MAXWELL Ella se queda helada, los ojos abiertos como platos. —¿Qué haces? Para, levántate. Le tomo las manos. Por dentro, me preparo para que me las quite de un tirón. Pero no lo hace. Tiembla un poco, como si mi contacto la hubiera descolocado. Me sostiene la mirada, firme, tratando de adivinar qué carajos estoy por decir. —Estoy hasta el cuello contigo, Nisha —le suelto, directo, mirándola a los ojos con todo lo que tengo adentro—. Me enamoré. Parpadea. Abre la boca... la cierra. Se queda ahí, atrapada en ese silencio. —Sí, sé que dije que no buscaba nada serio, ni loco ni comprometido. Y era verdad... o eso creía. Pero ahora, solo pensar en volver a esa vida vacía, sin ti, me vuelve loco. —Le acaricio los nudillos con los pulgares, suave—. Ya no me gusta. Hace rato que no. Estoy l

