Esther, estaba preocupada por todo lo que estaba aconteciendo en la manada, más el hecho del secuestro de Alexandra y que su esposo hubiese enviado a su hijo de regreso al extranjero después de estar tanto tiempo fuera de la manada. Caminó por todo el lugar, quería estar un momento a sola. La noche era fría, el aire calaba hasta los huesos, Esther observaba la luna, era noche de luna llena. Nadie lo había recordado solo ella. Todos se encontraban dormidos, a excepción de ella que su mente no paraba de pensar en todo lo que estaba ocurriendo. Sentía como la Luna la llenaba de fuerzas, pero no era suficiente para lo que ella sentía. Era madre y su corazón estaba destrozado, no podía elegir a su marido y tampoco a su hijo, se debía de mantener sumisa ante ambos. Todo aquello la estaba vol

