Capítulo 6

1513 Words
—¡Basta ya, qué escándalo! ¿No sabes que le puede caer un rayo a quien interrumpe el sueño de una chica? —se quejó, incorporándose de mal humor. —Señorita Hale, son las siete de la mañana. Debe despertarse para llegar a clase a las ocho —respondió la voz con tono imperturbable. ¿¿Clase?? ¿¿Escuela?? Aurora entrecerró los ojos y vio a Rick Smith, vestido con un traje gris, junto a su cama. Dejó caer la cabeza con desesperación: —¡Despiértame a las ocho para la clase de las ocho, por favor! Rick ocultó una sonrisa y le recordó con amabilidad: —Señorita Hale, el trayecto hasta su escuela toma treinta minutos. Además, debe asearse y desayunar antes de salir. Aurora no tenía ganas de hablar; simplemente volvió a dejarse caer sobre la cama. Rick insistió: —Señorita Hale, es hora de levantarse. Por cierto… esta es la habitación del señor Kingsley. No le gusta que nadie más la use. —¡Ay, Dios mío! ¡Que alguien me ayude! —Aurora abrió los ojos de golpe y se arrastró hasta el baño, sintiéndose la persona más desdichada del mundo. Pero aún faltaba lo peor. Cuando terminó de asearse y se puso ropa limpia, bajó al comedor. Allí vio a Rick colocar una bolsa con ropa y varios cuadernos de ejercicios sobre la mesa. —Señorita Hale, el señor Kingsley ha dado instrucciones: de ahora en adelante deberá vestirse con decencia y usar siempre el uniforme escolar. No podrá usar maquillaje ni pelucas. Y lo más importante: no debe frecuentar bares ni meterse en peleas. Además, deberá realizar los ejercicios de estos libros; el señor Kingsley revisará su trabajo personalmente. Aurora estalló: —¿Acaso él es el director de una escuela de modales? ¡Hasta controla lo que me pongo y si me maquillo! Rick, imperturbable, mantuvo su sonrisa profesional y no dijo nada. Aurora se levantó de la mesa: —Dígale que el trato de anoche se acabó. No quiero seguir jugando a esto. ¡Está loco! Sin alterarse, Rick respondió con calma: —Señorita Hale, usted misma firmó el contrato. Si decide romperlo unilateralmente… ¿cree que su familia podría pagar la multa astronómica que esto conlleva? Aurora se quedó callada. ¿Multa astronómica? Ni hablar; Charles la mataría. Volvió a sentarse y soltó un largo suspiro: —¡Qué precio tan alto por un simple impulso! Rick contuvo la risa al ver que se golpeaba suavemente la frente contra la mesa, y le recordó: —Señorita Hale, debe darse prisa o llegará tarde. __________ Cuando el Maybach n***o se detuvo frente a la preparatoria, Aurora bajó con sus cuadernos en la mano. Justo en ese momento sonó la campana. Los estudiantes que corrían hacia las aulas se detuvieron de golpe para mirarla. Llevaba la camisa blanca, la corbata rosa y la falda roja a cuadros, que le quedaba perfecta y realzaba su figura esbelta. Sus rasgos finos y su piel clara hacían que el uniforme corriente pareciera un traje de pasarela. —¿Será una alumna nueva? —¡Seguro! ¡Nunca la había visto antes! —¡Guau! ¡Qué figura tiene! Hace que este uniforme tan feo parezca un conjunto de concurso de belleza. —¡A ella le quedaría bien cualquier cosa! —¡Miren esos ojos grandes y brillantes! ¡Ojalá tuviera yo unos ojos así! A pesar de todos los comentarios a su alrededor, Aurora pareció no escucharlos. Caminó directo hacia la puerta de su aula: el séptimo curso de último año. En cuanto entró, el bullicio habitual se apagó de golpe y todas las miradas se posaron en ella. —Hola… ¿eres una alumna nueva? —Sissy Shaw se levantó de su sitio con una sonrisa fingidamente amable—. Yo soy Sissy, la delegada de la clase. Aurora se detuvo en seco. Miró la cara afectada de Sissy y soltó una sola palabra: —Lárgate. La sonrisa de Sissy se congeló al instante y se le llenaron los ojos de lágrimas. Sin prestarle más atención, Aurora fue hasta su lugar y dejó caer los cuadernos con tal fuerza sobre el escritorio que este tembló. Con todo lo ocurrido en los últimos dos días y tras haber dormido en una cama desconocida, Aurora necesitaba recuperar el sueño perdido. Ajena a las miradas curiosas y los comentarios de sus compañeros, se recostó sobre su escritorio para descansar. Todos en la clase se miraron entre sí: aquella chica no solo era hermosa, sino que también tenía un carácter difícil. Sin duda no se quedaba atrás en valentía respecto a la temida Aurora Hale. Y para colmo… ¡estaba sentada en su propio sitio! ¿Acaso no le importaba nada? Sissy bajó la mirada para ocultar la ira que ardía en sus ojos. ¿Se cree mucho solo por ser bonita? Espera a que Aurora vuelva a la escuela… Regresó a su lugar, esperando a que estallara el conflicto. Poco después, un joven con el uniforme escolar entró apresuradamente en el aula. Lanzó una rápida mirada a Sissy y se dirigió directamente hacia Aurora. Golpeó el borde de su escritorio con sus zapatillas de diseño y preguntó con tono amenazante: —¿Fuiste tú la que molestó a Sissy? Aurora acababa de quedarse dormida cuando sintió el impacto. Iba a estallar de rabia al escuchar esa voz tan conocida, que solo aumentó su furia. Levantó la cabeza, mostrando su rostro perfecto, y lo miró fijamente con ojos que echaban chispas. Al ver su cara, el joven contuvo el aliento, momentáneamente deslumbrado. Era como si estuviera frente a una criatura hermosa y casi irreal. Pero esa impresión duró solo unos segundos antes de que la realidad lo sacudiera. —¡Dylan, ya te has creído demasiado importante! —Aurora se puso de pie, lista para remangarse y lanzarse a la pelea—. ¡Te has vuelto demasiado atrevido! Al tocarse los brazos, se dio cuenta de que el uniforme no tenía mangas largas, así que bajó las manos de golpe. Dylan se quedó boquiabierto, con los ojos desorbitados: —¿Tú… eres Aurora? La incredulidad se reflejaba en todo su rostro. El resto de los compañeros reaccionaron igual: todos se quedaron inmóviles, con la boca abierta y los ojos muy abiertos. Se podía cambiar su apariencia, pero no su voz: clara, nítida, cargada de audacia y arrogancia juvenil, inconfundiblemente suya. La chica que siempre faltaba a clase, que usaba maquillaje gótico y ocultaba su aspecto real… ¡era en realidad una criatura de una belleza deslumbrante! ¿Acaso se trataba de un giro inesperado sacado de una historia de fantasía? Aurora lo miró con altivez y respondió: —Sí, soy yo. Tu ex. ¿Qué pasa con eso? Dylan no podía articular palabra. Todo el mundo sabía que Aurora Hale era la pesadilla de la preparatoria: la chica gótica siempre metida en peleas y desmanes, la rebelde a la que los profesores ya habían dado por perdida. Todos los chicos de la escuela habían hecho apuestas sobre quién sería capaz de domar a aquella chica irreverente y de carácter fuerte. Empujado por sus compañeros y en un arranque de vanidad, Dylan había afirmado que él lograría dominarla y convertirla en su novia. Al final lo consiguió, pero la verdad era que nunca le había gustado la idea de estar con alguien como Aurora Hale, a quien todos veían como una chica sin gracia. Así que, al poco tiempo, buscó una excusa para dejarla. Jamás se imaginó que ese "patito feo" se transformaría de repente en un cisne deslumbrante. —¿Tú… eres realmente Aurora? —preguntó Dylan una y otra vez, sin dar crédito a lo que veía. Ella respondió con voz baja y cortante: —Pensé que solo tenías problemas de vista. Pero ya veo que también te falla el cerebro. Y no era solo eso lo que lo había cegado… también había caído bajo el hechizo de la supuesta dulce e inocente Sissy Shaw. —No, Aurora… tú… —Dylan intentó hablar, pero en ese momento entró la profesora: —Es hora de la clase. Oye tú… ¿perteneces a este grupo? Dylan reaccionó, miró primero a la maestra y luego a Aurora, y le susurró: —Hablaré contigo después de clase. Y salió apresuradamente del aula. Aurora soltó un bufido de desprecio y se sentó en su sitio. La profesora la observó con duda: —¿Aurora Hale? Ella respiró hondo y preguntó: —Profesora… ¿necesito hacer una prueba para demostrar que soy yo? No había duda: esa voz y ese tono eran inconfundiblemente suyos. —Jovencita, eres hermosa por naturaleza. Deberías habernos mostrado tu verdadero aspecto hace mucho tiempo —comentó la maestra mientras abría el libro—. Muy bien, guardad silencio. Empecemos la lección. Tras el altercado con Dylan, Aurora ya estaba completamente despierta. Se apoyó en su mano mirando por la ventana, perdida en sus pensamientos, ajena a la mirada llena de odio que alguien en la clase le dirigía.
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