UN MAL DIA NUEVAMENTE

1757 Words
– ¡Ay no puede ser!...¡Mira la hora que es, debo irme!. Luego de quedarse dormida Lía olvidó activar el despertador, y se había quedado dormida, a fin de cuenta se encontraba muy cansada y era inevitable que se durmiera. Ella fue corriendo hasta el baño y recordó que tampoco había tendido su uniforme, ahora aparte de sucio se encontraba húmedo y con un olor a moho horrible. Sin importarle que luego le doliera la panza se vistió con aquellas telas mojadas, dio un vistazo a Leviatam para ver si se encontraba bien y se marchó. Nisiquiera le había dado el tiempo para tomar su bolsa donde siempre guardaba sus llaves. El camino era bastante largo y sabía que esta vez le tocaría correr, pero pensó que quizás por esa vez estaría bien tomar un atajo evitando de esa manera ir por el camino donde había encontrado a Leviatam. Su jefe estaba que largaba humos por la nariz, solo pensaba en gritarle al momento que la viera atravesar la puerta, su rostro solo expresaba deseos de desquitar su ira con alguien, a él nisiquiera le importaba que otras veces Lía haya sido la única que siempre estaba puntual en su puesto, el solo queria gritarle y hacerle saber que estaba muy enojado. Pero aquel dia algo extraño iba a suceder, no solo el la estaba esperando, también aquellos hombres que la habían interrogado anteriormente. Esperaron a que el bar se abriera y entraron en busca de Lía, ellos tenían miradas amenazantes y estaban dispuestos a conseguir lo que querían, y al ver el interior de aquel hombre se dieron cuenta de que podían contar con el. – ¡Oye!.– Le gritaron. Este se acercó mirándolos de arriba hacia abajo y sin temor respondió.– ¿Que quieren?. – Buscamos a esa niña que trabaja aquí. – ¿Para que la buscan?.– Respondió mientras limpiaba la barra.– ¡Ah!.. eso no me importa, de todos modos no ha venido a trabajar. Los sujetos se miraron como si concordaran lo que iban a decir.– Queremos saber donde vive. – No se con exactitud, ella no me ha comentado nunca donde ubicarla, nisiquiera sé su verdadero nombre.– Sonrió.– ¿En que esta metida?. – Es algo personal. – De acuerdo, si la van a esperar deben consumir algo. – Cafe sin azúcar. Por otro lado mientras ellos bebían su infusión, vieron entrar por la puerta trasera a la joven que habían esperado casi una hora. Ella sin enbargo no les presto atención y fue corriendo hasta donde estaba su jefe. – Señor...le pido perdón por llegar a estas horas. Él estaba preparando unos pedidos cuando la escucho.– ¿Por qué vienes a estas horas Lía?. – Yo...me quedé dormida, le juro que no volverá a suceder. Él se dio la vuelta para verla de frente, y viéndola toda sucia frunció su frente y la miró con despreció.– ¿Que no te he dicho que no vuelvas con esas fachas a trabajar?. Lía sentía vergüenza de su apariencia pero no podía esconderlo pues ya no era solo la suciedad, sino también el olor a húmedo que impartía. – ¡Maldita niña asquerosa!. No quiero verte largo de mi vista, ponte a trabajar. ¡Ahora!... – Sí señor, ahora mismo. Lía salió como un rayo de la cocina y tomando su libreta y pluma intento dirigirse hasta donde se encontraban los clientes, pero al verla aquellos sujetos la llamaron inmediatamente. – ¡Tú, niña, ven aquí!. Ella los reconoció y no pudo disimularlo, se acerco hasta ellos ocultando el miedo que le provocaban y retomando el poder de su voz respondió.– Sí, que se les ofrece. – Tenemos un par de preguntas para ti. Ven aquí. – ¿En que puedo ayudarlos?. – Mira tenemos una recompensa para quienes nos den alguna información sobre aquel sujeto que andamos buscando. ¿Dime, lo has visto?. – No, ya se los he dicho que no. – ¿Estas segura?. Tal vez la cantidad que tengamos en esta chequera te haga recordar. Uno de los sujetos introdujo la mano dentro de su bolsillo y sacando difultuosamente el dinero lo puso delante de ella para poder convencerla. Pero a Lía eso no le importaba, pues había llegado a la conclusión de que su nuevo amigo no era nada de lo que ellos les habían mencionado. – ¿Dinos, te acuerdas de alguna cosa ahora?. – Señores, no he visto nada, y tampoco conosco al sujeto del que están hablando, ahora por favor déjenme trabajar o harán que me despidan. Lía les dio la espalda y se marchó, pero fue inevitable que ellos se dieran cuenta de lo nerviosa que se sentía, además ella traía impregnada sobre sus prendas un olor particular que solo los sobrenaturales podían sentirlo. – ¿Que sucede?.– Preguntó uno de los sujetos al verlo aspirando el aire. – Ella miente. – Lo sé, esperaremos hasta que salga y la haremos hablar. Los sujetos pagaron lo que habían bebido y se marcharon haciéndoles creer que ya no volverían. La forma en que la veían al irse hizo sentir en la piel de Lia un escalofrío que recorrió todo su cuerpo llegando hasta la sinficis pubiana. Lía trato de concentrarse en su trabajo mirándolos disimuladamente, espero hasta que subieran a su vehículo y se marcharán lejos de su vista. Su corazón parecía alterado, tanto así que sentía como corrían con fuerza por sus venas. – "Niña"..– Escucho de fondo, pero no entendía de donde provenía la suave voz.– "Niña, aquí estoy".– Volvió a escuchar. Recorrió con su vista hacia cada rincón del bar, y allí en la mesa ocho estaba nuevamente aquella mujer que había sido tan amable con ella el día anterior. Lía al verla se acercó hasta ella he intentando tranquilizarse dijo.– Hola señora, ¿Cómo se encuentra?. – Bien, pero tu pareces estar en problemas. Lía sonrió para evitar más preguntas.– No, claro que no, estoy muy bien. ¿Que tomará el dia de hoy?. – ¿Estas segura?. Porque no regresas a tu casa si te sientes mal. – ¡Oh no, no puedo hacer eso!. Necesito trabajar, usted no se preocupe que estoy bien. La mujer se dio cuenta de que ella no hablaría, así que prefirió dejarlo de lado y encargar una vez más lo que había tomado el día anterior. – Con mucho gusto se lo traeré. Lía fue hasta la cocina a preparar nuevamente tal y como lo había hecho el día anterior, pero cada vez que iba a ser algo aquellos hombres venían a su mente, parecía como si ellos lo estuvieran provocando. – ¿Por qué estas tocando mi cocina?.– Una de sus compañeras la atacaba. – Lo siento, solo tengo un pedido especial, lo termino y me marcharé. – ¡No quiero que una sucia como tu esté aquí adentro!. Lía solo la miró y volvió a repetir.– Acabo con esto y me marcho. – ¡Te dije que te fueras!. Su compañera la tomó de las manos mientras está intentaba colocar un preparado en el horno, Lía no pudo defenderse es así que apoyo la piel de su antebrazo sobre las velas del horno y estas la lastimaron probocandole una quemadura profunda. El llanto y el grito fueron inevitable, tanto así que su jefe acudió a toda prisa hasta la cocina. – ¿Que sucedió?.– Dijo eufórico. – Pues esta idiota se quemo. Lía no paraba de llorar, pues la quemadura parecía no solo estar en el antebrazo, el dolor le recorria por toda la piel. – ¿Lía, que sucedió?.– Preguntó mientras la observaba indiferente. Ella miró a su compañera y esta no mostraba ninguna culpa o arrepentimiento en su rostro, noto que jamás le darían la razón a ella, así que prefirió callar y no culpar a nadie.– Lo siento, estaba distraída y me queme. El hombre miró a la otra mujer por un instante sabiendo que no era el unico que maltrataba a esa pobre inocente, luego dijo a Lía.– Ve al baño y hasta curaciones, allí encontrarás el botiquín de emergencias. Y Lía...ya deja de ser una tonta. Ella fue hasta el baño, busco detrás del espejo y encontro lo que su jefe le había dicho, colocó algunas cremas para quemaduras sobre la herida y la cubrió con vendas. Tomó asiento sobre el hinodoro y sosteniendo su mano solto algunas lagrima de cansancio. Ella ya no queria seguir asi, soñaba con el dia en que ya no tuviera que soportar a personas como ellos maltratandola. Pero ese dia parecia tan lejano, por el momento solo tenia ese misrable trabajo y un muribundo que la esperaba en su pequeña casa. Ella sabia que aunque no estuviera haciendo mucho por ayudar a Leviatam el universo o lo que fuera en algun momento le devolverian el favor. Es asi que tomo aire fresco, y expiró dejando que toda amargura quedara fuera de ella y se marchó soportando el dolor que parecía comerla. Se dirigió hasta la mesa ocho fingiendo una sonrisa y dijo.– Señora le pido disculpa pero no he podido prepararle la masa dulce. Pero le he traído unas rebanadas de tartas que preparan mis compañeras. La mujer miró los ojos de Lia que parecían estar suplicando, luego desendió la mirada hasta su antebrazo y horrorizada respondió.– Muchacha, ¿Que te sucedió?. – No es nada.– Respondió he intentaba cubrir su herida. – Dime, ¿Te tratan mal aquí?. – ¡No, claro que no!...Yo solo fui descuidada, no se preocupe. – Mira quiero que te sientes conmigo un minuto. – Lo siento señora pero no puedo hacerlo. – ¿Por qué?. Mientras tu trabajas en estas condiciones tus demás compañeros conviersan sentados. ¿Por qué tu no lo haces?. – Ellos pueden hacerlo, pero yo no. Yo necesito este trabajo, y si me quedo sentada perderé también las propinas. – ¿Cual es tu nombre?. – Lia. – Lia, me creería si te digo que no te despediran. – No por favor, no me obligue y permítame seguir trabajando. – Esta bien puedes irte, y tranquila que la propina será buena. – Gracias. Lia se marchó y continuo trabajando el resto del día, solo esperaba que aquellos hombres no volvieran por ese lugar porque si así fuese, ella ya no podría volver allí, no hasta que Leviatam estuviera completamente sano y pudiera marcharse.
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