La lluvia había cubierto por completo cada rincón de la ciudad, el aroma a tierra mojada se infiltraba por las fosas nasales de los humanos, provocando una sensación extraña dentro de ellos, como un d***o de poder probar un bocado de ese suelo mojado y que de esta forma las papilas gustativas la filtraran lentamente hasta sentir en cada extremo de la mandíbula un gusto saciado.
Pero el día los había alcanzado nuevamente y el amanecer les imponía que despertaran para seguir su siguiente camino. Leviatam había logrado descansar, sintió como cada musculo de su cuerpo se encontraba relajado, a pesar de no poder moverse con libertad sobre la cama en toda la noche y todo este sacrificio para no incomodar a Lía.
- Hermano…- La voz de Cassiel lo despertó completamente.
Leviatam dio un giro completamente que de tal apuro cayo en el suelo como un hombre torpe.
- Cassiel.
- Tranquilo, solo quería que supieras que la lluvia aun no ha cesado, pero tengo información que podrá interesarte.
- Colocare estas cosas en mis pies y te alcanzare en la cocina.
- Bien.
El ruido ni siquiera alerto a los reflejos de Lía, ella aun no despertaba, pero Leviatam pudo notar que su semblante había mejorado y eso lo dejo un poco tranquilo.
La miraba mientras calzaba sus pies, él no notaba que la miraba como un bobo, como si no tuviera control de sus gestos faciales, sacudió sus manos, y se acerco hasta ella para acariciar su cabello, algo lo impulso a hacerlo.
¿Por qué eres tan especial? ¿Qué has hecho para entrar en mi pensamiento? Me estoy volviendo vulnerable y tú tan fuerte, soy un apasionado por ti y eso no me gusta, ya déjame por favor…
Se aparto de ella y mirándola por última vez fue hasta donde Cassiel lo esperaba.
- Ah, Leviatam ¿Cómo has dormido?
- Bien, gracias y tú.
- No dormí nada.
- ¿Y eso?
- Fui a ver a unos informantes...- Leviatam no lo dejo terminar.
- ¿No estuviste aqui mientras dormiamos?
- No.
- Bien, y que noticias tienes. – Dijo el segundo al mando un poco molesto.
- Puede que haya encontrado donde se oculta el maligno.
- ¿De verdad?
- Si, y está a dos días de aquí, solo hay un problema.
- ¿Cuál?
- Él también sabe dónde estamos, y sabe lo que Atalía puede hacer, tratara de eliminarnos antes de que lleguemos hasta él.
- Eso lo suponía ¿Qué propones?
- Tomaremos caminos alternos a lo que ellos piensan que nosotros seguiremos, también sugiero dividirnos el primer día, llevare a Atalía conmigo y nos encontraremos en un punto determinado. ¿Puedes comunicarte telepáticamente?
- No, he perdido todos mis poderes. ¿Por qué Lía debe ir contigo?
Cassiel noto que de todo lo que había dicho, Leviatam solo había escuchado que apartaría a Lía de su lado.
- Bueno, creo que podrás luchar con libertad sin ella, tu mente tendrá claridad, además puedo volar así que ella no tendrá que caminar, su esfuerzo será el mínimo.
- Sí, tienes razón hermano, ella esta mal herida, creo que estará mejor contigo.
Esta reacción no lo esperaba su hermano Cassiel, pues en todo el reino no había un ángel más terco que Leviatam.
- ¿Entonces no te opones a este plan?
- Para nada. Los demonios vendrán por un ángel sin poder y una mujer, talvez pase desapercibido en su persecución. Pero llevare conmigo una prenda de ella para que su estela los confunda.
- Ahí está el ángel guerrero que recordaba. – Cassiel lo golpeaba por la espalda mientras sonreía. – Es por eso que eres el segundo al mando, no cabe duda.
- ¿Cuál será nuestro punto de encuentro?
- El plan esta redactado en este papel, léelo y luego elimina cada pista.
Leviatam obedeció a su hermano, y luego de haber leído rompió en mínimas partículas al papel y lo prendió fuego.
- Comenzare mi viaje desde ahora, pues creo que me llevara mas tiempo que ustedes llegar a ese lugar.
- ¿Seguro?
- Sí, quiero acabar con esto lo antes posible, encontrar al maligno y arrebatarle la espada de fuego de su poder.
- Tienes razón.
Leviatam tomo unas partencias suyas que Lía le había regalado, se asomo a la ventana y observo que la lluvia había cesado, aunque prometía nuevas tormentas escalofriante, sin pensarlo dos veces estrecho la mano de su hermano y se despidió.
- ¿Te despedirás de atalía?
- No. Solo quiero que me prometas una cosa.
- Dime.
- Cuídala como nunca antes lo habías hecho.
- Lo hare.
- Júralo.
- Lo juro. Te esperaremos en el lugar acordado no te preocupes.
- Te creo.
Aunque Leviatam intentaba ocultarlo, se notaba en su actitud que algo le estaba sucediendo. Por fuera parecía ser tan fuerte, pero por dentro estaba su corazón estrujándolo tan fuerte que parecía tener la fuerza de un arcángel.
Separarse de Lía le estaba destruyendo como una peste por dentro. No quiso pensarlo más, y acelero sus pasos para alejarse de ella lo mas nates posible, antes de que ella abriera sus ojos y le pidiera con su tierna voz que no la dejara.
El solo pensarlo hacia que sus pies quedaran clavado al suelo de aquella casa, pero él tenia que ser fuerte, aunque también sentía celos de las manos de su hermano, sabía que Cassiel estaría tan cerca de ella, cada vez que la tuviera que ayudar a ponerse en pies, o las veces que tuviese que cargarla para llevarle entre sus brazos, que tedioso sentimiento era aquel que se prestaba para enloquecerlo.
¡Que espantoso y horrible es ser un humano!
El no entendía como un sentimiento podía controlarlo tanto.
¿Cómo los humanos pueden vivir con esto?
Se preguntaba mientras se alejaba del lugar.
Pero qué cruel era su mente, pues cada vez que tenia la oportunidad de estar en silencio, este reproducía tal cual la voz de Lía, como si ella estuviese a su lado.