Decir que no estaba nerviosa era poner por menos aquello que sentía y la verdad era, que sí lo estaba. Aquél beso aún podía sentirse sobre mis labios y a pesar de que por dentro moría por querer tocarlos y gritar para expulsar todo aquello que sentía. Mi cuerpo permanecía tranquilo manejando mientras Thomas estaba a mi lado lanzando unas cortas miradas que solo me ponían más nerviosa. No sabía qué había significado ése beso exactamente, ni siquiera sabía qué decir. Ambos estábamos en un completo silencio y por un momento llegué a pensar que al igual que yo, el pelinegro había quedado sin palabras ni explicaciones, por lo que obligarme a restarle importancia a ese acto fue lo único que pude hacer. El beso solo había sido una muestra de su cierta hipótesis. Quizás solo había sido un im

