Capítulo 16

1623 Words
SARAH Me quite la ropa bajo su atenta mirada. Al estar desnuda frente a él se acercó y se colocó detrás de mi, comenzó a trenzar mi cabello y sin más colocó un trozo de tela sobre mis ojos, dejándome sin ese sentido. — Tus muñecas —dijo frente a mi, las extendi y las amarró bastante apretado. Me tomó del brazo y me movió unos metros— ponte de rodillas —ordenó y obedecía tragando saliva y deseando su contacto. Tomó mis muñecas y sentí que la amarró en una de las esquina de la cama— tranquila solo serán pocas —susurró y luego oí como le quitaba el cinturón a su pantalón. Volví a tragar saliva esperándolo— no te muevas —acarició mi cabeza. Mi respiración se agitó y al instante sentí un latigazo en una de mis caderas, el dolor me hizo temblar pero me aferre a la cama. Luego fue otra mucho más duro, solo respire mientras sentía el ardor en mi piel, soporte dos más y se detuvo— buena chica —comentó acercándose. No sabía cuando terminaría ni cuanto aguantaría, pero me ardía el alma ser parte de él por completo. Su mano tomó mi mandíbula y pude sentir que sonrió, acarició mis labios y luego introdujo su dedo pulgar, comprendí la indirecta y junte los labios, oí su respiración pesada y seguí mi juego con la lengua, quitó su mano de inmediato y me libero de la cama, dejándome de rodillas frente a él. Me obligó a hacerle sexo oral por varios minutos donde solo sentía arcadas por su brutalidad. Me puso de pie y desató mis muñecas, en su lugar ato ambos brazos detrás de mi espalda, dejándome por completo inmóvil— te vez tan linda amarrada —habló a lo bajo y comenzó a acariciar mi cuerpo, dándome escalofríos y espasmos. Calentando mi cuerpo hasta mojarme por completo, deseando más. Me llevó a la cama y me arrojó a ella, me ordenó que me pusiera de rodillas y sentí como él se acomodó frente a mi, un escalofrío recorrió mi espalda al sentir su cálida boca en mis pechos, necesitaba más de eso, lo hice notar al acomodarnos para que tuviera más acceso y fue donde sentí sus dientes, di un pequeño brinco al sentir el dolor pero el calor de sus labios lo recompensaron, sentir el alivio de inmediato y de una forma tan candente ,convertía el dolor parte del placer— aguanta —me susurró casi rozando mis labios, sus dedos recorrieron me v****a y sintió lo caliente que estaba— lo mejor va a llegar —siguió provocando, moví mis caderas en busca de más fricción y él se detuvo. Mi respiración estaba muy acelerada, solo quería terminar eso de una vez. Pasó sus dedos mojados acariciando mis labios y luego me tomó del cuello para darme un beso. Sé alejó un momento y me colocó su cinturón en el cuello. Me ayudó a colocarme en una posición muy expuesta y al fin lo tuve a él por completo. Solo se oyó nuestros gemidos de placer al consumar su deseo, tan salvaje, tan asfixiante, literalmente me estaba quedando sin aire, el cinturón comenzó a apretar a medida que me acercaba a mi orgasmo, fue demasiado no podía recuperar el aliento por completo. Un leve mareo me inundó al venirme, pero Sam me soltó de pronto y tomó ambas caderas con sus manos llegando también al orgasmo. Solo se oía nuestras respiraciones agitadas, me dejó caer en la cama por completo, intenté aparentar pero era obvio que mi cuerpo estaba devastado, agitada y totalmente extasiada— ¿Estás feliz ahora? —preguntó desatando mis brazos, al tenerlos libre comenzaron a doler por la posición en la que estuvieron. Luego me quitó el cinturón y se fue, me quite las vendas al oir la puerta, suspire hondo y acaricie mi cuello, caminé al baño y traté de recuperar mis fuerzas. Fue una experiencia nueva para mi por lo tanto estaba en estado shock, por supuesto que me gustó un poco su salvajismo pero era demasiado y algo me decía que no fue todo. Me vestí y traté de ordenar un poco. — déjalo, no es necesario —oí su voz. Dejé lo que estaba haciendo y me acerqué a él, quien no quiso mirarme a los ojos y solo me pidió irnos. Su seriedad me decía que algo había echo mal. — ¿No lo logré? —pregunté al salir de la casa. — Hablemos en casa —dijo yendo directo al coche. Estaba molesto. — Estoy bien —le dije durante el trayecto donde su cara me ponía los bellos de punta. Él suspiró y me miró unos segundos. — Yo no lo estoy —confesó sin mirarme. No dije nada más y solo me mantuve al margen, creo que me pasé con aquella partición. Llegamos a casa eso de las cuatro de la tarde, solo subí a la habitación y me di una ducha tratando de relajar mi cuerpo y mi cabeza. En eso entra Sam y se sienta en el retrete sin mirarme mientras permanecía en la tina. — ¿De verdad estás bien? —preguntó mirándome con pena. — Si, solo un poco cansada —respondí con simpleza y le sonreí con picardía. Él hizo una media sonrisa y dejó de mirarme. — Enrealidad, debí seguir apretando el cinturón hasta que perdieras la conciencia, es alucinante y peligrosa, pero no quise hacerte eso —confesó con vergüenza y solo perpadee un par de veces al oír aquello. — ¿Qué dices? —balbuceo porque no sabía que decir, era algo que de verdad me tomó por sorpresa. — No quise Sarah, significa que puedo controlarme, que puedo dejarlo a un lado, no soy el monstruo que crees —me reclamó en la cara. — ¿Pero te gustó verme así verdad? Solo no quisiste rematarme —hablé con suavidad, Sam se puso pensativo y eso solo me dio la razón. — Tal vez —me miró serio y luego solo se fue. Terminé mi baño y bajé por algo de comer, hay estaba Sam comiendo unas albóndigas con pasta, mientras veía el noticiero. — ¿A dónde fueron? —apareció mi madre de la nada, ya había olvidado que estaba aquí. — Solo pasar tiempo como pareja ¿Por qué? —pregunté con desdén mientras me preparaba un sándwich. — Por nada, solo vine por mi última maleta —dijo con una sonrisa. — ¿Qué? No puedes volver a casa, no es segura —le dije mirándola con seriedad. — Aquí tampoco —dijo quitando mi cabello dejando mi cuello al descubierto, no era exagerado pero era notorio. Ella salió de la cocina, la seguí hasta la puerta de la entrada donde tenía su maleta. — ¿Qué te parece si en lugar de ir a la casa vas al departamento? Está deshabitada, Charlott y Daniel se mudaron hace tiempo, quédate ahí por favor, es más segura —le pedí. Ella me observó dudosa. — Ustedes tienen asuntos que resolver y está bien iré al departamento, también me parece que es buena idea —habló desviando los ojos. — ¿Por qué no solo lo pediste? —pregunté más tranquila. — Ya te lo dije, no quiero molestar aquí, prefiero ir a mi vieja casa de verte tan sumida con un tipo como Sam, fueron unidos por una desgracia, nunca olvides eso, recuerda esas amenazas, nunca volverás a estar tranquila junto a él —me habló seria y con la mirada fija. Tenía razón, por eso no dije nada y solo me ofrecí para llevarla, ambas nos montamos en mi auto y fuimos por sus cosas a mi vieja casa donde cada rincón llevaba un lindo recuerdo. — Sam a sido muchas cosas en mi vida mamá, no solo destrucción, si tuvo errores pero... — — ¿Pero? —me preguntó seria. — Pero a sabido ganar su lugar —le dije de la misma forma. — ¿Ganar? ¿cómo? ¿con regalos y promesas que se esfuman como burbujas de jabón? —preguntó con descaro. — No voy a tener ésta conversación otra vez —dije de mala gana. — Por supuesto, crees que sabes lo que haces, crees que tienes el control pero no será así, Sam terminará por hacerte daño de la peor forma y yo estaré sin importar como me trates ahora, porque soy tu madre y yo no voy a abandonarte, no seré como ellos —sus ojos se llenaron de lágrimas y los mío igual. Bajé la mirada dejando caer las lágrimas. — Tal vez tengas razón, Sam a cambiado y yo igual, no sé porque creí que sería lo mismo —dije mirándola con pena. — No podemos detener el tiempo cariño, la vida continúa y todo dependerá de ti, si realmente quieres un cambio es mejor que empieces a pensar en tu bienestar físico y emocional, porque déjame decirte que no te ves para nada bien últimamente —salió de la casa con sus maletas y las puso en el auto con evidente molestia. Subimos al auto y conduje hasta el edificio donde nos recibieron con mucha atención. — Es bonito ¿No? —pregunté cuando entramos. Él empleado nos subió las maletas mientras yo le mostré el lugar. — Por favor dime que no lo haces por dinero —me miró seria, en cambio yo me ofendi. — Es lo peor que pudiste decirme —le dije yéndome. — Lo siento, tenía que preguntar —se disculpó. — Olvidalo mamá ponte cómoda yo iré a tomar una siesta lo necesito —le avise antes de irme.
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