Josie miraba su teléfono mientras apretaba sus labios. No estaba segura de lo que debía responder, ni siquiera había querido abrir los mensajes. Aquella foto de perfil era lo suficientemente intimidante como para no hacerlo. Un Emanuel bronceado, con su torso desnudo y unos anteojos de sol oscuros la miraba desde la pantalla recordándole todo lo que había sentido en apenas unos minutos que había estado pegada a su cuerpo. No quería admitir cuánto le gustaba. No quería hacerlo porque eso significaba un motivo más para aceptar aquella descabellada propuesta. Había leído el mail del señor Lorenzo con detenimiento, se había sorprendido por aquella cifra, pero no podía dejar de considerarlo un error. Ella nunca se había vendido, nunca había aceptado las propuesta indecentes de las decenas d

