9 GINEBRA Eran muy pocas las ocasiones en que mi padre me hacía llamar para almorzar con la familia. En general, intentaba vestirme siempre de la mejor forma y de arreglarme el cabello con una hebilla, como le gustaba a mi madre, pero esta vez no lo hice. Me quedé con unos jeans y una camiseta, con el cabello suelto y un poco crespo por la lluvia. Ni siquiera intenté plancharlo o hacerme una cola. Sólo me puse un poco de base de maquillaje para esconder la palidez del rostro y las ojeras. La verdad era que me sentía apagada. Hacia dos semanas que sentía que estaba en el limbo, en trance. Desde que había vuelto a casa, me había sentido sofocada y nada me emocionaba. Nadie se había molestado en saber qué me estaba pasando y mi madre me había culpado por haberme torcido el tobillo

