Capítulo 3. Mundos entrecruzados

4560 Words
¡Definitivamente era Carlos! ¿Cómo podría no reconocerlo? Sus rasgos angelicales no pueden olvidarse fácilmente, y yo como toda líder de un grupo de fans, conozco muy bien a mi súper estrella. -Hey, Laura ¿A dónde vas? ¡Espérame! -No tengo tiempo Ámbar, ¡espérame Carlos! -¿Carlos? ¿Acaso está loca? Amiga no corras tanto te puedes caer, mis rodillas son débiles carajo. Lauraaaaaaaa -¡Rayos! Ya no lo veo ¿A dónde se fue? -Toma tu bolso, desde hoy oficialmente te nombro Marileidy Paulino, pareces atleta corriendo wey, 5 cuadras en dos minutos. Me dejaste sin oxígeno ¡Serás la culpable de mi muerte! Por cierto……. ¿A quién buscabas? -Vi a Carlos, definitivamente era él. -Carlossss, uuuuum. Pero ¿Cuál Carlos? ¿Acaso es el chico de la clase de Ciencias? O ¿Será el novio de Sophia? Espera, espera ¿Qué necesitas de algún Carlos para perseguirlo de esta manera? ¿Te debe dinero? ¿Te molestaron con una foto en internet? Los chicos llamados Carlos que conozco no son nada fácil. -¿De qué hablas Ámbar? Carlos es el amor de mi vida. Debo encontrarlo, ¡Sabía que no era solo un sueño! -Espera, Espera…. ¿Te enamoraste otra vez? No sabía que tenías un romance….. Y ¿Estas enamorada de un Carlos? Pero Laura ¿Qué es lo que estas pensando? Ya has pasado por mucho amiga ¿Qué te indica que ese tal Carlos no es igual que todos los hombres que te han lastimado? -No, él no es igual. Es un chico completamente diferente a todos los que he conocido en mi vida. ¡Es un ángel! Pero, él no debería estar aquí, siempre lo veo en mis sueños….. -Disculpa, en tus sueños no, si es un ángel debería estar en el cielo ¿Qué andará buscando en la tierra? ¿Acaso se le cayó su tiara angelical? -Ámbar, ya párale con el sarcasmo. Bueno no vale de nada explicarte, no entenderías. - ¿Entender qué? nunca entenderé si no me explicas. -Olvidalo, ni yo misma entiendo lo que está pasando. -¿Cómo te va con la psicóloga? - Mis terapias están en pausa, estoy resolviendo un asunto más importante. - Oh Laura, en que andarás..... mencionas un tal Carlos y cancelas tus consultas ¡Me tienes preocupada! -Tranquila, ahora mismo no necesito un psicólogo, sólo quiero hallar respuestas a mis dudas. Durante el resto del día investigé en Internet buscando toda información que explicara lo que me pasó y el lugar que visité, recuerdo que se llamaba Giralto, era muy bonito y habían personas igual que yo pero más educadas y perfectas, también allí no se contaban los días ni los meses, sólo los años después de cuatro estaciones, y el nombre de cada año era dado por algún elemento natural que haya marcado ese periodo (cuándo fui era el año Roselto, supongo que le pusieron ese nombre por alguna Rosa). -Laura, definitivamente estás loca. Investigando sobre un mundo que sólo su nombre indica que es falso. -Es cierto, dejaré de hacer eso. Fue sólo un sueño. - La gente te verá como desquiciada si sigues preguntando sobre Carlos y el tal Giralto. -Espera..... Ahora estoy hablando conmigo misma, esto es más loco que investigar sobre mi mundo soñado. Y si era un mundo soñado por dos razones: lo vi en mis sueños y es tan perfecto que cualquiera desearía vivir allí, es increíble en todo el sentido de la palabra. Mientras trataba de soltar los nudos de mi cabeza, llegaba a mi mente el nombre de ese chico "Carlos" y no dejaba de temblar al pensar en él. También me inquietaba el hecho de qué está mañana lo vi, y no en su mundo sino en el mío, en San Francisco vi a mi hombre soñado, pero no sé dónde está. Realmente no puedo creer que yo, ¡específicamente yo! Me encuentre en este dilema mental qué sólo había visto en libros, series y películas de la televisión. ¿Qué viajé a un mundo de ensueño? ¡Por Dios! ¡Vaya broma! ni que fuera Alicia en el país de las maravillas!!! He visto series, películas y leído libros sobre viajes en el tiempo (pasado y futuro), al espacio, a lugares imaginarios, a realidades paralelas, a lugares en alta mar, entre otros. Papeles como los de Alicia, Carolyne, etc., han iluminado nuestras pantallas y nuestras vidas con travesías increíbles que nos hacen soñar y creer que aún podemos ser felices. Ahora sólo falta que vaya dónde un sabio anciano que me dé información, o que aparezca un hada madrina que me explique lo que está pasando, pero no, eso no sucederá.... esas historias son viejas ¡Estamos en 2021 por Dios! Las suaves manos del sueño tocaron mi cabeza y cerrando lentamente mis ojos me dormí... Al cabo de un rato despierto y a diferencia de otras ocasiones no estoy en el mundo de mis sueños, sigo aquí en la biblioteca con un cúmulo de libros futuristas y el computador al frente. En estos momentos surge la pregunta.... ¿Cuál es la situación que detona mi visita al otro mundo? Espero saberlo pronto.... porque quiero volver allí. El reloj marca las tres de la tarde, en mi mesa bibliotecaria hay residuos del desayuno y la comida que comí, a parte de que la hora ha cambiado y he conocido un poco sobre las fábulas y creencias de los viajes a otros lugares, no he podido descifrar nada sobre Carlos o mi sueño. Creo que debería ir a casa y descansar un poco. (toc, toc) -¡Un segundo! -Mamá abre la puerta, estoy cansada y verdaderamente no aguanto mis piernas. - Oh! Pero si es la señorita Laura. Imagino que te fue muy bien en tus tareas. ¡Pasaste medio día en la biblioteca! A menos que estuvieras haciendo otras cosas.... -Ay si Carmen o mejor dicho mamita querida, siempre encuentras defectos en mí, la verdad no me sorprende que me hables así, tú nunca me has querido. -¡Ya vienes con la hoja vieja! Me tiene harta esta situación. No te soporto ni a ti ni a tus reclamos. -¿Sabes qué? mejor me voy a mi cuarto, nunca debí iniciar está conversación contigo. La conversación que escucharon suena grave, pero es algo normal siempre pasa. No tengo madre (aunque vivo con ella) ese es uno de los motivos por los cuáles quiero desaparecer de este lugar... Si tan sólo pudiera dormir y despertar en aquel paraíso junto a mi querido Carlos, pero no tengo sueño, usar pastillas de dormir es trampa y creará en mi adicción. sería mejor esperar tener sueño y que mi deseo de ir a mi mundo soñado se cumpla, mientras tanto investigaré más, puede ser que encuentre respuestas. -Aaah, ya sé. ¡Tengo una gran idea! preguntaré a mis amigos en las r************* sobre Giralto, tal vez no sólo yo viajé a ese mundo y por ende, no esté tan loca como creo. Con una lucha mental entre la duda y la convicción, decidí escribir el siguiente mensaje en todas mis cuentas sociales: ¡Queridos amigos! ¿Alguien ha escuchado hablar de un lugar llamado Giralto? O ¿Han soñado que se encuentran en un mundo diferente a este? Para ser sincera, soy una chica bastante extraña (a diferencia de lo que opinan los demás), consideré que buscar a un viejo sabio y preguntarle sobre Giralto resultaba descabellado más, sin embargo, accedí a decirle a todo el mundo en internet sobre mis locos pensamientos ¡Ay Laura Cabeza hueca! Cómo imaginarán, no soy una celebridad, por lo que el número de respuestas que recibí en las redes con respecto a mi pregunta no fueron muchas, y se pueden resumir en las siguientes "El maestro de Álgebra agotó las pocas neuronas que te quedaban" "Estas loca, eso me recuerda a los pitufos " "Nunca he escuchado ese nombre" "Cuándo vuelvas a ese lugar invitame jaja" "Ojalá yo soñar estar en otro mundo, pero lamentablemente sólo sueño con los pleitos de mi esposa ". Dentro de la gran oleada de mensajes ví uno que llamó mi atención: "Viajas a los lugares que deseas y muchas veces tú mismo creas esos lugares". La persona que lo escribió resultó ser anónimo, intenté contactarlo pero fue en vano, más sus palabras retumbaron constantemente en mi cabeza. Había un mensaje que no se podía quedar, y ustedes reducirán quién lo escribió "Entonces amiga todo f*******: sabe tus problemas menos yo, ya estoy sola en el mundo", y sí, como suponen fue escrito por Ámbar, a quién ya les oía los pasos galopando en el jardín..... (tic, toc) -Amiga ¿Cómo entraste? -Tu madre me abrió la puerta, pero no creas que por tus palabritas amorosas perdonaré lo que hiciste ¡Esto es inaudito! -Si amiga lo sé, intenté explicarte cuándo seguí al chico está mañana, pero es difícil de entender, ni yo misma entiendo lo que pasa, pero te contaré y tal vez puedas ayudarme. ¡Perdón por dejarte afuera de esto! -Por más que lo intente no puedo enojarme contigo ¡Bruja sobornadora! -¡Te quiero amiga! -¡Ya! dejemos los besos, abrazos y palabras cursis. Vamos a la acción, cuéntame... En ese momento le conté a mi querida amiga Ámbar todo lo que pasó, mis sueños y toda la incertidumbre que había en mi cabeza. -Aaaaah. Dentro de los mensajes que recibí, hubo uno que me llamó la atención, decía "Viajas a los lugares que deseas y muchas veces tú mismo creas esos lugares" -¿Es decir que probablemente tú te imagínate todo eso porque querías un mundo así? pues tal vez todo es falso y sólo está en tus pensamientos. -Es probable... -En algún momento de tu vida lo deseaste, debemos hacerte recordar. -Tengo una idea!!!! vamos a mirar mis diarios y cuadernos escolares, algo podemos encontrar. De niña era una chica tímida pero amigable, despistada pero con mucho arte (amante de los dibujos y el canto), solitaria pero ingeniosa. ¡Era una ternurita! No muy diferente a como soy ahora. Recuerdo que pasaba horas y tardes enteras pintando, cantando y haciendo manualidades, en ese momento era realmente felíz. Los sabios chinos dicen que la felicidad no depende de las circunstancias, sino de la actitud. También se dice que nadie es completamente feliz, sino que hay momentos felices. Independientemente de la definición de felicidad que tenga el mundo, puedo decir a ciencia cierta que en mi vida infantil fuí feliz. Mis abuelos y mis hobbies marcaron mi historia, y esas marcas han estado en mi vida para siempre. Con espíritu de detectives iniciamos nuestra busquedad: la escena del crimen fue mi habitación, y las evidencias fueron mis cuadernos y diarios, fue una larga búsqueda, y cuándo pensamos no encontrar nada..... de repente se oyó el grito de Ámbar ¡Aquí está! Era cierto, en una hoja maltratada por los años pero con colores vivos figuraba un dibujo infantil de lo que parecía una ciudad, y dificultosamente se leía la palabra: Giralto. // El cerebro distingue lo real de lo imaginario antes de que el sujeto sea consciente de un pensamiento o recuerdo. Cuando este mecanismo cerebral se atrofia, las personas viven en realidades inventadas. Y cuando improvisamos una respuesta, el cerebro también la archiva como real y nos lleva a confundir recuerdos con fantasía. El cerebro es el que decide si un pensamiento se refiere o no al presente, si es real o imaginario, antes incluso de que el sujeto sea consciente de ese pensamiento, informa la Universidad de Ginebra en un comunicado. La región cerebral cortico-frontal y sus conexiones es la que asegura que nuestros pensamientos y nuestro comportamiento estén sincronizados con la realidad, incluso cuando nuestra mente divaga con fantasías. Los estudios realizados en esta universidad han utilizado la electroencefalografía de alta resolución en sujetos sanos para medir la rapidez con la que el cerebro procesa las informaciones. De esta forma han demostrado que el proceso cerebral de procesamiento de la realidad percibida se desarrolla a una velocidad de entre 200 y 300 milisegundos después de la evocación de un recuerdo o un pensamiento. (Un milisegundo es la milésima fracción de un segundo). Sin embargo, el reconocimiento consciente de la información recibida se desarrolla más despacio, entre 400 y 600 milisegundos, lo que pone de manifiesto que el sujeto acepta una información como real o falsa después de que el cerebro haya realizado su selección. Según explica el neurólogo Armin Schnider, director del departamento de Neurociencias de la citada universidad, los pensamientos sufren el filtro de la realidad al mismo tiempo que el cerebro los codifica. El cerebro almacena por un lado los pensamientos que se refieren al presente (la realidad) y por otro lado los que son imaginarios o fantasiosos. Esta secuencia es la que permite al sujeto distinguir el recuerdo de un hecho real de otro imaginario, según la clasificación que ha hecho el cerebro sin su conocimiento. Viviendo en una falsa realidad Por eso, cuando la zona cortico-frontal está dañada, las personas pierden la capacidad de distinguir lo verdadero de lo falso, el pasado del presente, y no tienen forma de darse cuenta de que su realidad es falsa. Ocurre por ejemplo después de un accidente cerebral, que lleva a determinados pacientes a vivir en una realidad paralela que a menudo es una especie de reconstrucción deformada de recuerdos verdaderos, añade Schnider. Los investigadores de la Universidad de Ginebra han observado que, curiosamente, los pacientes que confunden la realidad no se dan cuenta de que los acontecimientos que ellos esperan no ocurren nunca. Esta observación confirma los resultados de estudios anteriores que habían identificado ciertas neuronas en la región órbito-frontal que sólo se activan cuando una recompensa espera no se materializa. Si estas neuronas no funcionan bien, los pacientes pueden quedar colgados de una realidad que se repite permanentemente, en bucle. Esas mismas neuronas están presentes en otras regiones colindantes del cerebro y se activan también cuando las redes neuronales principales se dañan, por ejemplo la región córtico-frontal que marca la diferencia entre lo real y lo imaginario. Este fenómeno explica por qué sólo el 5% de los pacientes que han sufrido un daño cerebral, como un accidente vascular o un traumatismo, en esta región, desarrollan una confusión entre la realidad y sus confabulaciones: el daño en la región córtico-frontal es compensado por las neuronas de la región órbito-frontal. Armin Schnider precisa que por este motivo los pacientes que padecen confabulaciones en su mayoría recuperan con el tiempo el sentido de la realidad, gracias a ese mecanismo de compensación de las redes neuronales vecinas a la región córtico-frontal. También señala que, a menudo, persiste la amnesia en estos pacientes. En psiquiatría la confabulación es una enfermedad mental que consiste en que una persona rellena las lagunas de su memoria con experiencias inventadas que en realidad nunca han ocurrido. La persona no es consciente de que lo que cuenta no es cierto y, además, lo olvida enseguida. También en personas sanas Schnider señala que la confabulación no es exclusiva de las personas con un daño cerebral, ya que la reconstrucción ordinaria de los recuerdos puede también provocar errores. Destaca que cuando se nos pregunta por nuestras experiencias, tendemos inconscientemente, en caso de duda, a inventar nuestras respuestas. En ese caso, nuestro cerebro guarda esa respuesta improvisada como un recuerdo verdadero, una observación que permite manipular la memoria de una persona, dependiendo de la forma en que se le formula la pregunta. Por eso concluye que estar convencido de la verdad de un recuerdo no es garantía suficiente de su exactitud. Los resultados de estas investigaciones sobre la realidad, los mecanismos cerebrales implicados en su reconocimiento y en la distinción de la fantasía, fruto de más de 20 años de trabajo, se recogen en un libro cuya segunda edición acaba de ver la luz: “The Confabulating Mind”, publicado en Oxford University Press. El libro recoge en varios capítulos la historia de la confabulación y su desarrollo en pacientes, así como el tema de los falsos recuerdos, que nos afectan cotidianamente sin darnos cuenta, y aborda casos específicos de manipulación de la memoria, que tiene una importancia especial en casos judiciales. Cuando la mente es la que crea la enfermedadLa neuróloga Suzanne O’Sullivan retrata en un libro a los pacientes que tienen trastornos psicosomáticos, es decir, que sufren síntomas físicos de enfermedades que no tienen La mayoría de la gente acepta sin problema que el corazón le palpite con fuerza cuando ve a la persona de la que está enamorado o que le tiemblen las piernas cuando va a hablar en público. Son emociones que provocan síntomas físicos reales. Sin embargo, cuesta aceptar que los mismos pensamientos que te encogen el estómago puedan llegar a provocar dolencias tan graves como ceguera, convulsiones o parálisis. Y sin embargo, así lo recoge Suzanne O’Sullivan en su libro Todo está en tu cabeza (Ariel, 2016), en el que hace un repaso por algunos de los casos de enfermedades psicosomáticas más impactantes con los que ha lidiado a lo largo de su carrera. Una vez, la neuróloga O'Sullivan tuvo una paciente llamada Linda que se había notado un pequeño bulto en el lado derecho de la cabeza. Era solo una acumulación de grasa, pero no dejaba de hacerse pruebas y comprobaciones. Al poco, perdió la sensibilidad del brazo y la pierna derechos: la paciente estaba segura de que el bulto había llegado al cerebro. Cuando O'Sullivan la vio, la parte derecha de su cuerpo, donde tenía el bulto, había perdido todo movimiento y sensibilidad. El hecho de que Linda no supiera que la parte derecha del cerebro controla la parte izquierda del cuerpo había hecho que su mente se equivocara al crear sus síntomas. Linda sufría un trastorno psicosomático: sus pensamientos le causaban síntomas de una enfermedad que no tenía. "Tu cuerpo te está diciendo que algo no va bien dentro de ti y que no lo estás viendo" Cuando O’Sullivan se estaba especializando como neuróloga, le enseñaron a despachar a los enfermos que tenían síntomas físicos causados por conflictos mentales. “Todos mis pacientes tenían convulsiones pero en el 70% de los casos no tenían epilepsia: por más que les examinaba no encontraba ninguna lesión ni causa neurológica que explicase sus síntomas. Tenía que ser algo psicológico”. Pero decirles que no tenían epilepsia y mandarlos a casa no les suponía ningún tipo de consuelo, así que la doctora se sintió obligada a encontrar la manera de ayudarles. Fue en 2004 cuando empezó a hacer algo al respecto. Desde entonces, cuando da con un paciente con síntomas pero sin lesiones neurológicas, intenta hacerle entender que el origen de sus males es un problema psicológico que no está resolviendo bien. Pero los pacientes no suelen aceptar este diagnóstico. “Tienen un estrés mental del que no son conscientes y alguien les está obligando a enfrentarlo. Esos síntomas son una manifestación del organismo: tu cuerpo te está diciendo que algo no va bien dentro de ti y que no lo estás viendo”, cuenta la neuróloga. Nadie está a salvo de estas enfermedades, hay cientos de causas que las originan. Según O’Sullivan, los casos muy extremos, como los ataques o las parálisis, suelen nacer de traumas psicológicos severos; los menos graves pueden surgir de un cúmulo de agobios pequeños que los pacientes no saben gestionar. “Depende de la atención que la persona presta a los dolores. Si se obsesionan y tratan de buscar una y otra vez una explicación médica que no existe, es posible que acaben desarrollando la enfermedad psicosomática”, explica O’Sullivan. "Las discapacidades que ideamos son tan infinitas que ya he dejado de creer en los límites" Para curarse, la atención psicológica es indispensable. Según O’Sullivan, lo primero es abandonar la idea de que hay una enfermedad orgánica. La siguiente fase es ver cómo la mente afecta al cuerpo: si sientes palpitaciones y te das cuenta de que tienes ansiedad, empezarán a ser mucho menos graves al saber por qué están causadas. Pero si las asocias a problemas del corazón y las pruebas médicas no reafirman tu idea, probablemente te obsesiones y las palpitaciones empeoren. “A veces los pacientes desean desesperadamente que encuentres un mal resultado en las pruebas, que pongas nombre a su enfermedad y les recetes unas pastillas que justifiquen sus dolores”, cuenta la neuróloga. Este problema es mucho más común de lo que parece. El 30% de las personas lo sufre y la inmensa mayoría ni siquiera lo sabe. Tras más de diez años de dedicación a las enfermedades psicosomáticas, Suzanne O’Sullivan sigue sin poder elegir cuál ha sido el caso más grave que ha visto. “Los casos más duros son los de la gente que enfermó cuando tenía 16 años y a los 50 sigue viendo a médicos. Están ciegos o en silla de ruedas y siguen operándose. Hay gente que conozco que come a través de un tubo pero no tiene ninguna enfermedad orgánica. Cada parte de su cuerpo ha sido afectada por su mente”. Para Suzanne O’Sullivan ya nada es increíble. “Las discapacidades que creamos con nuestra mente son tan infinitas que ya he dejado de creer en los límites”. La ensoñación excesiva (en inglés, maladaptative daydreaming) es un fenómeno psicológico, caracterizado por una actividad fantasiosa excesiva que reemplaza la interacción humana e interfiere con el trabajo, las relaciones y las actividades generales.1 Quien padece esta patología, sueña despierto o fantasea excesivamente, asumiendo roles y personajes en escenarios creados a su gusto. Las personas que padecen de ensoñación excesiva son conscientes de que los escenarios y personajes de sus fantasías no son reales y tienen la capacidad de determinar lo que es real, elementos que los diferencia de quienes padecen esquizofrenia. Algunas personas con este trastorno han reportado que el fantasear se siente como una adicción y que tiene un impacto negativo en sus vidas.2 Estas personas experimentan fantasías muy vívidas y complicadas y podrían desarrollar emociones hacia los personajes de sus fantasías; la mayoría de ellos mantiene en secreto esta conducta.3 El término maladaptive daydreaming fue acuñado por Eli Somer,4 y fue descrito en 2009 por Cynthia Schupak y Jesse Rosenthal, 5 quienes publicaron los resultados de un estudio basado en cuestionarios vía electrónica en 2011.3 Para su tratamiento se utilizan los medicamentos escitalopram (una tableta al levantarse) y amitriptilina (una tableta cada 8 horas).[cita requerida] El acto de soñar despierto se ha considerado desde hace tiempo como producto de material tácito o inconsciente. 6 Freud sugirió originalmente que el acto de soñar despierto representaba un intento de solución a un estado de privación o conflicto subyacente en el individuo y que la fantasía surgida en la conciencia podría representar un término medio entre un deseo frustrado y los requisitos de ajuste social o restricciones morales de la sociedad. Los desarrollos posteriores en el psicoanálisis han enfatizado en los desarrollos libres de conflicto de la mente. Hartman (1958), por ejemplo, sugirió que la fantasía en sí misma no tiene que surgir solo de la frustración o la gratificación diferida, sino que puede servir para funciones adaptativas para el organismo desde el principio. Klinger (1971) sugirió que la mayor parte de las fantasías, tanto en el sueño normal como la ensoñación diurna son una representación de las «preocupaciones actuales». No obstante, la ensoñación diurna no ha sido reconocida como un tema de investigación psicoanalítica o psicoterapia. Barth (1997), quien también notó este fenómeno, lo atribuyó al hecho de que los sueños diurnos raramente se mencionan espontáneamente en la terapia. Ella postuló que los sueños diurnos han permanecido inexplorados en la psicoterapia porque los terapeutas no preguntan por ellos, a pesar de ser un medio útil para ayudar a los pacientes a obtener acceso a su mundo interno. En su libro seminal, Daydreaming, Singer (1966) informó que el 96% de los adultos estadounidenses presumiblemente normales, educados, se involucraron en alguna forma de ensoñación. Se informó que esta actividad mental se produce principalmente cuando uno está solo (por ejemplo, en la cama antes de dormir) y se dice que se enfoca principalmente en la planificación de acciones futuras y la revisión de contactos interpersonales. Existen pocos datos sobre la cantidad de sueños diarios normales. En consecuencia, no existe información normativa sobre lo que constituye una ensoñación patológicamente elaborada o anormalmente extensa. Por otro lado, ha habido un esfuerzo fructífero para cuantificar los rasgos asociados con soñar despierto. En el contexto de un estudio de sujetos hipnóticos, Wilson y Barber (1981, 1983) descubrieron casualmente un grupo de soñadores que luego fueron catalogados como «personalidades propensas a la fantasía». Se decía que estos individuos compartían la tendencia a «vivir gran parte del tiempo en un mundo creado por ellos mismos, en un mundo de imágenes, imaginación y fantasía» (Wilson y Barber, 1981, p. 31). Los autores calcularon que la propensión a la fantasía se manifestaba hasta en un 4% de la población, y observaron que caracterizaban experiencias generalmente adaptativas, fantasías y rasgos de la personalidad. Se obtuvo un amplio apoyo para la construcción de Wilson y Barber por Lynn y Rhue y sus colaboradores (Lynn y Rhue, 1988; Lynn, Rhue y Green, 1988; Rhue y Lynn, 1989; Rauscenberger y Lynn, 1995). Wilson y Barber (1981) afirmaron que las personas propensas a la fantasía están, en general, bien adaptadas. Han argumentado que un 14% (Rhue, Lynn, Henry, Buhk y Boyd, 1990). Dos tercios de Rauscenberger y la muestra no clínica propensa a la fantasía de Lynn cumplían con los criterios del diagnóstico del Eje I pasado o presente del DSM-III-R (Asociación Psiquiátrica Americana, 1987). Informaron que, en comparación con los no eran fantasiosas, los fantaseadores eran significativamente más propensos a la depresión (1995). Este hallazgo estaba en línea con los datos informados previamente (por ejemplo, Giambara & Traynor, 1978; Singer, 1966, 1975). Concluyeron que para ciertos individuos, la propensión a la fantasía podría estar asociada con una psicopatología significativa. Gold, Gold, Milner y Robertson (1986) mostraron datos consistentes con la teoría de que las ensoñaciones de sujetos angustiados sirven como parte de un ciclo de retroalimentación negativa (Gold & Minor, 1983; Starker, 1982). Decidieron que las personas psicológicamente sanas usaran sus ensoñaciones de una manera que realza sus buenos sentimientos acerca de sí mismos mientras que las personas angustiadas interpretan sus ensueños como otro signo de debilidad o insuficiencia. Se ha llevado a cabo una extensa serie de estudios de cuestionarios altamente estructurados con individuos normales para establecer el patrón de los procesos del flujo de conciencia. Este tipo de esfuerzo de investigación resultó en el desarrollo de subescalas específicas psicométricamente robustas (por ejemplo, Singer & Antrobus, 1963, 1972, Wilson y Barber, 1981) que permitieron una mayor investigación sobre varios tipos de ensoñación excesiva y variables de la personalidad relacionadas (por ejemplo, Giambara, 1977, Rauscenberger y Lynn, 1995). La ensoñación excesiva se define como una actividad de fantasía extensa que reemplaza la interacción humana y/o interfiere con el funcionamiento académico, interpersonal o vocacional. Poco se sabe sobre la experiencia y los contenidos de la ensoñación excesiva. Aunque la metodología cualitativa podría arrojar algo de luz sobre estos temas, no se han publicado estudios cualitativos en el campo.
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