SAM
Fui a la habitación y me la encontré sentada en la cama viendo la ventana.
— Sarah... —le susurré, ella bajó la mirada entonces.
— Ella pudo matarte, tiene dinero para cubrir sus hueyas —dijo jugando con sus manos.
— No era capaz, solo buscaba fastidiar y plantar miedo —respondí acercándome.
— Porque estaba despechada —me miró seria, sentí culpa que me hizo bajar la mirada.
— Solo era caprichosa —le reste importancia.
— ¿Algo más que deba saber? —su pregunta y su mirada impotente me pusieron tenso— ¿Cuándo terminará ésto? Ahora creen que tú la mataste por no controlar tu ira —soltó un suspiro. Me sentí mucho peor y no iba a durar mucho.
— Resolvere ésto —dije sin siquiera estar seguro.
— Claro —habló apenas. No quise seguir torturando mi mente y la suya, así que solo me retiré. Bajé las escaleras como loco y subí a mi auto, uno que no frecuentaba tanto, para poder pasar desapercibido. Conduje hasta llegar al club y entre casi tumbado la puerta, todos me vieron con preocupación. Al llegar al VIP, Leo me observó con desprecio.
— ¿Qué haces aquí tan temprano? —preguntó sin interes.
— Quiero hablar con Augusto, llámalo
—le pedí pero sonó a una orden. Él se echó a reír.
— ¿Crees que es así de fácil? ¿Crees que puedes darme órdenes? Tu único sustento está en el hospital —me pareció repugnante como hablaba de sus propio padre.
— Le prometí a tu padre no hacerte daño, porque él si te quiere y es una lástima que su sangre se desperdicie en un ser tan repugnante como tú —hablé duro acercándome. Leo sacó su arma y me apuntó a la cabeza.
— Esa es la razón por la que no tienes poder aquí, el amor no siempre es suficiente —su rostro mostraba como si siempre soñó con ése momento.
— Baja el arma ahora —oímos a Alex.
— Tú no te metas —Leo estaba ciego de la cólera, no entendí porque me odiaba tanto.
— Lo haces y te quedas en la calle, papá acaba de darme toda su fortuna y si quiero te saco de aquí sin un centavo —él la miró aún peor y cuando intentó desviar el arma a su dirección actúe con rapidez sometiendo el brazo que llevaba el arma y Alex se acercó a quitárselo, intentó pelear pero lo detuve.
— Sueltame bastardo —habló molesto mientras mantenía mi brazo alrededor de su cuello.
— No hasta que te tranquilices —le hablé duro apretando un poco más. Lo solté después de unos segundos y ambos nos observamos con rencor.
— Papá no pudo dejarte todo a ti —enfrentó a Alex.
— Pues acaba de firmar su testamento e incluso me dio la ubicación del dinero no registrado, y si algo me ocurre todo pasa a manos del Estado, tú solo heredas una casa modesta para que te escondas de la lluvia —le habló firme aunque noté su inquietud, yo sé que ella adora a su padre y también a su hermano, además de que era verdad, ella es mucho más lista y fría a la hora de tomar desiciones.
— Yo no estaría tan segura hermanita —le dijo antes de irse. Ambos nos observamos.
— Mi padre sabía que ésto pasaría, por eso se adelantó, solo le dejó una casa para que tuvieras al menos un refugio —habló triste.
— Y ni siquiera se lo merece —comenté impotente.
— Haré la llamada y te avisaré el día y el lugar, elige a los hombres que quieres que te acompañen antes de irte, es mejor que no te vean por aquí —dijo seria y luego se fue. Hablé con tres de los muchachos y ellos estuvieron de acuerdo.
Cuando volvía noté a varios camarógrafos en la entrada de la casa. Maldición ésto es una mierda y creo que perderé la cabeza en cualquier momento. Entré desanimado y con dolores que seguramente eran parte de mi imaginación.
— Debiste llevarme contigo —fue lo primero que oí.
— Salí de prisa, necesito aclarar las cosas de una vez por todas, enfrentare a Augusto —hablé cohibido.
— Muy bien —confirmó serio.
— Tú no irás, te necesito para algo más importante, quiero que cuides a Sarah sin importar lo que me suceda a mi, su vida será tu prioridad ¿entendiste? —sus ojos me vieron con pena y molestia.
— Está bien, pero déjame acompañarte —pidió mientras entramos a la casa.
— Te daré un puñetazo si vuelves a pedirlo —me volteé y él me observó desafiante pero al final asintió serio.
— Sé que ella es lo más importante en éste mundo para ti, así que la cuidaré con mi vida —su seguridad al hablar me relajó y sentí que no estaba sólo, que tenía una persona que estaba dispuesta a arriesgar su vida por mi, por mi familia.
— Y mantente a salvo tú también, tienes una vida por delante —lo miré con tristeza pero apenas pude sostener la mirada, él lo entendió y me abrazó, fue como recordar todos los desmadre que hacíamos en la preparatoria, él nunca me falló y ese abrazo fue mi forma de decirle cuánto lo apreciaba.
— Oye, todo estará bien, volverás con tu familia —me dijo al oído sintiendo como poco a poco perdía el control de mi cuerpo y cada vez lo apretaba más.
— Lo haré —traté de convencerme. Luego nos separamos para poder respirar, aquello relajó mi cuerpo, estaba seguro de que Sarah estará a salvo incluso después de mi muerte.
— Ve a hablar con ella, no a salido a almorzar y tú tampoco lo haz hecho —habló cambiando un poco el ambiente emocional. Asenti y pedí que preparen la mesa, subi y la encontré en la terraza viendo el patio trasero.
— ¿Qué pasó realmente entre ustedes? —preguntó de espaldas.
— Localice a Augusto, antes de que entrara al establecimiento, Ámbar salió y la seguí hasta su casa, quería que me dijera lo que tramaba y solo me insultó, saque el arma porque me enfureció y... —
— Te enfureció ya no tenerla a tus pies —se volteó— y que hiciera todo lo que tú querías —su molestia me hizo reflexionar lo que pasaba.
— ¿Qué dices Sarah? —pregunté serio.
— ¿Pensaste que te lo diría así de fácil? —su pregunta me asustó, tenía miedo de que pensara cosas que están muy lejos de suceder.
— Solo quería respuestas Sarah, por las buenas o por las malas, no podía enfrentar a Augusto allí, estaba sólo y de seguro él tenía hombres que lo cuidaban, por eso fui tras ella —traté de ser más claro a lo que ella insinuó. Sarah me observó dudosa y volvió a clavar su mirada en el jardín.
— No quiero estar así, preferiría que estuvieras a millas de mi, es casi lo mismo —me acerqué apenas— creo que la boda tendrá que esperar, no estamos listos para eso —habló con tristeza ,sus ojos al fin me vieron pero el dolor que reflejaban rompieron mi corazón. Me entregó aquel anillo que con tanto amor e ilusión se lo di.
— Ese anillo te pertenece, haz lo que quiera con él —dije sin interés. Sarah observó el anillo desilusionada y eso quebró toda esperanza en mi ser— lamento que ésto halla escalado tan alto, y no hacer nada al respecto, solo empeorarlo más y más, es mi culpa y lo asumo, te mereces más que un imbécil como yo y no te culpare por tu desicion, también creo que es la correcta, alejarte del peligro —dije con los ojos húmedos y un nudo en la garganta que no me dejaba respirar, así que cada palabra era dolorosa física y emocionalmente, pero debía decirle lo que sentía, no quería que pensara cosas erróneas ni que me odie por errores estúpidos de mi parte, asumo que yo detrui lo que quedaba de nuestro amor— lo lamento Sarah, lamento volver a meterte en mi vida de mierda, por volver a lastimarte, no pude cumplir mis promesas y te pido perdón por eso —bajé la mirada apenado y triste.
— Te amo Sam y quiero apoyarte, pero ésto es demasiado para mi, estoy cansada de solo esperar y esperar encerrada en una jaula de oro, no me siento bien así —sus palabras oprimieron mi pecho, yo sabía que no podía darle esa paz que merece , mi vida se convirtió en un completo caos y no podía controlarlo.
— Ya no estoy en condiciones de prometer cosas, pero si asegurarte de que algún día tendrás una tranquilidad plena y espero que ese día puedas perdonarme por todo lo que te hice pasar —hablé serio pero por mi mejilla cayó una lágrima. Ella se acercó y la secó con su suave mano, me dio un corto beso y se metió, la vi dejar el anillo sobre la cómoda antes de salir de la habitación. Suspire tratando de controlarme y fui directo a mi oficina ,quería tener todo en orden antes de aquella reunión donde todo podía pasar.
¿Qué podría ser peor que perder el amor nuevamente? Y por la misma mierda.