-No tengo excusas, no quiero buscarlas, no tengo perdón, pero necesito que me escuches.- le suplicó Emanuel sin soltar sus mejillas, ahora bañadas de agua salada que corría sin contención. -Fui un idiota, pero lo fui toda mi vida. No supe valorar lo que mi familia había conseguido, no supe comprender lo afortunado que soy de tener un hermano como Santi, no pude estar a la altura de lo que se esperaba de mí y lo que es aun pero, eso nunca me importó. Sabía que lo estaba haciendo pésimo y no me afectaba o al menos eso creía yo, hasta que llegaste vos.- le dijo sin soltarla, mientras disfrutaban de la transformación de esos ojos hermosos, que comenzaban a recuperar la fe. -Con vos todo se volvió diferente, tus provocaciones, tu inocencia, tu optimismo, desde que oí que me llamabas semidiós

