Bromear con el Sr. Williams en la vida cotidiana delante de su madre era complicado. Gwen no podía ser tan directa como la primera vez que vino a cenar; tenía que ser sutil. Siempre que comían juntos, se aseguraba de sentarse frente a él. Entonces, empezó el espectáculo. Lento al principio: sonreía con encanto, se reía de sus chistes cursis y dejaba que cada mirada que tenía con él se alargara demasiado. Su atuendo también fue clave. Gwen no vestía de forma especialmente provocativa, pero siempre se aplicaba un poco de brillo labial y elegía vestidos veraniegos floreados con escotes muy pronunciados o blusas ajustadas que realzaban las curvas de su pecho. De hecho, era divertido andar por el buen camino: "suficientemente cómoda para pasar por ropa normal, pero definitivamente demasiado co

