Joseph se alistó, salió con Jonh del lugar. —Lo siento Elena, en esta no puedes acompañarme, quédate aquí con ellos. Cuídenla bien, regresaremos dentro de un rato—comentó Joseph saliendo de la casa. —Voy hacía allá. Él es el único que va conmigo—habló Jonh. Joseph se alertó, pero este le dijo que se tranquilizase. Habían llegado a casa de Ale. Aquello era un mansión enorme. Aquel lugar era más grande que el sitio de la manada. En la entrada miró a varios lobunos que lo veían con cierto temor, otros tan solo lo veían con desprecio. Al ver que Jonh lo venía acompañando retrocedieron y volvieron a su oficio. La fachada de aquel lugar no aparentaba nada de lo que Elena les había dicho que hacían ahí. — ¿Se encuentra bien, señor Joseph? —cuestionó Jonh al verlo distraído. —Si tan solo

