Desde el punto de vista de Gunnar
—¿En serio vamos a dejar ir a esas dos hembras alfas? —pregunté a Magnus distraídamente en el despacho y luego me estiré y me senté.
—Por supuesto. Nuestra Mate y Luna nos dieron valientemente sus opiniones. —Respondió mientras revisaba algunos papeles en su escritorio.
—Bueno, tienes razón. Pero ambos sabemos lo peligrosas que serán las cosas cuando vuelvan a su manada. Vamos a arriesgar nuestras vidas, así como la de nuestra Mate.
—¿Sabes algo que yo no sepa? —preguntó seriamente.
—En realidad no, pero supongo que tú y yo pensamos igual. Los dos estábamos encantados con algo y definitivamente no es natural. Se supone que nuestro corazón y nuestro cuerpo responden a nuestra pareja, no a unas mujeres que apenas conocemos Además, no son tan sexys. —señalé.
—Sí, yo también he pensado mucho en eso. Deben haber hecho un hechizo o algo por el estilo. No sólo nos atraían a nosotros, sino también a nuestros lobos. —Él respondió.
Me senté recto y me pasé la mano por el pelo.
—Bueno, es bastante triste que no los matemos. Pero está bien. —dije y luego fruncí el ceño al percibir el aroma celestial de Freya, me levanté rápidamente, me dirigí a la puerta y la abrí.
Me miró sorprendida. Su mano estaba doblada y en el aire. Parecía que estaba a punto de llamar a la puerta.
—Oye, ¿qué te trae por aquí? —pregunté sin pensarlo. Rápidamente bajó la mano y la frotó contra su brazo.
—Yo ...es que ....
—Déjala que entre, Gunnar. —dijo Magnus en voz alta.
Puse los ojos en blanco de forma infantil y me aparté.
—Gracias. —Respondió ella en voz baja mientras entraba.
Cerré la puerta tras de mí y me dirigí al sofá para sentarme.
«No lo hagas». Mi lobo me advirtió, deteniéndome a mitad de camino.
«Dios mío, ¿es porque está de pie?», pregunté seriamente.
Resopló y se encerró en sí mismo.
—Maldición. —murmuré en voz baja y luego me puse de pie.
Miré a Freya y noté que me miraba.
¿Qué? ¿Creía que iba a maldecirla?
—Freya... —llamó Magnus suavemente con una sonrisa.
Ella lo miró e inmediatamente le devolvió la sonrisa.
—Ven aquí. —dijo mientras le tendía las manos. Ella se movió y caminó hacia él, tomando sus manos entre las suyas.
—Aquí. —le susurró mientras la guiaba hacia su regazo, ella se sentó y miró al suelo— ¿Has comido? —Le preguntó mi hermano suavemente.
Levantó la vista y luego negó con la cabeza.
—¿Por qué no has comido?, es tarde de todos modos. —dijo preocupado.
—Por eso he venido, me preguntaba si tenías tiempo para acompañarme a cenar. —Le dijo, molestándome mucho.
No es que esté jodidamente ciego. ¡Me trató diferente a Magnus! Siempre que estaba cerca de mí, se encerraba y se ponía en guardia. Pero cuando estaba con Magnus, su guardia bajaba inmediatamente y parecía muy cómoda.
Si no lo supiera, asumiría que está enamorada de él.
—A la mierda. —dije en voz alta, llamando su atención mientras me levantaba. Está conversación no era conmigo.
Freya se levantó rápidamente del regazo de Magnus.
—Lo siento, no quise ofenderte de ninguna manera, sólo pensé que te gustaría cenar conmigo. —dijo con tristeza mientras yo gruñía con advertencia.
¿Por qué carajo se disculpó si no estaba molesto por ello?
—Para, Gunnar. ¡Eres un gilipollas con el amor de nuestras vidas! —Magnus también advirtió.
—Soy un gilipollas con ella, dices. ¿Qué es exactamente ella para mí entonces? —pregunté seriamente mientras ella levantaba la vista.
—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó él en voz alta.
—¿Crees que soy ciego, tal vez estúpido hermano? —Le pregunté mientras se levantaba.
—¿De qué demonios estás hablando? —preguntó.
—No me digas que no ves cómo actúa de diferente conmigo y contigo. Siempre que está cerca de mí o de mi presencia, se tensa. Y siempre parece evitar mi mirada. Por no hablar de sus palabras de hace un minuto.
Ella entonces dijo: "He venido a invitarte a cenar",te invitó a ti cenar, no a los dos. Conmigo siempre tiene una reacción contraria. Podría jurar por mi vida que te quiere más que a...
—¡Suficiente! —gruñó Freya con fuerza, sobresaltándome, por primera vez me estremecí mientras un escalofrío recorría mi cuerpo.
El aura que la rodeaba era oscura y, en cierto modo, asfixiante. Respiré profundamente y traté de controlar mi respiración.
Sus ojos eran de color amarillo puro con un anillo rojo alrededor de la pupila.
¿Qué demonios era?
Esos ojos no eran ojos de un Omega. Un Alfa tenía los ojos rojo oscuro. Un Beta tenía ojos amarillo dorado y un Omega tenía ojos azules. Pero ella no tenía ninguna de las dos cosas.
Además, el aura y las feromonas que la rodeaban eran lo suficientemente fuertes como para hacerme reaccionar.
—No le quiero más que a ti. Sueles tratarme con frialdad y herirme. Mientras que Magnus lo hace menos. Así que, perdóname si he actuado como lo hice. Estoy tratando de acercarme a ti, pero no sé por dónde empezar. Gunnar, sólo tienes que dejarme entrar completamente, no soy ella, soy tu Mate y nunca podré hacerte daño como esa perra del pasado. —dijo con fuerza mientras yo me movía con rabia.
¿Cómo se atreve a traer al presente el pasado que tanto daño me hizo?
—No me harás más daño. —susurró mientras su aura se espesaba.
Mis rodillas cedieron inmediatamente y mis fuerzas me abandonaron. Caí al suelo y tosí fuertemente mientras intentaba estabilizar mi respiración.
Mi tos empeoró en un segundo. Levanté la mano y me tapé la boca, cuando la aparté de ella abrí los ojos de golpe. Había sangre.
Me obligué a mirar a Magnus y lo vi apoyado en el escritorio con la mano en la garganta. Ella nos hizo esto.
¿Qué demonios era ella?
—Mi...Mia..., deja de hacer lo que sea que estés haciendo.... por favor... —Le supliqué con una respiración forzada.
En un segundo el aire se despejó y mi respiración volvió a la normalidad.
Me levanté lentamente y la vi tropezar.
Estaba a punto de caer cuando rápidamente me apresuré a su lado y la sostuve en mis brazos.
Sus ojos volvieron a la normalidad, pero no se veía muy bien. Estaba pálida y su piel muy fría.