"¿Encontraste a esos hombres o a... Erastos?", preguntó Aidan. Erik le tomó la mano y empezó a envolverla con las tiras de tela, con firmeza pero con cuidado. Encontré a los hombres y me vengué de una manera que no debería ser escuchada por oídos tan hermosos. La crueldad que me habían mostrado a mí y a los míos les fue devuelta multiplicada por diez. Imploraron clemencia a los dioses y a sus madres, jurando que no habían hecho nada con mi hijo. Todo era mentira, por supuesto, y al final se fueron a la tumba negándose a decirme qué le había pasado. Lo busqué e interrogué a todos, pero nunca encontré rastro de él. Solo puedo suponer que lo mataron o lo vendieron como esclavo. Al escuchar esta historia, Aidan sintió un profundo dolor por el hombre que tenía delante. No podía imaginar una p

