—Sabes, otros errantes me dejan en paz; las que no tienen lobos no le interesan a la banda de errantes. No valemos nada para quienes quieren secuestrar y vender lobas, no podemos soportar una paliza o un latigazo sin acabar casi muertas en alguna enfermería de la manada o simplemente nos dejan a nuestra suerte. Es un desperdicio de dinero comprar a las que no tienen lobo—le informó—. Así que estoy muy segura de andar sola allá afuera, siempre lo he estado —le dijo Alexandra sin más.
—Entiendo. Pero con toda honestidad, no puedo dejarte en ese estado en el que estas. Así que, esto es lo que te ofrezco. El trabajo para el que te has postulado será tuyo, además de una casa dentro de la manada. Asistir a bailes de apareamiento para encontrar a tu pareja, tener una vida social plena entre los de nuestra especie—Joseph, sonrió como si fuera una oferta atractiva.
—Tengo una casa a tan solo unas cuadras de aquí. No se conducir así que no podría ir de la manada hasta acá si aceptara la oferta—suspiró—, nunca me ha pasado nada malo en el mundo de los humanos, he estado en él durante muchos años. También puedo protegerme de ser necesario y debería de saber que no tengo interés alguno en ser iniciada en una vivida, vivir dentro de ella o asistir a sus funciones incluyendo tales bailes que ha mencionado—replicó Alexandra—. Sin embargo, aceptaré el trabajo en el puesto para el que vine a aplicar.
Él la miró con el ceño fruncido.
—Todos los lobos necesitan el aspecto social, o pueden convertirse… —dejó la frase incompleta—. Criaturas antisociales. Ella asintió.
—Ya lo soy, y no me importa el serlo—dijo Alexandra encogiéndose de hombros, pero debía de aprovechar la oportunidad para explicarle como trabajaría—. Trabajaré en mi área sin darles problemas a los demás, termino mi trabajo a tiempo o me quedo hasta tarde; trabajar hasta tarde no me molesta demasiado. Puedo trabajar bien en equipo, escuchar y seguir las instrucciones de mi supervisor, además sé cómo ser un m*****o valioso en el equipo de trabajo, aunque en lo personal no me interesa socializar con los demás trabajadores—le informó.
Él se recostó en su silla observándola con los ojos entrecerrados, ella imitó su postura tras un minuto de silencio. Paso otro minuto y la comisura de sus labios se curvó. Parecía divertido por su terquedad.
— ¿Qué necesita? —preguntó finalmente ella—, ¿Qué necesita que haga para que me dejen salir de esta oficina y conseguir el trabajo?
Él sonrió. —Que aceptes ser mi iniciada en la manada. Te permitiré conservar el apartamento que tienes actualmente, ya que tienes uno y no conduces.
Ella lo observó con cierto recelo por un largo rato, para luego exponer sus condiciones para conseguir el trabajo que necesitaba.
— La iniciación en tu manada se hará bajo mis condiciones—ratificó.
Ofreció un compromiso.
—¿Qué significa eso exactamente? —frunció el ceño nuevamente.
—Te permitiré iniciarme, solo cuando ponga un pie de manera voluntaria en el territorio oficial de tu manada. ¿y eso que es? A una hora de distancia, dijiste—inquirió ella.
—Así es, a una hora—respondió Joseph con total calma.
—Puedo aceptarlo—le sonrió.
—Entonces que te parece si ¿vamos a echar un vistazo a tu espacio de trabajo?
4 Años más tardes
Alexandra recibió la invitación directamente en su lugar de trabajo. Al principio no sabía que era, la repartidora tan solo había entrado en el puesto de la cafetería a eso de las 8 de la mañana y le pidió que firmara la recepción de un paquete que habían dejado sobre el escritorio. Tenía una pequeña nota con su nombre claramente impreso. Alexandra preguntó que era el paquete a lo que le respondieron —una invitación a la gala. El día de hoy me toca repartirlas todas—Geylin señaló su carrito a un lado de ella. Alexandra, miró que efectivamente había varias cajas lilas en el carrito, idénticas a la que Geylin había llevado hasta la cafetería donde se encontraba trabajando. Asintió y firmó.
Geylin tomó la etiqueta y la pegó en su portapapeles junto a la firma de Alexandra. Antes de irse le sonrió y le dijo —Nos vemos allí. El que hayas firmado significa que no puedes faltar—tomó carrito y se marchó de ahí.
Lo que le había dicho Geylin, hizo que Alexandra levantará el rostro y frunciera el ceño. Geylin aun no iba demasiado lejos del puesto de carrito cuando se detuvo y vociferó:
—Lo lamento, señorita Black, pero el señor me dijo que no podía informarle de eso hasta que estuviera firmado y yo un poco lejos de usted—siguió su camino.
Alexandra sabía que lo que le acababa de decir no era mentira alguna por lo que asintió y la despidió con un gesto que ella no logró ver.
Finalmente, el maldito Alfa Joseph, había conseguido la manera de que llegara a su territorio de manera voluntaria o no. Se vería en la tarea de investigar los detalles de ese asunto. Estaba más que claro que había sido engañada para que firmara ese documento, así que técnicamente había declarado que asistiría por su propia voluntad. Sabia que eso se iba a tener en cuenta, que también entraría en territorio de la manada por su propia voluntad; para asistir a esa Ceremonia Lunar. Pero ¿era realmente por su propia voluntad? En realidad, lo había hecho de manera solapada, omitiéndole información importante, todo para que ella firmara y asistiera. Sabia que no la firmaría si sabia que eso significaba poner un pie en el territorio de su manada. Ella negó con la cabeza; sabía que esa era su manera indirecta de obligarla a iniciar en su manada. Aunque muy en el fondo una parte de ella se divertía por sus tácticas deshonestas, porque le había costado durante cuatro largos años con seguir lo que quería de ella. Pensó que él ya habría aprendido a vivir con el hecho que ella no quería ser m*****o de la manada, que, de hecho, era feliz viviendo como una solitaria, pero se había equivocado después de todos estos años. Alexandra volvió a fijarse en la invitación. Era una caja lila brillante muy elegante de hecho, con letras en relieve, e incluso sabía de quién era. Había escuchado que uno de los hijos menores de Joseph y cuarto heredero, Mathius había encontrado a su alma gemela, la luna llena anterior. Aquel seguía siendo el tema de conversación actual no solo en la cafetería, sino que también en el mundo humano. Por lo que parecía, esta era la invitación a la Ceremonia Luna.