Esposas prestadas 2

1649 Words

Lucía se apoyó en la barra, observando discretamente. Había aprendido a reconocer el tipo de clientes que llegaban sin querer. Alfredo no encajaba del todo con los habituales: tenía un aire decente, un cansancio limpio, sin la mirada opaca de quienes acudían allí buscando olvidar algo concreto. —¿Viene de viaje? —preguntó cuando se acercó a retirar el plato. —De trabajo. Aunque parece que esta vez la parada va a ser más larga. —Eso suele pasar —dijo ella, bajando la voz—. A veces el destino tiene sus propias rutas. Él la observó con una mezcla de curiosidad y desconcierto. Había algo en Lucía que no encajaba con su juventud: una especie de serenidad antigua, como si el tiempo la hubiera golpeado antes de llegar a los veinte. —¿Y usted? —preguntó, casi sin pensar—. ¿Lleva mucho trabajando

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