Capítulo 15

1625 Words
SARAH Sus palabras me hicieron entender que si logré ayudarlo, que mi amor por él no fue en vano. Esa noche la pasamos en esa casa, reviviendo aquellos momentos. Al ver la habitación, su cuerpo dormido junto a mi, era imposible no recordar aquel día, después de hacer algo tan maravilloso me dejó plantada en medio de la carretera, sola y con un clima muy malo. Lo observé y me imaginé porque lo había hecho ¿por qué me abandonó si fue tan especial para él como para mi? Debió ser algo muy grave, jamás lo quise presionar tan solo quise entenderlo y brindarle mi apoyo incondicional, como cualquier pareja. Pero fue más de lo que podía manejar y eso nos llevó aquí y ahora. Sabía que Sam tenía problemas, pero jugó con mi inocente amor en ese entonces y no dijo nada, cuando sabía que tan solo quería ayudarlo a susperarlos. Una lágrima cayó por mi cien, acostada en ésta cama donde le entregué todo mi ser para que supiera que lo amaba y aún así silencio. Me levanté con agilidad y fui a la cocina preocupada por aquellos pensamientos, no podía evitar tratar de meter tantas mentiras en un largo tramo de tiempo, en el que me la pasé ciega de amor. Ésta vez no lo estaba, sabía la verdad, sabía quien era Sam Whirlan enrealidad, un niño mimado que sin nadie, siendo tan joven tomó muy malas desiciones. Era un lobo solitario, egoísta y arrogante, pero también estaba lleno de dolor. Creí que no era la única víctima, tal vez nadie sabía de su doble vida y su doble moral. Él no era ningún idiota cuando se metió en ese grupo, tal vez ahora se arrepienta pero no quita que lo haya hecho. No podía evitar la inseguridad que tenía en el corazón en esos momentos y el miedo presionaba aún más. Habían asesinado a dos personas en un tramo de tiempo corto, luego me preocupé aún más sabiendo cómo actuaba bajo mucha presión, recordar lo que hizo con Ámbar y esas acusaciones me hicieron reflexionar un poco. — ¿Qué haces? —lo oí detrás. — Nada, no podía dormir y no quería molestarte —hablé con inocencia. Él sonrió y se acercó, me dio un beso en la frente y luego otro en mis labios. — Me hubieras levantado para acompañarte en el insomnio —susurró. — Te vez muy lindo durmiendo no podía hacerlo —le dije con dulzura y le di un beso que escondía algo de oscuridad. No quería pensar en el pasado pero había hecho lo mismo, estaba dispuesto a seguir callando la verdad ,de no ser por Augusto tal vez nunca lo hubiera sabido. Y sabía que era parte de su pasado pero yo lo amé tanto que no podía imaginar tal cosa, tal vez tenga razón, tal vez si lo hubiese sabido desde el principio, el trato no seria igual, pero de todos modos mis intenciones era ayudarlo a que estuviera bien, física y mentalmente. Quería ocupar esos lados oscuros con amor, pero todo era n***o, mucho más oscura que la noche misma. Observé su rostro y solo divague. — ¿Qué pasa? —preguntó serio. — No nada, solo recuerdo algunas cosas —hablé tranquila. — ¿Cómo cuáles? —me preguntó atento. — Solo quería saber ¿Qué pasó ese día, después de partir de aquí? ¿Por qué estabas tan molesto después de hacer algo tan especial como dices que lo fue? —mi pregunta y mi mirada atenta lo pusieron algo incómodo, Sam se vio algo triste y solo suspiró. — Mis amigos estaban en mi casa, y varios de la pandilla también habían ido a buscarme, se encontraron y tuvieron una pelea —contó sin mirarme— no los mataron solo porque estaban en mi casa —su semblante se decayó y no quiso hacer ningún contacto visual conmigo. Me arrepentí de haberlo presionado pero necesitaba respuestas a tantas preguntas. — Entonces ninguno de ellos tuvo un accidente enrealidad —comenté irónica. — No —dijo jugando con sus manos aún sin mirarme. — Me pareció curioso, porque estaba molesto en lugar de preocupado ¿Tus amigos lo saben? —él me miró serio y luego volvió a desviar sus ojos. — Solo Matt —respondió totalmente sumiso. — Vaya, entiendo, es tu mejor amigo —comenté pensativa. — ¿Crees que estaría aquí parado si eso se sabe? —preguntó serio enfrentando mis ojos— la competencia ya habría buscado hasta la más mínima prueba para meterme a la cárcel, además no era algo para presumir —comentó molesto pero luego suspiró y se relajó. — Tal vez ahora lo estén haciendo —volví a meter leña al fuego. Me miró y fruncio sus cejas. — No tienen las pelotas para enfrentarme, yo mismo me asegure de eso —respondió serio y firme. Observé como se erigió y aún así se veía incómodo. — Ya tienes a alguien que lo hizo y vaya a que grado —solté con desdén y él me miró serio— lo siento —me disculpé al verlo tan distante e incómodo— pero tu silencio ah herido mi confianza en ti —confesé tímidamente. — Entiendo que tengas muchas dudas, pero créeme cuando te digo que no es bueno vivir en el pasado —su seriedad me dejó sin habla, pero aquella herida tardará en sanar. — Lo sé, pero siento que aquella violencia jamás se fue de ti, el pasado también te afectó de algún modo de forma permanente —solté seria. Él bajó la mirada y se movió con nerviosismo. — ¿Por qué dices eso? —preguntó serio. — Porque es cierto —lo desafie— usas la violencia bajo presión, la ira aún sigue domando tu cuerpo, tal vez sea el miedo o no lo sé, pero siempre buscas intimidar a todos, sino se enfrentarían a tu ira, siempre fue así —me acerqué a él y éste desvió sus ojos tratando de verse serio— ¿Qué? ¿te molestan mis palabras? ¿Quieres castigarme? —le pregunté aún más serca, no estaba segura de lo que decía pero sabía que estaba bajo presión y aquella era una forma de saber con quien trataba, porque el Sam que yo conocí fue solo una parte. Él me observó serio, queriendo verse firme. — ¿Qué dices? —preguntó nervioso. — Está bien que te sientas molesto y entiendo que quieras descargar toda esa ira de algún modo —hablé seria y él no me miró. — Estás exagerando las cosas, estoy bien —trató de apaciguarme. — No querría que una vez más toda esa ira te lleve a tomar malas desiciones, no en un momento así —remarque. Sam se vio pensativo. — ¿Qué quieres entonces? ¿Que secuestre a alguien y lo golpee? ¿quieres que la ira me domine? —preguntó exaltado. Estaba llegando al punto que quería. — Yo soy la única que está contigo aquí y ahora —solté segura. Él se dio cuenta de lo que pretendía y se alejó de mi. — Eres la única persona a quien no quiero tratar así, y tú me lo estás insinuando —me recriminó con la mirada. — No soy una niña Sam, ya no soy esa ciega a quien podías manipular —hablé dura— creí que podía jugar a que todo estaba bien, pero tú y yo sabemos que no es así —él se movió inquieto. — Sé que no, pero también sé que tú y yo nos amamos, sé que soy un idiota pero tengo claros mis propósitos y no es humillarte —dijo queriendo sonar tranquilo. — No puedes protegerme de todo, no de ti —me acerqué— tú me torturaste ilusionando mi corazón, mintiendo y ocultando cosas ¿qué podría ser peor que eso? —pregunté molesta. — Por esa razón quería ocultarlo, ahora solo crees lo peor de mi —sus ojos azules me miraron al fin y su frialdad me helaron el alma. — Solo creo lo que veo, y noto que lo necesitas, es lo único que puedo hacer por ti, ser tu esclava —dije en un hilo de voz. — No, Sarah, tú eres más que eso solo ... —habló molesto. — Dijiste que lo único que querías era complacerme ¿cuál es el problema? —le hablé firme, mi mirada era decisiva y Sam comprendió que lo había acorralado. Tenía algo de pavor por lo que estaba exigiendo pero de verdad era lo único que podía hacer por él, además no podía imaginarlo con otra mujer, puedo tolerarlo, lo peor ya pasó. Ésto era solo una prueba. — Está bien Sarah —soltó serio. De repente se acercó y me alzó en sus brazos, su seriedad no le daba esa chispa de siempre, comprendí que de verdad había hecho algo malo. Me llevó a la habitación y me dejó en medio de ésta, él tomó unas sábanas blancas y comenzó a romperlas. Me di una idea de lo que quería hacer pero su rostro me dejaba desconcertada— solo tenía dos reglas, pero por ti serán tres —dijo organizando varios lazos de tela en su mano. Me miró serio y yo tan solo lo observé esperando que hablara viéndome algo despreocupada— uno ,harás absolutamente todo lo que yo diga, dos no puedes decir una sola palabra a partir de ahora y tres, tendrás el privilegio de poder denetenerme cuando quieras —mi boca se secó ante su impotente mirada y asenti en modo de comprensión— ahora quiero que te quítes la ropa —me ordenó frío.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD