SAM
Guarde una carta junto a papeles importantes dentro de un sobre, el cual dejé a disposición de Matt.
— Daselo si algo sale mal —le indiqué desde el escritorio, él lo revisó y al verlos me miró serio.
— Creí que que solo hablarían —comentó molesto.
— No voy a dejar que siga haciéndome daño atreves de gente inocente —dije seguro. No iba a seguir tolerado eso, mató a dos personas y arruinó mi matrimonio, ese malnacidos no volverá a hacerlo nunca más y además, él no podrá hacerle daño a alguien que ya esté muerto. Así que ambas opciones protegían a los míos, estaba decidido. Miré el arma en mi mano que descansaba sobre mi regazo, Matt no lo notó y solo se puso a pensar dando vueltas en la oficina.
— Déjame acompañarte porfavor —pidió y lo observé serio.
— Matt, tienes mejores cosas que hacer, yo inicié ésto y yo voy a terminarlo —mi voz fue dura, pero Matt no quería.
— Hago lo mismo que tú, quiero proteger a mi familia, hemos pasado por millones de cosas, no me vas hacer a un lado ahora —me desafió. Pero no tenía ganas de discutir, mi cabeza solo planeaba todo lo que se venía y solo quería preparame para ese día.
— Tengo cosas que hacer, luego hablamos —dije guardando el arma debajo de mi saco. Matt al verla me miró aún más molesto.
— Está bien, me voy —dijo yéndose de malas. No le di importancia pero en el fondo no quería que estuviéramos así, a fin de cuenta es mi hermano de vida. Salí de la oficina y bajé a la cocina donde vi a Sarah sentada afuera con un libro. Me acerqué y me senté sutilmente en la silla frente a ella, dejando que la mesa fuera el muro que nos daba una sutil distancia. Sabía que necesitaba un poco de espacio; me mantuve en silencio observando el pasto sin saber que decir.
— ¿Necesitas algo? —pregunté tímido y la miré, sus ojos verdes me miraron por un corto segundo.
— No, estoy bien —dijo queriendo sonreír, pero se vio forzada.
— No tienes que fingir conmigo —comenté sin mirarla. Ella no dijo nada— Si quieres irte solo dímelo, aún soy el Sam que quiere darte todo lo que necesites y lo que quieres —hablé duro mirándola. Sarah me observó seria e hizo una pequeña sonrisa la cual borró al instante.
— Solo quiero saber una cosa —habló y la observé con atención— ¿tú quieres que me vaya? —preguntó seria y la observé con tristeza, por supuesto que no quería que se fuera, no después de tomar una desicion que probablemente me costaría la vida, necesitaba la calma que solo su ser me daba, adoraba pasar horas y horas haciendo el amor, viendo películas, coquetear y tenerla serca, quería darle tantas cosas, pero ya no había tiempo, me prometí a mismo al tenerla allí de frente que haría hasta lo imposible por volver con vida.
— Sabes que no —respondí con simpleza.
— ¿Entonces por qué me lo propones? —volvió a preguntar y la miré nervioso.
— Creí que te molestaría verme por haber arruinado todo, y yo no puedo evitar acercarme a ti si te veo —le hablé sincero sin mirarla.
— Lo sé —dijo ella con una pequeña sonrisa— Sam que haya cancelado la boda no significa que no te ame, solo creo que tienes cosas más importantes en que pensar —habló dejando el libro sobre la mesa.
— Lo siento, tal vez estoy exagerando las cosas, pero eh sido un completo idiota últimamente y lo único que quiero es complacerte en todo, es mi única forma de recompensar las cosas que hice —confesé sin mirarla, estaba muy afectado por todo y no quería que se diera cuenta, pero ella me conocía.
— Está bien ¿me acompañas? —me extendió su mano y la observé serio, pero la tomé sin dudarlo y a ella le gustó. Me guió a las habitación pero me llevó a la que quería dejar a un lado.
— ¿Qué hacemos aquí? —pregunté serio y ella se mostró seria.
— Aún tenemos ésto —dijo quitándose los pantalones y su camiseta, dejando a la vista su precioso cuerpo envuelto en encaje rojo, fue ver lo bello que era la vida si la tenía conmigo. Se acercó al ver que solo la observaba mientras sentía que mi corazón iba a explotar, estaba paralizado, ella había planeado aquello y me dejó sin habla. Acarició mi pecho sobre la tela de mi camiseta y luego me insito a que me la quite, nuestros cuerpo hicieron contacto y sentí su calidez, sus latidos y la suavidad de su piel. Me besó lentamente y mi mente se detuvo, seguí sus suaves labios dejándome sin aliento guiandome al paraíso, fue como besarla por primera vez, frente aquella biblioteca. Los recuerdos intensificaron el beso hasta que ella comenzó a quitarme el cinturón.
— Aquí no, no necesitamos nada de éste lugar —le hablé bajo, ella solo volvió a besarme.
— Estamos tú y yo, por supuesto que no necesitamos nada más —me susurró dejando caer mis pantalones. Tomó mi mano y me llevó a la pequeña cama.
— Tenemos nuestro lugar, nuestra cama —le dije en cuanto me sentó y ella encima de mi, dejándome sin pensamientos.
— Toda ésta casa es nuestro lugar, nuestro hogar, aquí pasamos muchas cosas ¿A caso éste lugar solo es exclusivo para el dolor? ¿Y si mejor le damos algo de amor? —preguntó y besó mi cuello, estaba llegando a mi límite y ella lo sabía, acaricie su espalda, sus caderas y su cabello— ¿recuerdas nuestro primer encuentro? En tu habitación y en tu oficina —con cuidado la acosté en la cama y le sonreí con picardía decidido a complacer por completo sus deseos.
— Cómo olvidarlo —le dije con un beso y luego recorrí por completo su cuerpo, no podía desaprovechar esos momentos, era lo único que nos alejaba de nuestra cruda realidad, estar juntos.
Aquel día estuvimos allí por horas y ninguno quería salir, tan solo estar acostados, desnudos y abrazados, hablar de recuerdos y reír de algunos. Allí me di cuenta que no todo estaba perdido, aún existían esos recuerdos, momentos que nos unirán para siempre.
— Quiero llevarte a un lugar, un lugar especial para ambos —le dije y ella me observó confusa pero aceptó, salimos de la casa a toda velocidad con una suave canción de fondo, la llevé a la casa de playa, el lugar estaba como aquella vez, con algo de polvo y mantas blancas, ella sonrió al llegar. Entramos con cautela y fuimos a la terraza donde se oía las olas— éste lugar es especial para mi, por eso tal vez no quiero usarla, al menos no sólo, muchos recuerdos en que pensar —dije sin mirarla, ella tomó mi mano y la acarició.
— Ahora estás conmigo —me dijo y luego se alejó, salió de la casa y bajó a la arena. La seguí deprisa confundido y cuando estaba a punto de decir algo ella comenzó a quitarse la ropa. Sonreí como un idiota y la seguí, en el agua sentí relajación.
— Sarah, no sabes lo mal que me siento por... —
— Shhh —me calló— no hablemos de eso por favor —me pidió seria. Solo suspire y dejé que ella tomara el control, ninguno de los dos estaba bien, pero ambos sabíamos lo que nos daba calma y era eso, pasar tiempo juntos sin pensar en nada y solo vivirlo.
— Casemonos, no importa los invitados las ceremonias ni la estúpida fiesta, solo quiero vivir ése momento contigo —le propuse con honestidad— deseo verte de blanco y unirme a ti en la eternidad, solo tú y yo, no necesitamos nada más —repetí sus palabras y ella sonrió, luego me besó— mierda necesitamos testigos —comenté pensativo entre labios y ella rió.
— Una vez me dijiste que considerarías casarte, pero la verdad no te creí —comentó burlona.
— Siempre pensé en casarme contigo, desde nuestra primera vez en ésta misma casa, supe que era más de lo que creía, contigo no me importó ser cursi, solo quería complacerte en todo y aún lo quiero, porque has sido la única luz que me guia a cambiar ,y vaya que lo haz hecho, quien sabe dónde estaría ahora si no salía de ese lugar y perderte por esa razón, me hizo entender que aún había cosas buenas porque vivir —hablé casi en un susurro porque de verdad me lo imaginé, estaría muerto o peor aún seguiría allí ahogando mi ira en golpes y dolor. Ella me miró con admiración y me besó no solo con sus labios, sino con su alma.
Cuando creía que todo estaba acabado ella nuevamente aparce eliminando todos los malos sentimientos y a su vez también los malos pensamiento. No se que pasará el día de mañana pero hoy, seré todo lo que ella necesite porque me salvó de una mala vida, que gracias a la inmadurez, el rencor y el odio la escogí. Conocerla y amarla fueron cosas que me abrieron los ojos a una nueva vida, la cual me dio fuerzas para alcanzar mis metas, la cual defenderé con mi vida si era necesario.
Esa desicion me estaba pasando factura y como el hombre que debo ser protegere a mi familia.