Unas horas más tarde, arreglando mi habitación que estaba algo desordenada y termino la cena, escuchó el timbre, me imagino que es el tonto de Santiago, que ahora tomo la costumbre de cenar con nosotros, no me molesta obviamente, pero tenerlo cerca me hace hablar y sé que él sospecha algo pero lo evito. Abro la puerta como si nada sucediera y se me congela el corazón cuando veo parado en mi puerta al idiota que me ha tenido de mal humor, se me quiere salir el corazón del pecho, es más, debe escucharlo desde aquí de lo acelerado que está y de un guapo, pero con una cara de desaliñado como si hubiera pasado días horribles. - Podrías haberme dicho que estabas histérica porque en un programa de chisme andan diciendo cosas mías que no son antes de mandarme al diablo. Me reclama con ese tono s

