A la mañana siguiente, Aurora se despertó y no solo encontró el desayuno caliente listo, sino que también había un chofer contratado para llevarla y recogerla de la escuela. En el fondo, ella no quería ese trato, pero decidió tragarse su orgullo y aguantarlo: vivía a costa de Alexander. Al pensar en cómo serían sus días de ahora en adelante, se sintió sin fuerzas para nada. Al salir de clases, Noah Walker la esperó: —Jefa, ¿vamos al 1942? ¿Hora feliz? Aurora miró el auto que la esperaba frente a la puerta y suspiró: —Hora feliz mi pie… Me voy a casa. Noah se quedó desolado. Era la primera vez que ella rechazaba su invitación. Sintió que su mundo se venía abajo. —¿Te escuché bien? ¿A casa? ¿Tú te vas a casa? —¡A casa para portarme bien! —dijo sin mirarlo, hizo un gesto con la mano y

