Siempre amigos 3

1507 Words

Clara ajustó el ángulo del espejo retrovisor mientras Julián se subía al coche con una bolsa de naranjas. Acababan de salir del mercado de los Invasores, como cada miércoles, y el aroma cítrico llenaba el habitáculo. —He tenido que pelear por las naranjas como si fueran oro —bromeó él—. La señora delante de mí se llevó las mejores. —Seguro que exageras. Siempre encuentras las más dulces —dijo Clara, acariciándole la mano antes de arrancar. Habían estado casados más de veinte años y, aunque no tenían hijos, compartían una complicidad natural, a medio camino entre la ironía y la ternura. Clara era profesora de secundaria, ahora jubilada; Julián, bibliotecario municipal, aún en activo. Su vida era sencilla, ordenada, llena de rutinas que ambos apreciaban. —¿Sonia te ha escrito al final? —

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