Al parecer los colores de la manada estaban de moda. Ella sabía que los colores de la manada, era el lila pastel, verde y café. Sabía por qué, porque la manada tenía rápidos que la atravesaban y había muchos robles encino dentro de ella. Aquello le venía como anillo al dedo, pensó. Alexandra abrió el paquete, dentro había un sobre con un sello de cera. Nego con la cabeza y se preguntó para que fuera la caja. ¿A caso sería una tradición de la manada o simplemente querían ser muy elegantes? Quitó el sello, que también tenia sus iniciales M&G, y sacó la invitación, una invitación limpia, bien doblada, de nuevo había otro sello. Solo que tenia tres finos hilos dorados que lo sujetaban, estaban atados a la cera. Todo era muy elegante, dándose cuenta de que Joseph y Esther se estaban esmerando.
Rompió el sello abriendo la invitación, y sus nombres, Mathius y Gabriella, estaban escritos en una letra grande, llamativa, en dorado brillante, seguido del nombre del evento, el lugar, la hora, el salón de baile de la manada, por supuesto, donde se celebraban todas y cada una de las Ceremonias Lunares, pensó.
No es que ella hubiera asistido nunca a una, pero había escuchado que eran eventos grandiosos. En el lado inferior derecho había una lista de la vestimenta permitida y de aquellas con las que no podían llegar. Era un evento de etiqueta y se esperaba vestimenta formal y completa, ningún m*****o de la manada o invitado afiliado podía utilizar nada de color azul o blanco. Luna iría con un vestido blanco y cualquier intento de eclipsarla seria castigado con 15 latigazos frente a todos los invitados por acto de revelación. El evento era de manera obligatoria, se esperaba que todos los de la manada y cada uno de los invitado asistiera para celebrar a la feliz pareja. Aquellos que optaran por no asistir serian castigados recibiendo tres latigazos por falta de respeto. Entre corchetes, decía: (aquellos los cuales no tengan lobo, pasarían un día en el poste de la vergüenza y recibirían una amonestación por el Alfa y Luna). Luego en el inciso izquierdo de la invitación estaban los detalles los cuales confirmarían la asistencia de cada invitado, un código QR debajo que decía que todas las mujeres debían indicar el color de vestido que llevarían en la confirmación de la asistencia. Se preferiría que utilizaran colores oscuros o brillantes, evitando los colores pasteles. Ella simplemente negó con la cabeza. Aunque se sentó observando cada detalle de la invitación por bastante tiempo, había trabajado para la cafetería de Hanskjin durante los cuatro años, y durante todo ese tiempo jamás había puesto un pie dentro de la manada. Jamás había asistido a algún baile de apareamiento de la empresa porque no veía necesidad alguna. Había tenido pareja una vez, lo rechazó hace mucho tiempo 10 años ya, así que no había porque pensar en que tendría otra. Sin embargo, recibía cuatro invitaciones al año durante los últimos cuatro años, marcándolo en la casilla de rechazo en todas las ocasiones.
Después del primer año en recibir las primeras había dicho que debía enumerar las razones de porque no iría. Ella negó con la cabeza, entendía que era la forma en que Joseph el Alfa intentaba hacer que ella llegara al territorio de su manada. Había escrito en tres de ella “No tengo rango alguno”, en las otras “Estaré de vacaciones”, en varias ella simplemente respondía “No cumplo con los requisitos que me piden para el baile de apareamiento”. Seguía siendo una marginada, no tenia rango alguno dentro de esa manada, ni siquiera cuando recibió una invitación exclusiva para Omegas; la rechazó negando que era no era una Omega, estaba cansada y ahora finalmente había caído cono ratón en una trampa de queso.
Al ser marginada, y no cumplir ninguno de los requisitos, podía decir simplemente que lo era sin que nadie refutara lo que ella decía, pero le parecía molesto que Joseph tuviera que leer todas y cada una de las cartas con los motivos de que no asistiría a las invitaciones.
La última negativa había sido ingeniosa por su parte, pensó, que el creía tenerla con esa invitación para todas las criaturas del otro mundo, independientemente si pertenecían a una manada en su reino o en el humano, podrían encontrar una pareja. Aun se recuerda riendo por la manera en que estaba redactada. Joseph la había redactado de una manera en la que no pudiera jugar. Para que no cumpliera los requisitos, o una carta de “soy una marginada”, como excusa para no asistir al baile.
Alexandra pensó que estaba empezando a acabar con la paciencia del Alfa Joseph, que no le quedaría de otras más que buscar otras maneras de intentar que entrara en su manada.
Le quedó más que claro que él había leído todas sus razones para no poner un pie en su territorio. Le divertía de cierta forma ver todo el esfuerzo que él hacía. Había utilizado la excusa “Voy a un curso de barista” con él y lo había hecho. Además, le había reservado cinco meses antes de ese baile de apareamiento, pagada por la empresa. Le había escrito un correo electrónico, explicando que no quería que la vieran como alguien que malgastaba el dinero de la empresa porque el evento no era reembolsable, tampoco quería decepcionar a su equipo, que también iba al curso con ella. Era fuera de la ciudad y estaba completamente reservado y organizado con meses de anticipación. Le habían adjuntado el listado de todos los empleados de las demás líneas de cafetería las cuales asistirían, detallando el alojamiento, el lugar en que se realizaría el curso y quienes lo impartirían. Se había reído para ella misma cuando le dio al botón de enviar; había sido adrenalina en el momento, nada más. Se recostó en la silla, feliz de ese día, soltó una risita por que no era la primera vez que usaba cursos basados en su área de trabajo para librarse de los compromisos. Siempre llevaba un registro de cuándo y dónde se celebrarán los cursos de baristas, si alguna de ella coincidía con la luna llena, o si era de viaje de ida y vuelta, se inscribía con meses de anticipación solo para decir que no había evitado la invitación a última hora.