.
– Estoy mejor.
– Ahora que lo pienso, te has recuperado rápidamente, ayer creí que morírias.
El no quiso responder a eso. Lía respeto su silencio.
Luego de un tiempo de espera la comida ya estaba lista, Lía tomó unas vajillas y lo sirvió, uno para cada uno.
– Bebélo, esto te dará fuerza.
Leviatam tomó la vajilla con ambas manos para tomarlo de esa forma.
– ¡Oye, no!...¿Que haces?. Te quemarás, con el cubierto.
Ella le entrego una cuchara en su mano, pero el solo la miraba como si no entendiera nada.
Lía tomó su cubierto y le mostró como debía hacerlo.– ¿Puedes hacerlo?.
Leviatam la imitó y logro hacerlo tal y como ella le había mostrado, al probar la sopa que Lía preparo quedo maravillado con el sabor de aquel líquido, lo tomaba con tanto entusiasmo que Lía terminó por creer que talvez se había equivocado al pensar que Leviatam jamás había pasado por necesidades, la manera en que consumía su alimento le daba que pensar. En verdad parecía que nunca antes había probado bocado.
Ella solo lo observaba y pensaba si en verdad él era aquel asesino del cual aquellos hombres le habían prevenido.
No podía ser verdad, de otra forma ya la hubiese matado, el parecía mas bien un simple joven perdido en aquella gran ciudad donde cualquiera que lo viera se aprovecharía de él.
Ella estaba segura de que existía otro tipo de historia detrás de él, y ella se moría por conocerla, aunque eso la ataba aún más a su vida.
Lía queria ayudarlo, y conocer de donde provenía, el no podía ser un mal hombre, no podía ser un asesino y ella debía demostrar su inocencia sea como fuera.