Marco se enderezó lentamente, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano. Una sonrisa torcida apareció en su rostro, como si el golpe no hubiera sido más que una molestia menor. —Siempre tan protector, Alejandro —se burló, su voz cargada de veneno— pero no podrás protegerla para siempre. —Pruébame —desafió Alejandro, colocándose entre Celeste y Marco, su cuerpo tenso como un cable a punto de romperse. Un silencio tenso cayó entre ellos, roto sólo por los murmullos escandalizados de los invitados que se habían percatado de la escena. Celeste podía sentir las miradas sobre ellos, juzgando, especulando, alimentándose del drama. —Esto no ha terminado —prometió Marco, retrocediendo lentamente, sus ojos nunca abandonando a Alejandro—. Nos volveremos a ver. Con esas palabras, se

