Capítulo 5. Visita al psicólogo

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Las 8:30 a.m, el sonido del despertador es bastante chillón y molesto, una bofetada no fue suficiente para tirarlo al suelo.... Aaaaay que pereza, este disparate no deja de sonar. Me levanté con el pelo alborotado (a diferencia de las películas) la cara vuelta un desmadre, y los ánimos por el suelo decidí hacer algo y me dije a mi misma: -¡Pinche guapa! ¡Ponte preciosa y sal a robar miradas! Naaaaah ¡Que va! sólo me preparo para una visita más al psicólogo. Sé que la última vez le dije a Ámbar que ya mis citas estaban pausadas, pero mi deseo de ver a Carlos me ha dado mucho deseo de ir dónde mi doctora mental a buscar lo que hay en esta cabecita. El consultorio de la doctora Férnandez está ubicado en el mismo centro de la ciudad, la cola de pacientes no escatima días (dicen que la psicóloga es eficiente), el cálido clima veraniego derrama sudores por todo mi cuerpo, pero estoy bien y lista para escuchar todo lo que la Dra. Fernández me tiene que decir. -Doctora, aquí está Laura Jiménez. -Hola Doctora, ¿Cómo está? -Querida Laura, ha sido un tiempo. Has dejado tus terapias, ¿Qué pasa? -No es nada, sólo qué tengo muchas dudas. // La ensoñación excesiva (en inglés, maladaptative daydreaming) es un fenómeno psicológico, caracterizado por una actividad fantasiosa excesiva que reemplaza la interacción humana e interfiere con el trabajo, las relaciones y las actividades generales.1 Quien padece esta patología, sueña despierto o fantasea excesivamente, asumiendo roles y personajes en escenarios creados a su gusto. Las personas que padecen de ensoñación excesiva son conscientes de que los escenarios y personajes de sus fantasías no son reales y tienen la capacidad de determinar lo que es real, elementos que los diferencia de quienes padecen esquizofrenia. Algunas personas con este trastorno han reportado que el fantasear se siente como una adicción y que tiene un impacto negativo en sus vidas.2 Estas personas experimentan fantasías muy vívidas y complicadas y podrían desarrollar emociones hacia los personajes de sus fantasías; la mayoría de ellos mantiene en secreto esta conducta.3 El término maladaptive daydreaming fue acuñado por Eli Somer,4 y fue descrito en 2009 por Cynthia Schupak y Jesse Rosenthal, 5 quienes publicaron los resultados de un estudio basado en cuestionarios vía electrónica en 2011.3 Para su tratamiento se utilizan los medicamentos escitalopram (una tableta al levantarse) y amitriptilina (una tableta cada 8 horas) El acto de soñar despierto se ha considerado desde hace tiempo como producto de material tácito o inconsciente. 6 Freud sugirió originalmente que el acto de soñar despierto representaba un intento de solución a un estado de privación o conflicto subyacente en el individuo y que la fantasía surgida en la conciencia podría representar un término medio entre un deseo frustrado y los requisitos de ajuste social o restricciones morales de la sociedad. Los desarrollos posteriores en el psicoanálisis han enfatizado en los desarrollos libres de conflicto de la mente. Hartman (1958), por ejemplo, sugirió que la fantasía en sí misma no tiene que surgir solo de la frustración o la gratificación diferida, sino que puede servir para funciones adaptativas para el organismo desde el principio. Klinger (1971) sugirió que la mayor parte de las fantasías, tanto en el sueño normal como la ensoñación diurna son una representación de las «preocupaciones actuales». No obstante, la ensoñación diurna no ha sido reconocida como un tema de investigación psicoanalítica o psicoterapia. Barth (1997), quien también notó este fenómeno, lo atribuyó al hecho de que los sueños diurnos raramente se mencionan espontáneamente en la terapia. Ella postuló que los sueños diurnos han permanecido inexplorados en la psicoterapia porque los terapeutas no preguntan por ellos, a pesar de ser un medio útil para ayudar a los pacientes a obtener acceso a su mundo interno. En su libro seminal, Daydreaming, Singer (1966) informó que el 96% de los adultos estadounidenses presumiblemente normales, educados, se involucraron en alguna forma de ensoñación. Se informó que esta actividad mental se produce principalmente cuando uno está solo (por ejemplo, en la cama antes de dormir) y se dice que se enfoca principalmente en la planificación de acciones futuras y la revisión de contactos interpersonales. Existen pocos datos sobre la cantidad de sueños diarios normales. En consecuencia, no existe información normativa sobre lo que constituye una ensoñación patológicamente elaborada o anormalmente extensa. Por otro lado, ha habido un esfuerzo fructífero para cuantificar los rasgos asociados con soñar despierto. En el contexto de un estudio de sujetos hipnóticos, Wilson y Barber (1981, 1983) descubrieron casualmente un grupo de soñadores que luego fueron catalogados como «personalidades propensas a la fantasía». Se decía que estos individuos compartían la tendencia a «vivir gran parte del tiempo en un mundo creado por ellos mismos, en un mundo de imágenes, imaginación y fantasía» (Wilson y Barber, 1981, p. 31). Los autores calcularon que la propensión a la fantasía se manifestaba hasta en un 4% de la población, y observaron que caracterizaban experiencias generalmente adaptativas, fantasías y rasgos de la personalidad. Decidieron que las personas psicológicamente sanas usaran sus ensoñaciones de una manera que realza sus buenos sentimientos acerca de sí mismos mientras que las personas angustiadas interpretan sus ensueños como otro signo de debilidad o insuficiencia. Se ha llevado a cabo una extensa serie de estudios de cuestionarios altamente estructurados con individuos normales para establecer el patrón de los procesos del flujo de conciencia. Este tipo de esfuerzo de investigación resultó en el desarrollo de subescalas específicas psicométricamente robustas (por ejemplo, Singer & Antrobus, 1963, 1972, Wilson y Barber, 1981) que permitieron una mayor investigación sobre varios tipos de ensoñación excesiva y variables de la personalidad relacionadas (por ejemplo, Giambara, 1977, Rauscenberger y Lynn, 1995). La ensoñación excesiva se define como una actividad de fantasía extensa que reemplaza la interacción humana y/o interfiere con el funcionamiento académico, interpersonal o vocacional. Poco se sabe sobre la experiencia y los contenidos de la ensoñación excesiva. Aunque la metodología cualitativa podría arrojar algo de luz sobre estos temas, no se han publicado estudios cualitativos en el campo.7 Las personas que padecen ensoñación excesiva informan que su actividad fantaseante implica un enfoque intenso y absortivo en «mundos privados» espontáneos pero mantenidos y elaborados de fantasía, que se menciona en la literatura como «paracosmos» (MacKeith, 1983). De hecho, las experiencias de soñar despierto y de absorción se han identificado durante mucho tiempo como algo disociativo en la naturaleza. El factor de implicación de absorción-imaginativo de la Escala de Experiencias Disociativas (DES) se compone de experiencias benignas comunes, como estar absorto en una película o perder el hilo de una conversación (Carlson & Putnam, 1993). Estudios factoriales DES (por ejemplo, Ross, Joshi & Currie, 1991) muestran que los elementos de absorción/imaginación son mucho más comunes que los de los otros factores en la escala. Esta se debe principalmente a los elementos DES que buscan abordar la absorción no representan experiencias inherentemente patológicas. Esto es verdadero incluso cuando el puntaje en un elemento individual es alto. La evidencia muestra que la absorción está asociada con la hipnotizabilidad (Smyser y Baron, 1993). La ausencia de una versión psicopatológica de la absorción ha llevado a afirmar que la absorción no está relacionada con el trauma, forma no clínica de disociación. Es un rasgo de personalidad asociado con experiencias normales benignas relacionadas con la capacidad de estar inmerso en un solo estímulo, ya sea externo (por ejemplo, un libro) o interno (por ejemplo, soñar despierto), mientras descuida otros estímulos en el medio ambiente (Kihlstrom, 2005). Las ensoñaciones excesivas pueden representar el final patológico de la absorción de experiencias de espectro. Recientemente, Somer, Lehrfeld, Jopp y Bigelsen (2016) han proporcionado más evidencia sobre la relación entre la Escala de Ensoñación Excesiva (MDS) y la disociación. La correlación significativa entre el puntaje total del DES y el MDS puntaje (r = .55, p et al., 2012). El tempo cognitivo lento (SCT) es otro constructo relacionado. Se formuló la hipótesis de que el SCT describía una constelación de comportamientos que incluye soñar despierto, letargo, somnolencia, dificultad para mantener la atención y la falta de actividad. Las medidas de SCT han mostrado asociaciones con los síntomas del TDAH, particularmente la falta de atención (Jacobson et al., 2012). Los datos de investigación confirman la existencia de déficit de atención entre las personas que padecen ensoñación excesiva. Por ejemplo, los ítems que miden los síntomas de falta de atención del TDAH demostraron efectos más grandes para las diferencias entre las personas que padecen la Ensoñación Excesiva y los que no (Bigelsen et al., 2016). Sin embargo, en un estudio reciente sobre la comorbilidad de la Ensoñación Excesiva, Somer, Soffer-Dudek y Ross (2017) demostraron que las personas que padecen la ensoñación excesiva padecen psicopatología por falta de atención generalizada. No menos del 76,9% de las personas que padecen ensoñación excesiva también cumplieron con los criterios de diagnóstico para el TDAH. Veintisiete de los 30 entrevistados diagnosticados con TDAH se identificaron como tipo inatento (69% de la muestra completa). Los participantes de la investigación han atribuido invariablemente sus funciones de atención perturbada a la ensoñación excesiva y afirmaron que su problema precedió a su TDAH. Los investigadores concluyeron que la ensoñación excesiva no puede explicarse mejor por un trastorno de atención comórbido. Se encuentra evidencia adicional para la afirmación anterior en el hecho de que el 23,1% de las personas diagnosticadas con ensoñación excesiva no cumplían con los criterios para el trastorno por déficit de atención/hiperactividad, lo que demuestra que el TDAH no puede explicar por completo la ensoñación excesiva. Aunque la naturaleza de la relación entre estos trastornos comórbidos todavía no se ha resuelto, el tratamiento para la ensoñación excesiva debe incluir claramente la evaluación de la disfunción de la atención y los componentes del tratamiento derivado. La Escala de Ensoñación Excesiva (del inglés Maladaptive Daydreaming Scale) es un instrumento de autoinforme de 14 ítems diseñado para medir las fantasías anormales. Es una medida estadísticamente válida y confiable de la ensoñación excesiva que diferencia bien entre quienes poseen la patología y quienes no.8 Los diagnósticos de salud mental solo se determinan con base en entrevistas estructuradas administradas por un profesional;910 por lo tanto, no se ha desarrollado ninguna herramienta oficial de diagnóstico para la ensoñación excesiva. Esta es frecuentemente diagnosticada erróneamente como esquizofrenia, desorden mental caracterizado por un comportamiento social anormal y la incapacidad de reconocer lo que es real.11 La esquizofrenia es considerada una psicosis,121314 mientras que la ensoñación excesiva no es considerada como tal, porque la Escala de Ensoñación Excesiva tiene poca relación con una medida de psicosis.8 La diferencia fundamental entre ambas patologías es que los pacientes con ensoñación excesiva son conscientes de que los personajes de sus fantasías no son reales y tienen la capacidad de diferenciar entre lo que es real y lo que no.11 Los pacientes con ensoñación excesiva no oyen voces ni ven a personas que no son reales, mientras que los pacientes con esquizofrenia si tienen estos síntomas.15 No existe un diagnosis oficial para la Ensoñación Excesiva, pero las personas que la sufren coinciden en que es una forma intensa y prolongada de soñar despierto que interfiere con su trabajo, relaciones y actividades generales. Las personas que tienen esta forma de ensueño tienen dificultades para volver a sus actividades cuando se sumergen en un pensamiento. Los síntomas reportados han indicado una dificultad en el desplazamiento de la atención en lugar de dificultades para mantener la atención, ya que parecen mantener su atención lo suficientemente bien como para estar sumergidos en una fantasía durante horas. El desplazamiento de la atención es la capacidad de desplazar la atención apropiadamente de un objeto a otro. Más concreto, redirigiendo el foco de atención de una fijación (es decir, un ensueño), hacia un enfoque diferente de atención (es decir, la tarea que se necesita hacer). Estos actos de soñar despierto son muchas veces reportados como involuntarios, altamente inmersivos y repetitivos, por lo que los pacientes con ensoñación excesiva pueden experimentar algo similar a la «preservación de pensamiento» observada en las personas con trastorno obsesivo-compulsivo y las dificultades de cambio de atención experimentadas por las personas con trastorno por déficit de atención con hiperactividad. Al igual que las personas con problemas de desplazamiento de la atención hacen (es decir, TDAH), las personas con ensoñación excesiva tienden a cambiar constantemente e involuntariamente su atención hacia el interior durante las actuaciones monótonas. La diferencia es que las personas que sufren de TDAH no informan tener fantasías tan inmersivas o prolongadas, dada su menor capacidad de atención. Los pacientes con ensoñación excesiva parecen tener la capacidad de mantener y llamar la atención (atención sostenida) y por lo tanto su incapacidad para concentrarse en una tarea importante en lugar de su ensueño puede deberse a una dificultad en dirigir la atención, volver a la tarea consciente y premeditada (desplazamiento de la atención). Dada su naturaleza privada, es difícil formar una definición generalmente acordada de soñar despierto. La connotación más común es que el soñar despierto representa un cambio de atención lejos de alguna tarea física o mental primaria fijada, o lejos de mirar directamente o escuchar algo en el ambiente externo. La ensoñación normal o fantasía consciente parece más probable que ocurra en condiciones similares a las del sueño nocturno. Una persona que está sola en una situación en la que hay muy poca estimulación externa, quizás la mayoría de las veces justo antes de irse a dormir, es probable que se encuentren involucrados en un ensueño extenso o en un monólogo interior. Soñar despierto tiene mucho que ver con el concepto de mente vagando y hay más estudios realizados bajo este concepto, que bajo el ensueño. En los estudios, la mayoría de los sujetos no estaban conscientes de que su propia mente vagaba, lo que sugiere que la vagancia de la mente es más pronunciada cuando carece de meta-conciencia. Lo que se puede sacar de estos estudios es que la detección de conflictos y el control cognitivo son necesarios para traer la atención de nuevo, por lo que las personas que tienen una alta tendencia a vagar mentalmente, podría muy probablemente tener dificultades con esto. Más investigación debe hacerse en torno a los aspectos neurobiológicos que hacen que una persona sueñe de esta manera. Todos nos obsesionamos con las cosas en diversos grados, hay un valor real en quedar atrapados en los ensueños y sobreenfocados, pero algunas personas sufren de esto a tal grado que interfiere con su capacidad para desenvolverse normalmente. Los síntomas más comunes son:16 Las experiencias individuales son altamente inmersivas.El individuo puede desarrollar un vínculo emocional con los personajes.Tienden a expresar emociones sin darse cuenta mientras sueñan despiertos: por ejemplo, hablan, ríen, lloran, sonríen o fruncen el ceño durante su ensueño.A menudo existe una relación entre la ensoñación y la música: o bien el individuo utiliza la música con el fin de causar los ensueños, o se sienten incapaces de parar cuando escuchan música.El soñar despierto es compulsivo y al individuo le resulta difícil dejarlo, incluso en detrimento de otras actividades y comportamientos.A menudo hay un tic o movimiento/comportamiento que el individuo realiza de forma inconsciente mientras sueña despierto, tales como tocar un lápiz, comerse las uñas o mover su pierna hacia arriba y hacia abajo.En algunos casos, las personas dicen sentirse mareadas o experimentar dolores de cabeza después de sus ensoñaciones.Algunos exhiben síntomas similares al síndrome de Asperger, trastorno de déficit de atención (e hiperactividad) y trastorno obsesivo-compulsivo. Algunas personas con ensoñación excesiva padecen también ansiedad social y/o depresión. Muchas veces sucede en individuos que tienen deseo de hacer las cosas pero que se ven frustrados al no poderlo lograr (como por ejemplo el hacer amistades y socializar en el caso de quienes padecen de síndrome de Asperger).17A muchas personas les preocupa un asunto: inventarse historias en la mente, historias que nunca han existido. ¿Es un trastorno psicológico o se trata simplemente de una forma inocua de pasar el tiempo? ¿Hay que preocuparse o es un inocente resultado de la imaginación desbocada?¿Qué tipo de historias inventas? El primer paso es deslindar el contenido de las historias que creamos. Por ejemplo, cuando después de una situación particularmente estresante recreamos en nuestra mente los mismos hechos pero esta vez con una salida positiva para nosotros es un fenómeno eminentemente catártico. Muchas veces en algunas situaciones sociales no somos capaces o no podemos expresarnos con total libertad, poner las cosas en su sitio. No obstante, reprimir nuestras emociones y formas de expresarnos puede provocar cierta ansiedad o ira que necesita ser liberada, a veces lo hacemos a través de la recreación de los hechos donde nos inventamos nuevos guiones y desenlaces. Cuando esta historia se desarrolla como una catarsis emocional, al terminar nos sentiremos liberados y podemos regresar a nuestra normalidad; si la historia viene una y otra vez a nuestra mente indica que tenemos un pensamiento rumiativo, somos víctima de ideas recurrentes que no podemos eliminar y que indican cierta rigidez de pensamiento de nuestra parte y dificultades para aceptar el curso y los cambios que implica la vida. En éste caso las historias inventadas indicarían cierto grado de desajuste emocional. No obstante, la mayoría de las personas inventan historias de contenido amoroso, se imaginan cómo serían sus vidas con otra persona con la cual no sostienen ningún tipo de relación sentimental. Estas historias pueden ser desde un simple contenido imaginativo sin más trascendencia, característico de los adolescentes, que muchas veces, ante la falta de experiencias en este ámbito recrean situaciones y sus posibles respuestas. En este caso sería una forma de preparación mental ante lo poco conocido o simplemente la expresión del deseo de llegar a mantener una relación amorosa. ¿Cuándo inventarse historias entra en el terreno de lo patológico? Sin embargo, también existe lo que se conoce como delirio erotomaniaco, que ya he explicado exhaustivamente en el libro Psicología Curiosa, donde la persona se enamora platónicamente. El que sufre el delirio erotomaniaco normalmente no busca el acercamiento físico ni intenta una declaración de amor sino que interpreta erróneamente todas las señales de la otra persona como si fueran signos de interés hacia sí mismo cuando realmente no es así. No obstante, se ve con más frecuencia en los ancianos o personas con cierto deterioro cognitivo o con depresión. También las personas con esquizofrenia paranoide suelen inventarse historias muy bien estructuradas aunque su contenido generalmente está relacionado con persecuciones o delirios de grandeza pero en aquellas culturas donde aún predomina el machismo los contenidos pueden estar relacionados con historias de celos e inseguridad. No obstante, para diagnosticar una esquizofrenia paranoide es esencial que el paciente no tener crítica de la enfermedad, por lo cual, el hecho de preocuparse por las historias o reconocer que son producto de nuestra imaginación ya descarta de por sí un trastorno psicótico. Entonces, ¿cuándo las historias inexistentes pueden considerarse como un trastorno? Cuando causan molestia a la persona que las imagina y provoca un deterioro en algunas de sus áreas de actuación como por ejemplo, el hecho de imaginar historias con un supuesto amante conduce a que la persona paulatinamente se desvincule de las relaciones sociales y de la búsqueda de un compañero real. Además, cuando ocupan demasiado tiempo del día. ¿Por qué inventamos historias inexistentes? En el caso de que inventar historias llegue a ser patológico pero sin llegar a un nivel psicótico, las causas son múltiples aunque las más comunes son aquellas donde prevalece una historia personal llena de miedos, rigidez y aislamiento social. En esencia la persona intenta suplir las carencias y privaciones de experiencias a las que ha estado sometida durante una buena parte de su vida. Sería un mecanismo para evadir la realidad y construirse un mundo en el cual se siente más a gusto. No obstante, a veces inventarse historias es sinónimo de una imaginación fértil y pueden ser un fenómeno perfectamente normal en personas equilibradas. Los seres humanos somos capaces de unir la imaginación con la realidad y no siempre el resultado es negativo. ¿Eres adicto a soñar despierto? Ensoñación excesiva, entonación inadaptada o fantasía compulsiva -en inglés Maladaptative Daydreaming- es el término que usó por primera vez en 2002 Eli Sómer, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de Haifa, Israel, para definir la condición de quienes sueñan despiertos o fantasean en exceso. Qué le ocurre a los recuerdos que olvidamos Se trata de un síndrome que, como tal, puede interferir en la vida de quienes lo padecen. De acuerdo con el experto, el límite entre que soñar despierto entrañe un desorden mental o no depende, entre otras cosas, del tiempo que empleamos en hacerlo. Si se realiza durante la mitad del tiempo que pasamos despiertos o más, podría tratarse de un trastorno. Síntomas de la ensoñación excesiva Aunque la definición de ensoñación excesiva y su diagnóstico aún están siendo estudiados y debatidos, investigaciones como la del Profesor Somer señalan algunas características que pueden indicar que se sufre de una psicopatología: - Se tienen diferentes tipos de sueños, a menudo más elaborados, fantásticos o inmersivos de lo habitual. Se fabrican versiones idealizadas de uno mismo o las fantasías envuelven a figuras históricas, imaginarias o celebridades con quienes se tiende a establecer vínculos emocionales. - Se habla durante la ensoñación o se expresan emociones relativas a ella como risa, llanto o enfado. - Las fantasías alteran nuestra capacidad de atención, bien produciendo déficit de atención o bien generando actitudes obsesivas o compulsivas que actúan en detrimento de otras actividades o comportamientos. El límite entre que soñar despierto entrañe un desorden mental o no depende, entre otras cosas, del tiempo que empleamos en hacerlo” - La ensoñación interfiere en la vida cotidiana y comienza a preferirse, por ejemplo, quedarse en casa soñando despierto a salir con los amigos. Quienes lo padecen son capaces de distinguir entre la fantasía y la realidad, lo que los diferencia de las personas con esquizofrenia y, aunque suelen controlar el hábito, éste termina convirtiéndose en una adicción. A raíz de la publicación del estudio del profesor de Haifa, surgieron muchos foros y páginas web donde la gente que se veía reflejada en los síntomas compartía sus experiencias, lo que reafirmó su teoría: el problema existía, aunque aún no se aceptarse como tal en el entorno clínico. Somer también pudo aprender, gracias a estos testimonios, que las causas podían ser variadas y de diversa índole, aunque observó que un alto porcentaje de quienes padecían el trastorno habían sufrido algún episodio de trauma o abuso y soñaban despiertos para evadirse. Además, comprobó que muchas de esas personas tenían una historia familiar de trastornos mentales. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, en lo relativo a la salud mental, siempre hay inifinidad de opiniones, investigaciones y debates abiertos; el cerebro es un órgano asombrosamente complejo y aún hoy supone un misterio para los estudiosos, por lo que siempre resulta complicado establecer baremos y diagnósticos. Con la ensoñación ocurre como con cualquier trastorno: solo se considera un problema cuando supone un impedimento para la persona o interfiere en cualquiera de los aspectos de su vida. Y en caso de que así fuera, el primer paso a dar sería contactar con un profesional.
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