• CAPÍTULO XIII •

3216 Words
El antes nombrado no había dudado nada en levantarse y lanzar su mirada desde su asiento hasta a mí esperando a que yo imitada sus movimientos, pero estaba tan confundida y algo indignada viendo a Adelaida que unos cortos segundos que parecieron eterno por la incomodidad, me levanté indicandole a Thomas con la cabeza que me acompaña mientras dedicaba una sonrisa forzada a la visita siendo borrada al ver a mi abuela. Ella sentía vergüenza, podía percibirlo, ella sabía que había logrado ver su plan y aunque yo sabía que no admitiría nada ni se retractaria, ella entendía que aquello no me había agradado en lo absoluto. Thomas no tardó nada en acercase a mí en silencio quedando a mi lado mientras me sacaba una cabeza de alto, llegando realmente a la altura de Hugo. No quería compararles, realmente ni siquiera quería recordarle pero era bastante difícil no hacerlo teniendo a alguien bastante parecido frente a mí y, el saber que aún existía una copia física exacta de él, me ponía más nerviosa, aún cuando sabía que buscaría la manera de hundir tan profundo a Daniel junto con su padre, que ni siquiera tendré que preocuparme en llegar a verles algún día. — ¿Eres así de callada siempre? — Murmuró llamando mi atención el pelinegro y yo me detuve a verlo al llegar a la puerta de el patio. Sus intensos ojos me veían expectantes antes mi pregunta y el echo de que el ventanal, al ser de noche, no proporcionara tanta luz para verle el color de sus ojos. Aquellos me vieron tan intensamente que debido a su oscuridad y sus facciones marcadas, logró intimidarme. — Realmente suelo hablar más de la cuenta — confesé con vergüenza abriendo la puerta y dejando que este entrara, o mejor dicho, saliera al patio seguido de mi pequeño cuerpo. — solo que no puedo evitar sentir algo de vergüenza contigo. — ¿Por qué? — se limitó a preguntar pero cuando mis ojos viajaron nuevamente nerviosos a la puerta que ya se había cerrado, éste no me dejó responder y respondió adivinando lo que diría. — No les hagas caso — negó confundiendome. — Ellas me conocen de toda la vida, realmente he venido antes a éste lugar, y no han pasado años sin verse — confesó reprimiendo su diversión viendo a su vez el patio, y trayendo mi sorpresa al desmentir aquello ante mí. — solo que son algo controladores y desde que llegaste, tanto Adelaida como mi madre han estado insistentes en verse para claramente... ya sabes... — balbuceó lo último como si yo supiera pero realmente dudaba en un pequeño detalle. ¿Conocernos como amigos o como algo más? — Yo no tenía idea de nada — admití sintiendo mucha más vergüenza. — Lo sé, y lamento la situación incómoda, ellas son así — soltó con suavidad y ésta vez él se movió con libertad siendo ésta vez yo la que le siguiera a su lado. Él sabía dónde estaba todo, sabía donde estaba aquél columpio grande y al detenerse me miró sin hacer falta que me indicara que me sentara para yo hacerlo y éste al igual que yo se posara a mi lado. — Adelaida es a veces dura con mis amistades, quiere ser ella la que las seleccione — comenté retomando la conversación pero su mirada curiosa o confundida me distrajo por un momento. ¿No hablábamos de éso?. — Yo...— balbucee buscando una manera de explicar todo y que comprendiera — tengo amigos en Wisconsin y realmente son buenas personas pero, ella no opina lo mismo y — suspiré soltando con imprudencia aquello que me tenía guardado — justo ayer mi mejor amiga me invitó a una fiesta porque piensa que iré para allá, realmente es algo pequeño — corregí — el punto es, que ni siquiera le he dicho a Adelaida porque temo que me negará ir y cometí el error de afirmar que iría sin saber realmente. Había esperando una respuesta o algo contribuyendo a la plática pero, vergonzosamente una ligera sonrisa reprimida que se vió más bien, burlona, fue plasmado en sus labios y al percibir mi confusión, éste no pudo aguantar más y mostrando su reluciente dentadura soltó una pequeña risita que sonó como una hermosa melodía en aquél silencio. ¿Se burlaba de mí? ¿A caso yo le daba risa? — “todos quemamos esa etapa” — canturreó tratando de imitar una voz burlesca aunque al ser tan grave no pude decifrar de quién — y te mueres por salir a una fiesta — culminó viendo que se refería a mí. No podía sentir más vergüenza que ahora y además de vergüenza algo de indignación por como me juzgaba cuando le había explicado todo. — Pues, tengo ya tiempo sin ver a mis amigos y realmente quiero ir para verlo, no por la fiesta — corregí apenada y éste como si se riera de mi pena sonreía aún más. — Dile a Adelaida — respondió con simpleza — Ella no es tan dura como parece. — respondió haciéndome dudar de que realmente la conociera. — Cuando estaba más joven solía querer ir a lugares que mi madre no me permitía y gracias a ella que la convencía, fuí a todos los conciertos de rock que estuvieran aquí en Chicago. Reí — Tú Adelaida no es mí Adelaida. — negué. — Te aseguro que sí — contradijo. — Si deseas podría hablar con ella, estoy completamente seguro de que a mí no me negará, ella tiene cierto — dudó buscando la palabra — favoritismo conmigo. Sí y vaya que era su favorito si había hecho aquella reunión con motivos ocultos sin consultarme primero. — Me harás sentir envida — confesé burlona haciéndole sonreír nuevamente. — pero no — negué — no es necesario que hables por mí, realmente solo fue un comentario y ya, no pido tu ayuda. — No me molestaría hacerlo. — De verdad, no es necesario — repetí negando nuevamente y éste calló haciéndome sentir nerviosa. Sus ojos estaban tan fijados en los míos y realmente sentían la enorme necesidad de desviarlos avergonzada pero, extrañamente, no lo hacía, era como si no pudiese despegarlo de los suyos o como si de verdad anhelaba que Hugo me viese. «Hugo... Él no era Hugo.» ¿En qué estaba pensando? — amm... — tartamudee apartando mi mirada rápidamente e intentando generar un tema de conversación a aquél agradable silencio que se había convertido en uno incómodo para mí. — ¿Así que ayudas en la empresa de tus padres? — pregunté lo primero que se me vino a la mente haciendo que éste igualmente desviara su mirada y apretase ligeramente su mandíbula. Un pequeño suspiro acompañado con un leve carraspido fue soltado de sus labios como si ésto le ayudase a salir de su transe igualmente, para luego voltear a verme vagamente — Sí, mis padres de echo tienen varios locales y farmacias que dejan a mi cargo en la administración. Como sabrás, mi padre es un prestigioso doctor y no tiene de suficiente tiempo, mi madre suele estar ocupada con las adquisición de los productos para vender en los locales y yo suelo trabajar para ellos cuando me lo piden. — respondió. — Realmente a lo que de verdad me dedico me veo limitado por mis padres, insisten en que trabaje para ellos a que pelee. — confesó con una sonrisa burlona dejándome confundida. «¿Había oído bien? ¿Peleas?» y como si hubiese leído mis pensamientos respondió. — soy boxeador. Creí que todos los boxeadores tenían la cara completamente desfigurada pero Thomas lo único que tenía de un boxeador o de alguien que entrenara bastante era su físico y su intimidante mirada. Sin embargo, aquella información solo hizo que detallara más minuciosamente su rostro en busca de alguna cicatriz o indicio de algún golpe cosa que no encontré, solo había notado su labio algo partido pero había imaginado que era por resequedad, quizás. — ¿Boxeador? — pregunté sorprendida. Asintió. — Pues, claramente van a protestar, ¿Qué madre querría ver a su hijo con moretones en su rostro?. — Ella no protesta por lo que me pase o no en una pelea — soltó y, como si aquello no hubiese querido decirlo, rápidamente calló dejándome aún más confundida. Si no era por la seguridad de su hijo, ¿Por qué otra cosa sería?, ¿Por cuidar su apariencia?... — No quiere que las personas te vean así... — murmuré por lo bajo haciendo que apretase ligeramente sus músculos y en su mirada reflejase aquella lucha interna en si hablar o no hacerlo. — quizás solo no quiere que te vean con moretones y golpeado... — traté de justificar siendo callada por él al instante sin dejarme terminar. — A ellos solo le importa como me vean sus conocidos — corrigió. — El boxeo no es una carrera como medicina, administración o algo de lo que ellos estén orgullosos, — respondió dándome a entender por la entonación de sus palabras que aquello era lo que le decían a él. — Entiendo su inconveniente en cierto modo pero, deja de hacerte sentir compasión cuando tratan de ocultarme o apartarme de aquello nada más porque les preocupa lo que los demás digan. — ¿Por qué me lo haz dicho a mí? Se encogió de hombros — ¿Por qué no? No me molesta lo que hago — negó orgulloso — son ellos. Además, tengo en frente de mí a una mentirosa fiestera, debía decirte algo para estar a la par. Sonreí. — “Mentirosa fiestera” — traté de analizar con humor todo lo que me había dicho y así quitar aquella pequeña tensión que se había generado antes al hablar de sus padres. — Eres boxeador y ¿ni un moretón tienes? — pregunté curiosa haciéndole sonreír. — realmente estoy empezando a sentir deseos de llegar a verte en una pelea y saber cómo le haces. Negó y aquella pequeña risita nuevamente fue soltada por él haciéndome sentir un extraño cosquilleo por todo mi cuerpo. Era realmente sensual al igual que su sonrisa de lado que lo hacían ver coqueto. Hacía mucho que no veía una sonrisa asimilar y que hasta al sonreir, otra sonrisa que conocía se viera reflejada hizo que tragase con fuerza para evitar arruinar aquél agradable momento que se había formado. — sí tengo, tengo algunos moretones de mi última pelea — afirmó divertido — solo lo cubro, si mi madre me llegara a ver con ellos armaría un escándalo. — Llevas maquillaje — dije sorprendida asiendo que éste acintiera. — Pues me temo que tendrás que darme clases a mí, no se nota que lleves. — Tendrás que pedírselo a Nicole, ella fue la que me enseñó — rió como si al decirlo a él mismo le causara vergüenza. Reí. — Y aprendiste muy bien — aludí burlona. Éste quiso responder, sin embargo aquella risa fue apagada desviando su mirada en algo, o mejor dicho, en alguien detrás de mí haciendo que igualmente voltease a ver. Una delgada figura con un vestido ya hacía acercandose a nosotros con aquella odiosidad que le envolvía tal y como había llegado a ésta casa y al acercarse, no se molestó en intentar anunciarse y, con su voz dura y creída habló: — Los están esperando, el postre está servido. — fue lo único que dijo antes de marcharse sin esperar alguna respuesta. Y como si estuviesemos completamente sincronizados, tanto Thomas como yo nos levantamos y no pude evitar cruzar miradas que rápidamente fue rota por mí. Muy internamente me molestaba admitir que me agradaba pero, sin duda, más me molestaba admitir que era extremadamente atractivo. Nuestro camino a adentro de la casa fue en silencio tal y como había sido al venir, solo que realmente no me sentía incómoda, si no todo lo contrario. Estar con él extrañamente me hacía sentir familiarmente cómoda y, en algún punto llegué a pensar que quizás si reprimia aquello que era sumamente evidente, podría ser un gran amigo. Al entrar, todos estaban sentados en aquella mesa solo que el plato era distinto, ellos comían de una rebanada de torta de chocolate con una bolita de helado arriba la cual comenzaba a derretirse en el plato de Thomas y el mío. Y, como era de esperarse, todos, a excepción de Nicole, voltearon a vernos expectantes como si anhelaran que algo pasara frente de ellos. Apenas habíamos hablado un rato, ¿Qué esperaban? ¿Que llegáramos agarrados de manos? — Los estábamos esperando — fué lo primero que dijo Mónica divertida mientras llegábamos a la par de la mesa. — Se nos ha pasado el tiempo — comentó con simpleza Thomas haciendo que tanto Adelaida como la antes nombrada se vieran cómplices. Era realmente evidente todas las expresiones que hacían y no fui la única en notarlo puesto que aquél peligro giró a verme y de su cara inexpresiva, una ligera sonrisa burlona siendo reprimida, estúpidamente hizo que sonriera igualmente al verlo. Un estúpido error muy evidente y que le habría costado mirar, puesto que aquella escena para unas madres que deseaban aquello, no iban a interpretarlo como que nos burlabamos de ella, sino que lo tomarían como que ambos nos sonreímos enamorados. — Bueno — murmuró con picardía Adelaida sin parar de vernos — Me alegra que se hayan agradado, porque ambos pasarán más tiempo juntos. — comentó sin descaro confundiendome. ¿Más tiempo juntos? Y, como si necesitara sentarme para no caerme, mi cuerpo rápidamente se sentó en el puesto en el que antes estaba frente a mí plato, salvo que Thomas, en vez de rodear la mesa y sentarse en frente como había echo al llegar, éste aprovechó la silla disponible frente de él para sentarse a mi lado llamando rápidamente la atención de todos, incluyendo la mía, salvo que la única en tomar acción fue una de las sirvientas parada en un lado de la sala, la cual rápidamente tomó el plato con el postre dejándole frente de él sin necesidad de mover los cubiertos puesto que todos los puesto tenían a pesar de éstos no estar alojados. — ¿Más tiempo juntos? — pregunté confundida tratando de ignorar aquél repentino acto. — Así es, — afirmó Adelaida — todas estas semanas tengo planificado reuniones de trabajo y cosas muy aburridas. Vi una gran idea, ahora que se conocen, que puedas ir a su casa o salir con Thomas para que te distraigas — comentó con naturalidad como si ponerme en aquella situación no fuese de por sí incómoda. — Casi no sales, ni tienes muchos amigos acá en Chicago, sería una gran idea que salgas con personas como Thomas, quizás puedas llegar a tener más conocidos aquí, Luci. — A mí me parece bien — afirmó el pelinegro a mi lado haciendo que girase a verlo confundida. Éste burlesco aprovechó mi mirada y aún cuando sabía porqué le veía así, tomó una cucharada de su postre y lo introdujo en su boca tratando de ocultar su burlona sonrisa. «¿Por qué las apoyas?» intenté preguntarle telepáticamente pero éste pareciendo saber lo que pensaba igualmente me ignoró girando a ver a Adelaida a su lado. — Pero me temo que no podrá ser posible éstas semanas — negó dejándome aún más confundida que antes. — Luci me ha comentado que irá a Wisconsin a ver a sus amigos, no deben de preocuparse porque se aburra cuando hagas sus reuniones, Adelaida. Odio, lo odiaba. Mi corazón latía con tanta fuerza que ni siquiera llegaba a imaginar un pedazo del postre en mi boca o siquiera hablar con el gran nudo que se había formado en mi garganta. Era un traicionero. ¿Cómo se había atrevido a contar éso? Adelaida me retaría y se molestaría, más por contarle de Wisconsin cuando ella claramente quería reprimir lo más posible de eso. Sin embargo, mientras yo le veía sorpresivamente traicionada, sus ojos se cruzaron con los míos dedicandome una ligera sonrisa tranquilizadora aún cuando lo menos que hacía era éso. — ¿Planeabas ir a Wisconsin sin decirme, Luci? — preguntó ésta y una gran bola de baba pasó por mi garganta en un intento de deshacer el nudo que allí había. — yo... — balbucee — fue algo repentino, no me ha dado tiempo. — traté de justificarme y ésta por un instante dejó de verme para fijar su vista pensativa en Mónica la cual le veía de igual forma. — ¿Alguna vez haz ido a Wisconsin, Thomas? — preguntó Adelaida sin prestarme atención en lo absoluto. Negó y ésta vez el confundido era él. — Bien porque, me parecería gran idea que compañases a Luci. — Opino lo mismo — se atrevió al fin en comentar el señor Harrison haciendo que Thomas se tenzara al escucharle. — Sí — concordó su esposa — Creo que sería agradable que conocieras más lugares y salieras un poco también. Todo el tiempo trabajando no es bueno, además, me tranquilizara saber que tienes a alguien de confianza allá por si ocurre algún contratiempo. Ninguno de los dos se esperaba aquella reacción. Quizás Thomas esperaba que me dejasen ir y aún cuando había sido intentando ayudarme, por su rostro había percibido que su plan no había salido como había planeado. — sí pero.. — balbuceó intentando buscar una excusa e intentado evadir mi mirada algo avergonzado. — Ella tendrá sus planes con sus amigos, no veo correcto meterme, nadie allá me conoce. — Para Luci no será molestia — negó Adelaida por mí y mis ojos al fijarse en ella logrando percibir aquella severa mirada solo hizo que mis manos inquietas bajo la mesa comenzaran a moverse mucho más rápido y mi cabeza instintivamente se moviera en afirmación. — No hay problema — negué sintiéndome tonta al haber concordado con Adelaida. Estaba tan confundida, realmente no me molestaba si iba o no, lo que en verdad me molestaba era lo que recién sentía sabiendo que iría conmigo. Aquellos nervios que ya hacía tiempo no sentía aparecían torturarme y hacerme recordar con quién exactamente sentía aquello, y el echo de que me sintiera así por alguien que se asemejara que hacía sentir que lo traicionaba y que lo cambiaba por alguien parecido a él. No quería recordarle, sinceramente no quería hacerlo pero más que intentaba reprimir mis sentimientos, mi mente jugaba conmigo viendo a Hugo en todas partes, como una sombra siguiéndome u atormentandome donde quiera que estaba. Y ahora resultaba que donde sea que estuviese, aquel tormento me seguiría. Quizás sí estaba enferma, quizás realmente necesitaba seguir internada en el psiquiátrico para quitar aquellos pensamientos pero gran parte de mí sabía que ni con toda la ayuda de el mundo podría olvidarlo, si con la simple llegada de alguien en mi vida, aún le buscaba compararle con él, y aunque había dicho que estar con mis amigos no sería un problema, sabía que Elisa y Lukas los notarían, sabía que si llegaba con alguien más pensarían que ambos éramos más que amigos y viendo que era el mismo prototipo de chico, sabrían que no le he superado y que realmente sigo estando igual de enferma.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD