Alexandra 28 años.
Estaba sentada en la sala de espera junto a los demás aspirantes al puesto de recepcionista de la cafetería Hanskjin en Oktay. Había perdido su anterior empleo hacia unos dos meses y el dinero se le esfumaba de las manos. Todos los demás aspirantes eran humanos, aunque había encontrado a unos cuantos lobos al entrar en el lugar, pero ninguno parecía que trabajara en aquel lugar.
No había buscado información alguna de quién era el dueño de Hanskjin, pero sabía que pertenecía a un conglomerado llamado Industries Emrys Crout. No le parecía que se tratara de un lobo, así que no había investigado entre los registros de cada lobo existente. Creyó que era una empresa humana. Más ahora, años sentada esperando su entrevista tenía una punzada en el pecho de que iba a ser propiedad de lobos solo porque había encontrado a unos cuantos. Sin embargo, tenía esperanza alguna de que la entrevista de hoy la realizara un panel de humanos, dado que todos los aspirantes eran humanos.
Llevaba ocho años lejos del mundo de los lobos. Lo había dejado en el pasado cuando abandonó la manada, la noche en que la dieron de alta del hospital. Simplemente se fue a su dormitorio días después de que su futuro Alfa se marchara al extranjero, y nadie sabía lo que ella representaba para él. Alexandra metió sus pertenencias en un bolso, abandonando la manada. Se convirtió en una guerrera solitaria tras salir del territorio de la manada, nadie la buscó ya que no levantó sospecha alguna de su marcha; no se quedaría esperando sentada a que un Alfa decidiera si era digna de él.
Se había enamorado de él, aunque sabía muy bien que después de un tiempo todo era una mentira, lo que él le había dicho, así que ya no formaría parte de aquel lugar. Tomó un autobús y se marchó de ahí, trabajó de manera exhaustiva para costear los gastos de su carrera universitaria, obteniendo becas donde pudo y haciendo préstamos estudiantiles donde le era posible, ahora ocho años más tarde era Licenciada en computación y caja, trabajaba en el mundo humano, se mantenía alejada del mundo de los lobos.
Ella no los consideraba como su especie, simplemente porque no era loba. Siempre se consideró humana. Vivía y trabajaba como una humana más, teniendo dificultades para pagar el alquiler, las facturas y demás gastos. Tenía ropa, no mucha, pero lo suficiente para hacer diferentes looks que le daban ese toque profesional de lo que ella era.
En su apartamento se relajaba con shorts cortos y camisetas, pasando sus vacaciones tumbada en su apartamento viendo películas, leyendo un buen libro o simplemente escuchando música. Actualmente vivía en una pequeña casa a diferencia de las que estaban en rededor, contaba con un dormitorio, una pequeña cocina, un baño un tanto diminuto. No contaba con lujos pues jamás le gustaron. En su estado actual no podía permitirse tales cosas.
Tras perder su anterior empleo, había cambiado su apartamento por una casa, pequeña en la cual era más barata. Era pequeña, la mantenía lo más limpio que pudiese pues no le gustaba la suciedad, mucho menos el desorden, después de vivir un tiempo ahí se dio cuenta que era más que suficiente para ella, era lo que siempre había querido.
Aunque carecía de lujos, se había limitado muchas cosas como el seguir comprando libros, comer una buena comida que la saciara; lo había abandonado casi todo para ahorrar dinero mientras encontraba un nuevo empleo. Tenía su teléfono, el cual necesitaba para las entrevista para recibir llamadas la mayoría de rechazo. No socializaba con sus vecinos. No tenía contactos de nadie en su teléfono, porque no tenia familia alguna ni vínculos de ningún tipo con nadie. No era de las que confiasen fácilmente mucho menos de formar lazos con mucha gente a su alrededor. En su trabajo podía mantener conversaciones adecuadas, trabajaba bien en equipo, pero su confianza era difícil de ganar.
A pesar de no ser loba, podía percibir cosas como el aroma de otros lobos, aunque no podía determinar a que manada pertenecieran o cual fuera su linaje, tan solo entendía que los lobos tenían un aroma diferente al de los humanos. Todos tenían un aroma más a humedad/terroso. A veces salía a caminar por los parques para observar la interacción entre los humanos y su manera de andar. Leía muy bien los gestos y expresiones faciales. Distinguía bien entre la verdad y la mentira, porque escuchaba los pensamientos de las personas y veía los pequeños detalles que hacen los humanos cada que mienten. Inquietud, evitan contacto visual, su pulso se acelera, parpadean excesiva o simplemente muerden los labios; algunos hasta se sonrojan. Su prestaba atención podía escuchar como cambiaban el tono de voz e incluso percibir la diferencia en la estructura del hablado al verbalizar las frases.
Luego estaba esa pausa que hacía antes de hablar, que a veces era una indicación de que tenía que pensar de primero en la respuesta porque no querían responder con la verdad. Se dio cuenta que los humanos no eran tan diferentes a los lobos la mayor parte del tiempo.
Acudían a ella cuando deseaban algún favor y luego si podían la traicionaban, llevándose el mérito del trabajo que ella realizaba. Ambas especies eran engañosas, para ella; lo único que ella intentaba era vivir tranquilamente, incluso sus vecinas eran engañosas, no podía confiar en nadie. A las malas aprendió que era mejor vivir sola y no hacerse amiga de personas que le mintieran o traicionaran su confianza que le robasen o culpasen de cosas que ellos mismo habían realizado para salvarse.
Llamaron su nombre y número de entrevista, lo que la sacó de sus pensamientos. Asintió con la cabeza a la mujer que la buscaba para luego seguirla en silencio por el pasillo hasta una sala que decía “Sala de Conferencia 2”. Abrieron la puerta y entro.
En cuanto entró sintió sus aromas, lobos, no cualquiera, pensó. Solo con ver su imponente estatura, su vestimenta, postura, supo que eran m*****o de una manada. Se acercó, se sentó en la silla que estaba frente a ellos, como se esperaba, los observó con detenimiento. Sabía que todos podían sentir su aroma, no solo como una loba solitaria, sino también cómo una loba sin lobo.
La abrían olido ya afuera mientras estaba sentada en la sala de espera o en el momento que entró a esa habitación. Su sentido del olfato no era el mismo que el de ellos, no siquiera el de un lobo omega. Observó como tres de los que se encontraban allí reclinaban en las sillas y uno se apoyaba en el escritorio frente a ella, la miraba con detenimiento.
Eso la hizo pensar que no estaba ante cualquiera sino, ante un Alfa y sus compañeros. El que la observaba de aquella manera debía ser un Alfa. Recorrió con la mirada su apariencia, luego dirigió su mirada a la solicitud, la leyó antes de volver a mirarla y dejar el papel frente a él. “Me presentaré a como es debido” comentó con calma “Yo soy el Alfa Joseph Demur y ellos son mi unidad” extendió la mano señalando a todos los lobos que se encontraban en la habitación.
— ¿Puedo preguntar por qué eres una loba solitaria? —preguntó de manera directa, parecía tener curiosidad sobre su condición de no corresponder a una manada de lobos superaba las preguntas más que su trabajo.
Alexandra frunció el ceño ante su presentación.
En realidad, le daba igual quién fuera, y no creía que fuera asunto suyo por qué era una loba solitaria. Sabía que no era necesario pertenecer a una manada para vivir en este mundo. Con forme pasaba el tiempo más lobos se volvían solitarios y abandonaban su manada para escapar de la crueldad de sus líderes. Especialmente si eran como ella. Había visto y sentido el aroma de muchos como ella en los últimos ocho años, simplemente ahí fuera tratando de ganarse la vida honestamente, manteniéndose alejado de los problemas tanto en el mundo de los humanos como del de los lobos.
Cuando ella no emitió palabra alguna ante la interrogante que le había hecho, él dijo:
—Veo que tienes 28 años. Seguramente alguien con tus habilidades podría haber encontrado una manada a la que afiliarse… ¿Cuándo te convertiste en marginada o te convirtieron en una? —preguntó.
—Estoy aquí por el trabajo que se anunció, no para contarle sobre mi pasado—contestó un poco irritada—. ¿Tienes alguna duda sobre mis habilidades? —añadió.
El la miró de una manera déspota y ella vio cómo quien creía que era el Beta se inclinaba hacia delante apoyando los brazos sobre el escritorio.
—Podrías solicitar refugio y pedir unirte a una manada de esa manera te concedería el trabajo sin ningún problema—comentó.
Alexandra no sabía de qué manera actuar al haber escuchado aquella propuesta, pero si algo sabía es que no quería ser parte de ninguna manada, ya que eso sería perderse por completo. Supo que aquella era la única condición para conseguir el puesto y lo necesitaba. Claramente, todos esos humanos estaban perdiendo el tiempo viniendo a la entrevista. Esta empresa solamente seguía las reglas humanos de aparentar contratar con honestidad, cuando la realidad detrás de aquellas puertas era la de dar trabajo a uno de los miembros de su propia manada.
— ¿Te gustaría ser m*****o de la manada, Alexandra? —preguntó directamente el Alfa Joseph—. Aceptaría a alguien como tú—añadió de manera sonriente.
— ¿Alguien como yo? —murmuró.
— ¿Te refieres a una marginada sin lobo y desesperada por pertenecer a algún lugar? —cuestionó.
Sacudió su cabeza un poco sacada de lugar ¿les parecía desesperada? No creía que fuera así. Toda ella estaba limpia, presentable al igual que su cabello y maquillaje. De alguna manera no parecía ni desnutrida, mucho menos enferma.
— ¿Me harán alguna pregunta con respecto al puesto del trabajo para que estoy aplicando y del cual estoy cualificada? —preguntó de nuevo—, mis habilidades son las que se enumeran y a como pueden ver he trabajado para varios sitios como este —concluyó.
—Alexandra, llegaremos a tu entrevista, pero en estos momentos creo que es más importante saber tu condición de marginada, eso es más importante y debe de resolverse pronto—declaro el Alfa Joseph.
—Por favor señor Demur, no se dirija a mi de manera tan informal—comentó —, preferiría que me llamase Sra. Black—demostrando que no estaba interesada en formar parte de su manada, que no creía que fueran lo suficientemente cercanos como para tutearse.
Todas las miradas de los presentes en aquella oficina se dirigían a ella, la miraban con el ceño fruncido y otros hasta con desprecio por haberlos ignorado como Alfa y su unidad antes que, a ella, pero era una marginada, no tenía por qué reconocerlo.
Probablemente no esperaban que rechazara tan tentadora oferta de ser iniciada. Pero no era lo que ella realmente buscaba. Solo buscaba un trabajo para tener ingresos nuevamente, un techo en el que dormir y comida en su estómago, nada más, nada menos.
— ¿Qué tal si vienes a ver la manada? Está a hora y media en coche de aquí, verás que es una manada sana y fuerte, inclusive tengo a varias sin lobos perteneciendo y viviendo en la manada—ofreció Joseph.
De nuevo ella lo observó con una ceja arqueada; eso ya no era una entrevista. Negó con la cabeza y se puso de pie.
—Le agradezco por hacerme perder el tiempo. Tengo otras entrevistas esta semana —comentó simplemente, girando sobre sus pies saliendo de aquella habitación, demostrándoles que no estaba interesada en lo que él ofrecía.
Salió de aquella empresa rápidamente, no quería que ellos fuesen detrás de ella, que tratara aquel Alfa de hacerla parte de su manada, era lo que menos quería pertenecer a una, si eso significaba perder su libertad de loba marginada.