Las armas estaban diez de diez, las limpié y las ordene en una mesa, no sabía que las extrañaba hasta tener una cargada en mi mano.
— Quisiera una treinta y ocho, para ir practicando —dijo cargando con una sonrisa.
— Vamos —le dije tomando una yo. Subimos a mi auto y conduje hasta el muelle donde mis recuerdos volvieron a torturarme ,pero era la única forma de saber que debía ser frío y firme, por ella y por la gente que me rodeaba.
Matt disparaba a las latas pero se notaba que le faltaba clases.
— Suelta el aire y disparar —dije tomando la mía y quitándole el seguro, suspire apenas y dispare sin aviso dándole a las tres que quedaban.
— No has perdido esa magia al parecer —comentó cargando el cartucho.
— Solo es dominar tu cuerpo, además es algo que me ha servido más de lo que crees —dije como si nada sacando un cigarrillo.
— No creo que a Sarah le guste que vuelvas a esa mierda —dijo serio.
— Sarah no está, ni siquiera sé si volverá, al menos no conmigo —condene.
— Solo están pasando por una mala situación, ya arreglarán sus cosas —dijo Matt volviendo a disparar. No lo creía así, pero muy en el fondo aún tenía esperanzas.
— Éstas cosas son muy difíciles de explicar —dije soltando el humo— tú supiste entender y te quedaste, es lo único que necesito ahora —recargue el arma— quiero que sepas que esa parte de mi la enterre, pero por obligación debe volver —dije arrojando lejos la colilla.
— Aún así eres mi hermano y debo apoyarte —dijo tocando mi hombro. Lo observé con orgullo pero con un temor en el alma de que algo malo le suceda.
— Sé que lo harás y eso no debería permitirlo —él me abrazó y no pude contener la emoción, lo necesitaba.
— Solo piensa que tienes a una persona que te es leal hasta la muerte, que no te abandonara jamás y que te quiere como persona —lo apreté y suspire de alivio. Luego lo aleje incómodo y él sonrió al verme así, yo me hice el idiota.
— Iré a acomodar las latas —dije guardando mi arma en mi cinturón. Acomode las latas pensando en las palabras de Matt. Pero traté de volver a lo de antes, hacer a un lado todo tipo de sentimiento y enfocarme en el poder que me extaciaba, ese era mi mayor vicio, tener poder y hacer que todos me respeten. Tener lo que quiero sin importarme nada más.
Dimos unos disparos más y volvimos, en el trayecto le di una demostración de mi habilidad con los autos, Matt casi muere de una infarto pero se divirtió y eso me animó más.
En eso recibo una llamada de Alex.
— Espero que tengas buenas noticias Alex —respondí con mala gana.
— Encontramos a la mujer —dijo con dureza— está muerta —dio un suspiro.
— Maldita sea, es evidente que sabía cosas —dije tratando de calmarme porque había gente al mi alrededor. Entramos al ascensor para subir a mi oficina.
— Investigaremos su vida, tal vez encontremos algo —
— No, yo me encargo —dije y corte la llamada.
— ¿Qué pasó? —preguntó Matt al entrar y cerrar la puerta con seguro.
— Encontraron a la prostituta muerta —dije llamando a un conocido de la policía.
— Señor —me contestó.
— Necesito un favor, quiero el expediente de una persona te enviaré su foto —hablé recto.
— Por supuesto señor —dijo decidido. Ya saben, todo tiene un precio y éste idiota no sería la excepción, además no creo que quiera meterse conmigo.
Colgué la llamada y suspire.
— Tal vez te ayude saber que...tenía una mejor amiga, tal vez ella sepa algo, sé donde vive —dijo Matt con seriedad.
— Ve por ella, nos encontramos en el almacén en una hora —hablé duro, él asintió y se fue, dejándome sólo. Observé el atardecer desde la cima de mi edificio, apesar de lo hermosa que era la vista, me había entristecido. Mi cabeza dolía de tantos pensamientos y sentimientos encontrados. Su ausencia me debilitaban por más fuerte que aparentaba ser, mi corazón la llamaba a gritos, necesitaba su calor, su apoyo, ella representaba lo bueno que había en mi y ahora no estaba. No sabía si era bueno o malo, pero si sabía que ella merecía una vida tranquila, y yo estaba dispuesto a darle eso y mucho más.
De repente el teléfono de mi oficina sonó.
— ¿Si? —respondí.
— La señorita Ámbar quiere verlo —dijo la mujer y mis alarmas se encendieron. Fui a la puerta y la abrí, allí estaba con su estúpida sonrisa.
— ¿Qué haces aquí? —pregunté molesto. Ella miró de reojo a la asistente.
— Necesito que hablemos de algo importante —habló seria. La observé con determinación.
— Bien —dije entrando a mi oficina, ella entró con temor, pero luego sonrió con gracia— ¿qué es eso tan importante? —
— Me enteré que Sarah se ha ido fuera del país —comenzó y mi mirada se incendió en cuanto la mencionó— creí que tuvieron alguna pelea o algo, tal vez yo pueda ayudar, de verdad no quiero verte mal —sus ojos me decían que metía, su forma de vestir y sus gestos me gritaban que quería otra cosa.
— ¿Qué es lo que quieres Ámbar? No creo que haya sido por eso que viniste —dije sin ganas.
— De echo no, fue lo mejor que pudo hacer —dijo con una sonrisa malvada y me di cuenta de que tramaba algo— vine de parte de una persona que conoces muy bien, ya lo verás —volvió a sonreír. Mi cabeza reaccionó y apreté mis puños. La observé atentamente y ella se acercó hasta estar cara a cara— dice que el clima en Inglaterra es estupendo en ésta época del año —dijo sonriendo. Entonces saqué mi arma y se la coloqué bajo su mentón, su mirada fue de miedo.
— ¿Crees que ésto es un juego? —le pregunté serio— crees que él te protegerá, acaba de entregarte a mi, acabas de entrar a la boca del lobo en su lugar —hablé duro.
— ¿Crees que soy tan estúpida? —dijo con tranquilidad— mátame hazme lo que quieras ¿enserio arriesgarias a que algo malo le pase a tu querida Sarah? —su mirada de superioridad encendió las llamas del infierno dentro de mi.
— No sabes en que te has metido Ámbar —dijo quitándole el seguro, ella me miró preocupada — acabas de cavar tu propia tumba ¿A caso el tiempo que estuviste a mi lado no bastó para que entendieras que yo siempre consigo lo que quiero? Y ésta vez no será la excepción —hablé lentamente.
— ¿Y que harás? ¿torturarme? Adelante, hazlo! —perdió la compostura.
— Mis días acabaron, pero tengo muchos compañeros que les encantaría jugar contigo —bajé el arma y la guardé. Ella se relajó y tomó coraje.
— Entonces veamos quien termina peor, también tengo amigos ,en Inglaterra, les encantan las extranjeras —dijo con una sonrisa.
— Escucha Ámbar, voy a hacer de tu vida un infierno a partir de ahora, y tu amigo, no podrá cuidarte todo el tiempo ¿o si? —su mirada bajó la guardia— hay muchas cosas que no sabes de mi, y ahora las vas a conocer —
— Ya veremos eso —dijo antes de voltear he irse. Me dejó con la boca seca y al instante tomé mi teléfono y llamé a Sebastián.