ALLET:
El celular seguía sonando. Mi mamá no parecía demostrar que no dejaría de llamar hasta que le contestará.
Ya me estaba asustando de lo enojada que estaba para que no dejará de llamar.
—¿Qué pasó mamá?
—¿Dónde estas?
El tono de mamá parecía amable por lo que me tranquilice.
—estoy yendo a la empresa ¿por qué?
—Aunque te dije que podías irte de la cita hasta que acabará el día, eres igual a tu padre. ¿A que hora vendrás?
Ya estaba empezando a sermonearme por estar mucho tiempo en el trabajo. Mi mamá era una dulce persona que se preocupa mucho por las personas pero cuando se enoja es el mismo demonio.
—alrededor de las 6— contesté.
Iba regresar temprano a casa por la culpa del dolor de mi cabeza, y tendría que contarle sobre lo que había pasado en mi cita. Tenía miedo pero tenía que aprovechar que mi mamá estaba de buen humor.
—Mamá, escucha, algo sucedió en esta reunión con...
Sin dejarme terminar, mi mamá dijo.
—hija, ya se lo que pasó. No necesitas decirmelo.
—¿En serio?—pregunté incrédula.
—sí. Regresa a casa cuanto antes.
—si, gracias mamá.
Terminé la llamada con mi mente en blanco, no sabía que acababa de pasar en la llamada o de que me había perdido. Mi mamá que tanto había esperado con que me comprometiera con este chico, ahora parece que estaba tratando de consolarme aunque creo que el consuelo debería ser para ella que quería este compromiso. Ahora que lo pienso, mi mamá es la que ahora estaría triste porque no logré este compromiso y por eso me dijo que yo no necesitaba decirlo para que no afecte.
Tendré que comprarle un regalo para consolarle.
Aceleré el carro y en cuestión de minutos llegué a la compañía.
Entrando, mi asistente me recibió con un saludo y el horario del día aunque por las horas pérdidas de la mañana tendría que terminar el trabajo restante en casa.
—señorita, mientras no estuvo aquí llamo su amiga Beatriz—dijo mi secretaria
—¿que dijo?
—ella mencionó que llegara del extranjero el martes de la próxima semana y que la esperes con ansias.
Beatriz es una de mis mejores amigas que siempre se había mantenido cerca de mí y era muy clásico de ella que advirtiera que ella llegaría para ir a divertirnos.
—okey, puedes irte y enviame todos los archivos de esta tarde.
Mi secretaria asintió en respuesta.
—Espera, los archivos que se debió atender en la mañana también mandámelos.
—si.
Esta compañía fue fundada por mi padre, el padre de Haron, el padre de Rohan y el padre de Fernando. Mi padre me puso a cargo de unas cuantas tiendas para luego heredar la parte de las acciones de mi padre de la compañía.
Entre a mi oficina esperando a relajarme y luego hundirme en el trabajo que me esperaba en el escritorio.
Teniendo las hojas en mano, la puerta se abrió bruscamente
—señorita, su papá llamo—dijo mi asistente agitada.
—¿que pasó para que abrieras la puerta así?
Las palpitaciones de mi corazón empezaron a acelerarse por el sustó de mi asistente y por lo que iba decir de mi padre.
—Tuvo un accidente en España cuando se dirigía al aeropuerto de regreso.
—¿Que accidente?
—se fracturó la pierna por un choque, dijo que no se preocupara por él y que llegaría aproximadamente dentro de una semana o antes.
—esta bien— suspiré aliviada de que no haya sido mayor el accidente.
Me volví a sentar sin querer seguir trabajando por esta preocupación...
Solo quiero dormir.
ROHAN:
Terminando la llamada tenía que pensar en como arreglarmelas para reconciliarme con Allet.
Pensé que lo mejor sería comprarle rosas como disculpa.
Busque la florería mas cerca de la compañía y me dirigí allí. Llegando a la florería todo estaba lleno de muchos tipos de flores y también habían regalos que acompañaban a la flores.
Unas flores que tenga el color de ojos de mi pequeña Allet sería lo ideal.
Me acerque a la señorita que estaba en el mostrador.
—buenas, ¿tiene flores con pétalos de color verde?
—buenas tardes—dijo la encargada,cogiendo un mechón de cabello, de forma seductora, se lo puso por encima de la oreja—flores de color verde no hay pero...
—entonces me da esas rosas amarillas
Señale las rosas amarillas que se encontraban en la entrada, esas rosas eran el mismo color del hermoso cabello de Allet.
—de acuerdo, pero...
Empezó acercar su mano a la mía, sentí que debía escapar de la florería sino habría serias consecuencias.
—quiero quince rosas amarillas y rápido por favor— dije fríamente.
Quite mi mano para que no la agarrará.
—okey.
La encargada alistó las quince rosas que le pedí, las puso en un papel seda de color rosa pastel con un lazo rojo. Acaricio mi mano mientras me entregaba las rosas, parecía que no entendía las señales que le estaba enviando o acaso ella sufría el síndrome de Estocolmo.
—¿pagará con efectivo o tarjeta?
—tarjeta.
—espere un segundo.
—si.—respondí.
—aquí tiene su factura.
La factura lo mantenía cerca de su busto como si me importará ella, mi pequeña Allet la tenía mejor.
—gracias. Tire la factura.
Mi pequeña es cien veces mejor que cualquier mujer de aquí.