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1261 Words
-¿Qué es lo que me estas pidiendo?- preguntó Emanuel incrédulo. Lo habían levantado de su profundo sueño, lo habían obligado a bajar hasta la sala principal y ahora su padre parecía haber sufrido una especie de demencia repentina. -No te estoy pidiendo nada, te lo estoy ordenando, hijo. Esta es mi casa, ese café que te acaban de dar lo he pagado yo, si hasta ese pijama de seda salió de mi trabajo y vos pareces no valorarlo. Vas a cumplir treinta años y ¿qué has hecho de tu vida? ¡Decime una cosa, una sola cosa que hayas logrado con tu esfuerzo! Nada, absolutamente nada, pero lo de ayer fue demasiado.- dijo Lorenzo caminando de una lado a otro de la habitación con una mano en su cintura y la otra sobre su frente. Emanuel miró a su madre en busca de una salida, ella siempre lo entendía, siempre lo había protegido, pero esta vez, Manuela solo pudo apretar tus labios con resignación. -Bueno, veo que no están teniendo un buen día, no hay problema, los puedo esperar, puedo aguantar tus retos, continua diciéndome lo que siempre pensaste de mí, que soy un inutil, pero no fue mi culpa, era un buen negocios, me engañaron.- respondió Emanuel bebiendo el resto del café para intentar mitigar la resaca que aún le aquejaba de la noche anterior. -¿Un mal día? ¿Eso es lo que tenes para decir?- arremetió Lorenzo incrédulo, ya no tenía dudas de que la sobreprotección que habían tenido con sus hijos no los habían llevado por un buen camino. -Vamos, mamá, por favor seamos coherentes, lo que me piden es una locura.- dijo pero Manuela de nuevo no pudo responder, amaba a su hijo, pero tenía que apoyar a su marido, no estaba segura de que su método fuera a funcionar, pero habían probado de todo, y al menos si esto le molestaba, lograría despertar la necesidad de valerse por sí mismo. -¡No voy a casarme con nadie! Yo ya tengo novia.- respondió Emanuel finalmente alzando su voz, si sus métodos habituales no funcionaban, iría por las malas. La noche anterior, Lorenzo y Manuela habían hecho lo posible por llegar a una solución para los derroches de dinero de su hijo, en aquel cóctel elegante y aburrido, una presentación los había llevado a reír como llevaban tiempo sin hacer. De manera repentina, antes de que se sirviera el postre, la anfitriona había anunciado que había contratado un espectáculo que no había cumplido con la reserva y por eso había tenido que improvisar. Entonces tres jóvenes histriónicos, habían subido al escenario enfundados en unas telas blancas confeccionado atuendos artísticos que llamaban la atención y desplegando todos sus dotes actorales habían improvisado un espectáculo que si bien había comenzado tímido, los había llevado a reír hasta que sus mejillas habían comenzado a doler. Al finalizar el mismo, Manuela y Lorenzo se habían acercado para felicitarlos y al descubrir que una de las actrices era la misma joven que había oficiado de mesera, la conversación se había prolongado un poco más. Josie había agradecido el reconocimiento y fiel a su personalidad alegre había intentado borrar el semblante agobiado que había visto durante su discusión y ellos la habían recibido con gusto. Lorenzo supo de inmediato que era buena madera, sus años de experiencia en los negocios lo habían llevado a desarrollar un don especial para leer a las personas y esta joven era transparente. Se reía sin disimulo, tenia una chispa especial y un carisma único. Había brillado sobre el escenario como si contara con luz propia y se había mostrado capaz de interpretar cualquier papel que le propusieran. Tanto había disfrutado de la conversación que al enterarse que aquella joven no tenía trabajo, Lorenzo había tenido una idea, una algo alocada, pero así era él. Si no hubiera seguido su idea de crear una agencia de comunicación de la nada, hoy no tendría el imperio que tenía. Entonces le había pedido el teléfono a la joven, para utilizar todo el trayecto de regreso para presentarle la idea a su mujer. Era arriesgado, pero si se cubría desde lo legal, era una oportunidad, una joven trabajadora y luchadora como ella era la última esperanza de un malcriado como su hijo. Pasado el momento de la sorpresa de la oferta, Josie había accedido a una reunión. Creía haber entendido mal, no entraba en su mente que un hombre como Lorenza fuera a pagarle para actuar de novia de su hijo, pero motivada por su amiga Alma, había decidido acceder a oír la oferta. Ahora Lorenzo estaba decidido a seguir con su plan, no estaba pidiendo la opinión de su hijo, le estaba informando lo que que debía hacer y no estaba dispuesto a recibir un no como respuesta. -Ya perdiste la oportunidad de elegir, la perdiste cuando comenzaste ocho carreras y no terminaste ninguna, cuando destruiste más autos de los que un seguro está dispuesto a afrontar, cuando pasas las noches de fiesta y los días durmiendo. Ya no eres un adolescnete, te tuvimos demasiada paciencia y llegó el momento de responder. Vas a casarte con esa chica, vas a vivir con ella durante un año, vas a terminar algo en tu vida y si sos capaz de hacerlo, recién entonces, vas a recuperar los privilegios a los que estás demasiado acostumbrado.- sentenció Lorenzo quitándole la taza de las manos para casi arrojarla sobre la mesa. -¿Por qué con ella? No pienso casarme con una aburrida abogada o lo que es peor con una chica fea. Ya te lo dije, tengo una novia, una que me gusta, prefiero hacerlo con ella, si lo que queres es que me case, se lo pido hoy mismo.- intentó defenderse Emanuel, pero Lorenzo emitió una risa sarcástica que lo descolocó. -Si estás peor de lo que pensaba. ¿Acaso estás ciego? ¿En serio piensas que Helena…? ¿Cómo no puedes ver que Helena nunca va a casarse con vos? Pero si eso te deja más tranquilo preguntale, si logras que te diga que si, te libras de mi petición.- dijo sin poder contener la risa. Helena era una mujer mayor que Emanuel, de cuerpo de infarto y una actitud provocadora en la vida, había quedado viuda muy joven, de un hombre mucho mayor tan rico como malvado. La había maltratado durante toda su corta existencia llevándola a no querer atarse a nadie más. Era una mujer libre, que había enamorado a más de uno en el círculo al que pertenecían, pero era una mujer que no estaba dispuesta a volver a entregar su corazón. Eso era algo que cualquiera que no estuviera bajo sus hechizos podía ver a leguas de distancia. Emanuel sonrió dubitativo, esa era su salida, pensó alegrandose, aunque la mirada de sus padres parecía subestimarlo. Helena lo quería, aunque hubiera preferido disfrutar de su soltería unos años más, no le parecía mal oficializar su unión. -Ok, te tomo la palabra, si me caso con Helena te olvidas de todo este disparate.- respondió intentando ganar confianza y entonces su padre dejó de reír. -Pero si te dice que no, lo harás a mi modo.- sentenció estirando su mano como solía hacerlo al cerrar un negocio. Emanuel miró a su madre, pero esta esquivó sus ojos y aunque presentía que estaba a punto de caer en una trampa, no tuvo más remedio que estrechar su mano. Al fin y al cabo, había algo que era cierto, todo lo que tenía era gracias a aquel hombre
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