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Jugando con el Alfa

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Blurb

Alexandra, una marginada, sin lobo, sin manda, nunca le ha gustado formar parte de nada. A los veinte años rechazó a la primer persona que pudo haberle dado todo, el hijo y futuro sucesor de un Alfa, desde ese día a vivido a como ha deseado, de manera libre sin reglas, sin alguien que le dé ordenes; solo ha sido ella y su libertad.

Ahora, ocho años después se ha visto atrapada en un juego el cual jamás espero, el peligro y la seducción la persiguen por medio de su empleador un Alfa, Joseph, quién ha pasado años tratando de llevarla a su manada, y Alexandra tan solo lo ve como un juego pues utiliza su estatus de marginada, para no cederle oportunidad alguna. Pero pensaba saberlo todo más no era así, una antigua ley de lobos la obligaría a pisar el terreno del Alfa, su libertad se ve amenazada de manera irremediable.

El hijo mayor de Joseph, Steph, futuro líder de la manada se encargará de traerla. Necia, testaruda y provocativa a como solo ella, Alexandra representa un desafío que despierta en Steph algo más que obediencia: diversión, intriga… y deseo. Tras un primer encuentro en el que Steph queda prendado de ella y sacado de sus casillas decide crear un juego donde el castigo se mezcla con el placer, con un solo objetivo: seducirla para lograr que acepte ser parte de su manada.

Alexandra, fría y calculadora, no tan fácil de conquistar. Cada avance hacia ella debe de ser astuto, resistente y lleno de tensión. ¿Steph, logrará seducirla sin perderse en el proceso? ¿A caso la marginada que desafía a todos los Alfas sin temor alguno resistirá incluso hasta el más grande deseo?

Mientras tanto, Joseph actúa desde las sombras, buscando no solo la integración de Alexandra, sino que también asegurar que su futuro heredero asegure una compañera y fiel digna de su estatus, Para él, Alexandra es más que un obstáculo: es prueba viva del control, deseo y astucia.

En un mundo lleno de secretos, antiguas reglas y deseos prohibidos, ¿seguirá Alexandra siendo la marginada que ha sido… o cederá ante los juegos que Steph ha preparado para ella? ¿Renunciará a su libertad y cederá ante el deseo?

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Prólogo
Alexandra se había exiliado a la parte más profunda, oscura y aislada de la manada, donde no había patrullas fronterizas; en ese extremo del bosque tan solo era desfiladero empinado e inaccesible, para cualquier ser vivo; incluso para ella. Su amante y futuro Alfa, Lucas, le impuso el creer que no solo era su compañera la cual había otorgado la Diosa, sino que también la de su Beta Dacius. Todo para que ambos pudieran tenerla en su cama al mismo tiempo y ella lo sabía. Solo pensar en la idea de estar con Lucas y Beta, Dacius la aterraba, Decidiendo que lo mejor era alejarse de todos. Habían sido tan solo ellos dos durante las dos últimas semanas, luego de que le dejara quitarle la ropa por vez primera, durante sus tres meses de noviazgo. Más ahora, el había traído a Dacius a su dormitorio, pidiéndole que los dejará a ambos poseerla, que vería las estrellas porque ambos sentían su aroma, eran sus verdaderos Compañeros los cuales les fueron otorgados por la Diosa. Alexandra sintió que no podía respirar, no creía lo que Lucas le había pedido. Cerró los ojos para intentar borrar los recuerdos de su mente. Era huérfana, sin lobo, sin nada en la vida, pero no era una estúpida para creer lo que Lucas le había pedido apenas hace dos días llegando junto a Dacius. Había dicho que no lo sentía, ambos se habían marchado molesto con ella, mientras a escondidas ella escuchó decir a Lucas: —La convenceré, no debes de preocuparte—a Dacius. Pensaba que porque no tenía lobo alguno no los escucharía, pero solo estaban a unos metros de la puerta de su habitación. Hasta un humano cualquiera los hubiera escuchado. Así que decidió ponerlos a prueba. Una semana los separaba de la luna llena, ahora tenía 20 años, podría olfatearlos a ambos en solo siete días. Si eran sus Compañeros, ¿por qué no esperarían hasta que sabrían que podría manejarlos y los querría a ambos? No tenía interés alguno en dormir con Dacius y no lo encontraba atractivo. Tenía lo suyo, pero no era el tipo de hombre que le gustaba. Habían venido a verla una vez más, justo ayer, intentaron convencerla en la privacidad de su habitación individual, donde había sido trasladada una vez que cumplió 20 años y ya no podía permanecer en el orfanato. Le prometieron que la reclamarían y que serían la futura Luna. No les creyó, supo que era mentira, desde que no tenía lobo y era de linaje desconocido. Todo lo que tenía a su favor era solo su bonito rostro, buen cuerpo y su inteligencia. Le había gustado la dulce y sublime atención de Lucas durante los últimos meses, y de cierta forma se había enamorado tontamente de él a lo largo de su relación. Jamás la había apurado para nada, iba despacio y siempre quería que las cosas fueran al ritmo de ella. Cuando iniciaron la relación Lucas era un autentico caballero sacado de una película. Alexandra se vio decepcionada a medida que él cambiaba. Solo habían estado durmiendo juntos durante dos semanas y ahora le venía con eso. Lo que él había dicho y le había contado estaba mal, y ella sabía que todo iba a ser una completa mentira. Durante diez días estuvo ahí exiliada, se encadenó y esposó con plata, ocultó su aroma para que nadie pudiera olerla o localizarla por medio del lazo de manada. No había ni comido, mucho menos bebido agua, estaba hambrienta y deshidratada demostrando que todo era mentira. Al segundo día no hubo búsqueda alguna de ella. Llego el tercer día y aún no había guerreros recorriendo la manada en busca de un desaparecido, lo que pensó que el Alfa haría, escudriñando cada centímetro de la manada al buscar quién era el desaparecido. Llegó el cuarto día, nada, ningún rastro de que alguien la buscara. Si Lucas y Dacius fuesen sus Compañeros, habrían ido con sus padres a decirle la verdad del asunto, comunicando que ella estaba desaparecida y que no la encontraban por ningún sitio. De hecho, deberían de estar en pánico al ver que su Compañera estaba desaparecida y no tenían manera de comunicarse con ella. Pero nada de eso había pasado. El tiempo avanzaba y no servía más para ratificar lo que ella pensaba. Esa noche, en el décimo día, se desposó, se tambaleaba de regreso a su dormitorio, hundiéndose en la ducha, agotada por la caminata por la deshidratación. Se desplomó al salir de la ducha, intentó levantarse y había establecido una conexión con el médico de la manada para decirle que necesitaba de su ayuda, luego cayó en la oscuridad de su subconsciente. Alexandra se despertó en el hospital de la manada con un gotero en el brazo, el médico de la manada atendía su quemadura causadas por las esposas de plata. —Hasta que despiertas después de un día completo—dijo—. El Alfa se pondrá contento, necesita saber qué te ocurrió. Él junto a los guardias están investigando lo qué te sucedió, rastrean tu olor para saber dónde estabas. No emitió sonido alguno; eso solo le ayudó a confirmar una vez más que Lucas ni Dacius sabían que ella había desaparecido. Lo observó con detenimiento, mientras ponía un vendaje en sus muñecas. —Vas a tener una cicatriz a causa de eso, Alexandra—le dijo, ella asintió. —Quedaría inclusive si tuviera un lobo—comentó, pues era plata—. ¿Tuve alguna visita? —curioseó. —No, lo lamento, Alexandra—respondió con tono apenado—. Nadie más que el Alfa y Luna queriendo saber tu estado. —Está bien—pensó. Sabía que no tenía familia alguna. Su nombre había sido otorgado por la Luna de la manada, le concedieron el apellido Black porque Luna lo consideró adecuado. Volviéndose en Alexandra Black. Esa misma noche mientras se encontraba en la cama del hospital, preguntándose qué iba a decirle a Lucas y Dacius sobre su comportamiento, Lucas conectó un enlace mental con ella a las 2 a.m., preguntándole simplemente: — ¿Dónde estás? Es nuestra noche de cita, estoy en el lugar… más tú no estás. Su voz denotaba desaprobación. —Me encuentro en el hospital de la manada—respondió con honestidad. — ¿En nuestra noche de cita? ¿A qué has ido a ese lugar, sabiendo que teníamos que estar juntos? —preguntó de inmediato. Lo único que le preocupaba era el hecho de que no tendrían sexo. Había supuesto que ella iba a ver algún conocido ahí cuando no conocía a nadie fuera de la manada. —Estoy seguro de que puedes esperar hasta la luna llena—declaró con indiferencia cortando la conexión. No hubo preocupación alguna en su voz después de lo que le había ocurrido a ella. Sabía que aquello era tan solo una coerción. La luna llena llegó, ocultándose solo dos días después, habían transcurrido dos horas desde que había sentido el olor de un Compañero dentro de la manada. Sabía quién era debido a qué reconoció los dos aromas naturales de su amante. Sin embargo, no había otro olor alguno para ella en lo absoluto. Entre tantos, no sintió aroma alguno de Dacius, confirmando aun más la mentira que le habían contado para obtener lo que deseaban, a ella. Aun se encontraba conectada al gotero con líquido recorriendo su cuerpo, estaba en el hospital, las quemaduras sanaban de manera lenta debido a que no tenía un lobo. Había una enfermera junto a ella, sentada en una silla con un carrito lleno de vendas y demás; limpiando sus heridas, el cambio de vendaje, cuando entró Lucas a la habitación. Finalmente, la había encontrado. Se quedó observándola de manera minuciosa, que la hizo sentir desnuda. La miraba con asombro. Ella miró como sus ojos recorrían su cuerpo en esa cama, siendo tratada por una enfermera, a la que le pidió que le diera un minuto. Le expresó que su padre le había pedido que fuera a verla, para discutir algo en privado con ella. Esperó hasta que la herida estuvo vendada. Lo observó recoger su historial y leerlo; sabía que leía de manera meticulosa cada detalle escrito de lo que le pasaba, desde cómo la habían encontrado; pues ella misma lo había leído. Devolvió el historial, mientras su ceño se fruncia, sin decir una palabra en lo absoluto. Se había enamorado de manera estúpida de ese hombre el cual estaba frente a ella, tenían la misma edad y se irían fuera de la capital mañana por la mañana si ella no conseguía olfatear a un Compañero en esa luna llena. Sabía muy bien el hecho del porqué estaba ahí solo, sin padres que lo siguieran para ver quién era su Compañero, que estaba ahí para rechazarla. Eso más el hecho que habían pasado dos horas desde que la luna se había puesto; él también habría reconocido su aroma. Nadie esperaba tanto tiempo para buscar a un compañero que quisiese reclamar. Por fin, la enfermera se retiró y Lucas cerró la puerta. Ella entendió aquello muy bien: se haría en privado, para que nadie en esa manada supiera que se habían emparejado. — ¿Por qué no me informaste que estabas herida la vez que t pregunté dónde estabas? —interrogó de manera molesta. Ella alzó una ceja mientras lo observaba, estaba molesto, le había dicho que se encontraba en el hospital. Lo que ella creyó que era suficiente para qué él entendiera. —Estuve desaparecida por diez malditos días—expresó—. No te diste cuenta, ¿verdad? Estuve esposada y desaparecida… si tan solo me hubieras olfateado en aquel momento, como me habías dicho, te habrías dado cuenta y habrías ido en mi búsqueda por todas partes… Tan solo tú y Dacius, tu Beta; solo deseaban tener sexo conmigo al mismo tiempo, y yo no lo permitiría. —Al igual que estás aquí luego de dos horas de que la luna se halla puesto. Eso diche mucho Lucas… No eres el hombre que creí que eras—negó con la cabeza— Recházame y vete de una vez… vete fuera de la capital mañana a como lo habías planeado. Él se quedó ahí observándola, mientras ella se preguntaba si acaso pensaba en contarle a sus padres lo que había hecho. Ella guardó silencio, dejándolo en la incertidumbre. Él suspiró profundamente; minutos más tarde negó con la cabeza; ella se preguntaba si realmente se debatía consigo mismo si realmente la rechazaría. Si de algo estaba segura Alexandra es que no aceptaría a uno como él. —Está bien, lo haré—pronunció por fin, mirándolo directamente a los ojos—. Ante la luna, yo, Alexandra Black, te rechazo a ti; Lucas Monfert, te rechazo como mi compañero. Pronunció dichas palabras de una manera tan seria que él tan solo la observaba fuera de sí, sin comprender que ella lo rechazaba. —Imagínate Lucas, qué hubiese ocurrido si hubiera creído lo que me decías junto con Dacius, y les hubiera permitido a ambos estar conmigo. En estos momentos me estarías rechazando por haber permitido eso, haber tenido sexo con tu propio Beta…—negó ella con la cabeza, mientras sentía como la sangre subía a sus mejillas—. No quiero permanecer unida a alguien que intentó coaccionarme. Tan solo acéptalo, Lucas. Pensó por unos instantes lo que diría, un suspiro profundo salió de él. —Yo, Lucas Foster, te rechazo como mi Compañera Alezandra. No eres ni serás la futura Luna de esta manada—pronunció con seguridad. Ambos sintieron la ruptura del vínculo que los unía, a lo lejos ella lo escuchó jadear de dolor. Tan solo un pequeño punzón en el pecho había significado él para ella. Pensó que el no tener un Compañero le daba ciertas libertades. —Alexandra, hablaremos de esto cuando regrese de mi viaje —declaró dándose la vuelta, saliendo de la habitación. ¿Lo hablarían luego de un año? ¿Esperaba que ella se quedara esperando a que él cambiara de opinión? Solo porque él era el Alfa y no tenía un lobo. Eso no pasaría.

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