Mientras tanto por el aire volaban dos demonios que ocultaban su vuelo de los ojos humanos.
Solamente los seres celestiales podían verlos, y alguna que otras personas con la capacidad de hacerlo, aunque ya no habían muchas de ellas, pues cada vez que se enteraban de que un humano los veían, ellos se encargaban de eliminarlos.
Estos demonios iban a presentarse ante su líder, llevando consigo malas noticias.
El lugar donde este se ocultaba no era una cueva ni mucho menos, si no que se podría decir que era un edificio que se encontraba en medio de la ciudad, ante los ojos de todos.
Los demonios transformaron sus aspectos y se convirtieron en aquellos tipos que habían amenazado a Lía, entraron al edificio sin ser detenidos por los guardias, tomaron el ascensor y subieron hasta el último piso donde el gran jefe los esperaba. Una vez allí los que custodiaban la entrada de aquella oficina los detuvieron para anunciar sus llegada ante su jefe.
Una vez hecho esto les permitieron pasar, aquel hombre estaba sentado detrás del escritorio fumando uno de esos cigarrillos finos.
Vestía de traje gris, aunque no traía puesto su saco si no que cubría su camisa blanca con un chaleco a su medida que con el brillo de la luz parecía tener destellos.
Él al sentir que habían ingresado , dijo.– ¿Que tienen para mí?.
Aquellos sujetos de pararon uno al lado del otro, mientras colocaban sus palma por debajo de su cintura.
– Los escucho.
– Señor, no hay rastro de aquel sujeto.
– ¿Eso que quiere decir?.– Preguntó mientras cruzaba su pierna y giraba hacia ellos.
Con temor tragaron saliba y respondieron.– Lo hemos buscado por cada rincón de la ciudad y ni siquiera los humanos lo han visto.
El sujeto se paró haciendo temblar a los demonios y hacercandose a ellos lentamente los miro uno a uno.
– Eso quiere decir que han venido hasta acá para decirme esa basura.
– Señor...
– ¡Silencio!...¿Es que acaso quieren morir?.
– ¡No, claro que no!.
– ¿Díganme, han preguntado a todos en el lugar?.
– Sí señor.
– ¿A todos?.
– Así es lo juramos.
– Alguien tuvo que haberlo visto, no pudo tratarlo la tierra.
Uno de los sujetos hizo memoria y recordó la expresión de Lia y dijo rápidamente.
– Aunque hay una joven humana que parecía estar ocultando algo.
Su compañero lo miró sin saber de quien hablaba.
– ¿Recuerdas a esa camarera?.
Su líder solo los miraba esperando alguna respuesta concreta.
– No me importa de quien estén hablando, solo busquenla y ofrescanle dinero, si no quiere colaborar...pues hagan lo de siempre y traíganme esa información, ya.
–Sí, señor. Lo haremos.
– ¡Ahora fuera de mi vista, y no regresen sin esa información o lo lamentarán!.
El hombre los hecho del lugar prácticamente y volviendo a su lugar de inicio, prendió otro cigarrillo y quedo muy nervioso por no tener noticias de aquel ángel que venía a recuperar la espada de fuego.
Leviatam tenía una orden, y aquel sujeto sabía que no se detendría hasta aniquilarlo aunque ahora tenía la ventaja de estar en sus propios dominios, y suponía que aquel ángel estaría más débil que en otros momentos.
Los demonios regresaron a la ciudad donde Leviatam había caído, cerca del lugar quedaba aquel bar de mala muerte donde habían interrogado a Lía.
Mientras ellos regresaban con una nueva orden, Lía cuidaba de Leviatam dentro de aquel alquiler que solo Dios sabía donde quedaba.
Lía queria saber mas de la vida de su nuevo amigo, de donde venia, como se llamaba pero tenía miedo a que el se ofendiera con sus preguntas así que le permitió que terminara de comer su tercer plato de sopa y solo espero a que estuviera listo para hablar.
Ella lo miraba con tantos deseos de conocerlo que no se dio cuenta de que lo estaba viendo fijamente, eso hizo incomodar un poco a Leviatam, mientras él bebía el último sorbo de su almuerzo la observó a Lía viéndolo como una tonta.
Dejo el plato sobre la mesa y limpiando su boca con el dorso de su mano dijo.– ¿Que sucede?.
Ella al parecer no se había dado cuenta de lo que estaba haciendo y de un salto despertó de sus pensamientos.– Lo siento, discúlpame si te incomode.
– No, esta bien.
Pero Lía continuaba mirándolo como si no pudiera evitarlo.
Levaitam al verla nuevamente en ese estado Insistió en preguntar.– ¿Sucede algo?. ¿Por qué me miras de esa manera?.
– ¡Ah.. ! Lo siento, es que...
– Dime.
Lía sentía vergüenza al querer interrogarlo.
– ¿Que quieres saber?.– Dijo Leviatam mientras la miraba.
– Mmm...me preguntaba si tal vez quisiera decirme tu nombre.
El sabia que no podía revelar su identidad de esa forma sus enemigos lo encontrarían fácilmente para aniquilarlo.
El pensó por un instante intentando buscar algún nombre que le quedara bien.
– Sí no quieres decírmelo estará bien.
– Mi nombre es...
Pero las ideas no caían en su mente, Lía pensó que quizás el había perdido la memoria he imendiatamente preguntó.– ¿Lo has olvidado?.
– Es que yo, no...
– Esta bien, no te esfuerces, si quieres puedo darte uno hasta que recuerde el tuyo. ¿Que dices?.
El solo se sorprendió con la respuesta de ella.
Lía lo miró de un lado a otro y observando su rostro nuevamente sugirió.– ¿Líon, te gusta?.
– Cualquier nombre estará bien.
– Que bueno.
– ¿Tú, como te llamas?.
– Mi nombre es Lía.
– Se parece al mio.
Ella sonrió con mucha vergüenza pues talvez aquel sujeto podría pensar que lo hizo al propósito.– ¿Puedes cambiartelo si quieres?.
– No, Líon esta bien, me gusta." No me importa que nombre me de esta mujer, mientras nadie me reconozca estará bien".
– ¿Y...de donde eres?.
Leviatam recordó el consejo que le había dado el rey.
– Soy un soldado que viene del tercer cielo en busca de la espada de fuego que ha sido robada de manos de mi general el Arcángel Miguel.
Lía no podía creer las cosas que él estaba diciendo, en su rostro no demostraba ninguna señal de que estaba mintiendo, pero aquello era irrealista, jamás podría ser verdad, para ella nada de lo que estaba mencionando podía ser cierto.
Pero Leviatam continuaba hablando.– La espada debe regresar en manos de mi general o el equilibrio de los mundos desaparecerá.
– Ah...ya veo.– Respondió Lía sorprendida he incrédula por todo lo que estaba escuchando.
– Los servidores de aquel maligno me estarán buscando pues saben que iré tras ellos y os arrebatare de sus poderes la espada para llevarla nuevamente al nuestro reyno.
– Oye, y dices que tu eres un guerrero, entonces que hacías en ese montículo de tierra. Cuando te encontré no parecías nada de eso.
– Mi rey me quito mis alas y caí del cielo atravesando su atmósfera a una velocidad que no lo podía controlar, es por eso que aterrice en esas tierras.
– Claro, ahora lo entiendo todo.
Lía se puso en pies, tomó las bajiyas de la mesa y dándole la espalda pensó."Pobre, esta mal de la cabeza".
Por su parte Leviatam reconocía lo que el rey le había dicho, los humanos toman la verdad como mentira y la mentira como verdad. El se había dado cuenta de que ella no había creído ni una sola palabra de lo que había dicho, en el fondo eso sería mejor pues Leviatam se había dado cuenta de que Lía no era una mala persona y no quería que por su culpa sus enemigos la hicieran daño.
Lía apesar de ser una mujer incrédula había sido la única que lo ayudó sin conocerlo y sabía que en ese mundo no todos eran así.
– Debo advertirte que no puedes decirle a nadie que me has encontrado o irán también por tí.
– Claro, claro no te preocupes, no le diré a nadie que un ángel esta en mi casa.
"Tendré que llevarlo a un hospital, era muy bueno para ser cierto".
Cuando ella acabó de limpiar los sastres observó que Leviatam se veía un poco cansado así que le sugirió.– ¿Quieres que te lleve a la cama?.
Él aún no se había recuperado del todo así que no se negó a la propuesta de Lia, ella lo tomó de un brazo y lo ayudó a llegar hasta su habitación.
Lo ayudó acostarse, quitó sus calzados y acomodó una almohada debajo de su cabeza.
– ¿Estas cómodo?.
– Sí, gracias. ¿Donde dormiras tu?.
– Pues tal vez en la cocina.
Ella también se veía muy cansada, Leviatam sintió pena por ella, era algo que nunca antes lo había tenido.– No hagas eso, dormiré en ese lugar y tú quédate en esta cosa.
– ¡No, por favor!. Prefiero que te recuperes, tú solo quédate ahí.
– Pues entonces compartamos esta cosa, descansa aquí y prometo que no te molestaré.
Ella rasco su cabeza y pensó que tal vez no sería mala idea.– Esta bien, después de todo estoy tan cansada que dormiré hasta el otro día.
Se acostó al lado de Leviatam acurrucandose como un bebé, ni siquiera apagó las luces, sus ojos solo querían cerrarse y no volver abrirse hasta dentro de un par de horas.– Descansa.
Fue lo último que le dijo antes de quedarse dormida profundamente, él al verla cerrar sus ojos solo se dejó llevar por el sueño y no recordó el momento en que había anhelado tanto descansar.
Sabía que luego de esa noche su cuerpo se recuperaría por completo y podría marcharse a cumplir su misión, dejando a Lía que retomara su vida sin tener que cuidarlo a él nunca más.