Dann no sabía qué había ocurrido. No sabía que había hecho mal para que aquel hombre se molestara tanto. Lo sintió sobre él, cual bestia con cría; enfurecida protegía a los suyos hasta el descenso. Así fue para Dann aquel hombre. Su rostro con heridas y moretones en diferentes partes del cuerpo. Luego lo miró a él; era el mismo sujeto con el que había cometido el error de enfrentarlo. Dann no se había mostrado molesto hasta ese día. —Luis, ven a mi oficina ahora mismo—ordenó por mensaje. Los suyos lo vieron pasar, su rostro, vestimenta cubierta de sangre, los vio enfurecer. — ¿Qué necesita de mí? —cuestionó Luis. —Necesito que investigues todo de Elena, te he enviado una fotografía de ella, investiga absolutamente todo de ella, sus amigos, su trabajo, su familia, dónde vive, dónde está

