FIN DE SEMANA LARGO El viernes llegó con una luz distinta. Era uno de esos días que no anuncian nada en particular, pero en los que el cuerpo empieza a esperar algo, aunque no sepa bien qué. Jandro pasó la mañana en la oficina nueva, adaptándose al ritmo parsimonioso de sus compañeros, al zumbido constante de la impresora y al olor a polvo acumulado en los cajones. Al salir, compró cerveza y pan de molde. No esperaba visitas, pero la costumbre de tener algo para ofrecer le seguía pareciendo una forma básica de dignidad. A las seis bajó a tirar la basura y se cruzó con Maribel en el portal. Iba vestida de n***o, con unos labios pintados de rojo que no se parecían en nada a los del rostro sin maquillaje que él había conocido. Llevaba una chaqueta corta, ajustada, y unas botas con algo de t

