SAM
Sarah se veía temerosa y trataba de poner su mejor cara para mi, eso lo apreciaba pero sé que en el fondo era aquella niña con el oso entre sus brazos, asustada de presenciar la muerte. Llegamos a casa y ambas fueron a descansar, yo no podía hacerlo, mis miedos tomaron mi mente por completo, no podía imaginar en lo que pudo terminar esa noche, pude haber perdido para siempre su hermoso rostro, su sonrisa, sus ojos, su alma.
Entré a la oficina y abrí una ventana, cuando iba a encender un cigarrillo tocaron la puerta, era Sarah. Guardé rápidamente todo y ella entró.
— No puedo dormir, mucho menos sola —me dio una media sonrisa.
— Tampoco podría, tengo que pensar en lo que debo hacer —dije sin mirarla.
— ¿Y qué crees que podemos hacer? —preguntó seria.
— Debo hablar con Augusto, cara a cara, no tengo opción, lo buscaré y trataré de dialogar pero no te preocupes, no iré sólo —la tomé de los hombros para tranquilizarla. Ella asintió y me abrazó.
— Cuidate por favor, sabes que yo te esperaré, incluso toda la vida —la apreté más a mi y no quise soltarla jamás, quería que ese abrazo fuera eterno. Ella fue a ducharse y en cambio yo observé la caja de cigarrillos y los arroje a la basura, su presencia en ese momento fue una señal.
Unos minutos después fue Matt quien atravesó las puerta con desesperación.
— ¿Qué te pasa? —le pregunté preocupado.
— Ámbar está muerta, acaban de encontrar su cuerpo —dijo con asombro, en eso mi teléfono comenzó a sonar, ambos nos observamos serio y con preocupación.
— ¿Si? —atendi la llamada.
— Señor la policía está aquí y quieren hablar con usted —oí a la mucama.
— Enseguida bajo —asegure y corté— la policía está aquí —dije con furia y supe lo que pasaría. Suspire y me dejé caer en la silla.
— Tranquilo tú y ella no tienen relación hace mucho tiempo —habló Matt relajado.
— Antes del viaje fui a verla, quería advertirle y discutimos —confesé tomando mi cabeza— Sarah, por Dios estoy acabado —dije rendido.
— Tú no estuviste aquí, no tienes culpa alguna —trató de alentarme.
— Pero harán que todos lo crean así, que la maté y luego salí del país, será un gran escándalo, Sarah no podrá con ésto —hablé con el alma ardiendo en el infierno— trata de que ella no bajé, hablaremos después —le indiqué a Matt y asintió.
Suspire hondo, me puse de pie, me arregle un poco y bajé serio.
— Buenas días señor Whirlan, soy el investigador Robert y mi compañero Fred ¿tiene tiempo? Queremos hacerles unas preguntas —habló uno.
— Por supuesto, siéntese —le indiqué el sofá de la sala, al acomodarnos comenzaron a analizar el lugar y a mi, traté de verme relajado.
— ¿Está al tanto de lo que le pasó a la señorita Ámbar? —comenzó uno.
— Sí, acabo de enterarme que está muerta ¿qué le pasó exactamente? —pregunté curioso.
— No parece afectado —dijo el otro.
— Es una pena, pero tengo mis propios problemas —dije sin interés.
— Por supuesto, el incendio en su casa de Inglaterra, una buena excusa para salir de país ¿no cree? —volvió a hablar, suspire.
— ¿Qué quiere entonces? Parece saber saber más que yo —hablé irritado.
— Ella despidió a todos sus empleados, todos dijeron que estaba llorando y muy triste, lo curioso es que usted fue a hablar con ella la noche anterior a ésto, y al parecer discutieron, las cámaras de seguridad lo captan sacando un arma —soltó relajado.
— Si, hablamos... —confesé.
— También la maltrató —comentó el otro. Rodé los ojos.
— Solo la tomé del brazo, después de eso me fui a casa y no volví a verla, no tengo idea de lo que le paso, y no se si quiero saberlo —solté relajando mi cuerpo en el sofá.
— La encontraron anoche después de faltar a un compromiso muy importante, estaba en su habitación, en la cama y con uno de sus cinturón en el cuello —contó queriendo asustarme pero más bien me dio algo de pena, sea como sea no merecía eso.
— Estuve fuera del país anoche —dije observando a ambos.
— ¿Sobre qué discutieron? —soltó el moreno.
— Disculpe pero no puedo brindarle esa información, es personal —respondí.
— Debió ser algo muy fuerte como para que usted saque un arma —comentó.
— Todo lo personal es fuerte y tengo autorización para usarla, si quiere le traigo los papeles —mi seriedad los desconcerto. Se miraron entre ambos y tomaron nota.
— No es esa la duda, las armas se usan en situaciones de vida o muerte, la señorita estaba desalmada y además, no puede poner el artefacto en medio de una discusión "personal" ¿no cree? —habló vanidoso.
— Tenía seguro ¿con quién cree que habla? —solté ofendido.
— Entonces solo la utilizó para amenazarla y causarle miedo —dijo a lo que me incomodó pero me limité a responder y ellos se vieron victoriosos.
— ¿Por qué porta arma? —preguntó como imbécil.
— Mucha gente me conoce y conoce lo que tengo, incluso delincuentes —justifique sin esfuerzo.
— ¿Su prometida se encuentra? ¿Está al tanto de la situación? —preguntó el otro lo que me enfureció.
— No involucren a mi esposa, yo soy el sospechoso ¿no? —hablé duro.
— Si y exactamente por eso debemos investigar su entorno —habló con orgullo Fred. Maldito idiota.
— No deberían perder el tiempo —dije con desdén.
— Eso lo veremos, en fin gracias por su tiempo estaremos en contacto —ambos se pusieron de pie y se despidieron. Solté un suspiro de agonía y me arroje al sofá, ya no tenía cabeza para pensar y la muerte de Ámbar me afectó más de lo que creía.
— Sam —oí a Matt a mis espaldas.
— La prensa me comerá vivo —sentencie con ira— debo hablar con Sarah —quise subir y la vi en las escaleras con sus ojos intactos en el auto que salía de la propiedad.
— ¿Quienes eran? —preguntó preocupada.
— Policías, están investigando la muerte de Ámbar, la encontraron anoche, la estrangularon con uno de sus cinturones —hablé serio, ella se asombró y luego se acercó a mi.
— ¿Y por qué vinieron aquí? No haz hablado con ella en mucho tiempo —dijo de brazos cruzados. Suspire agobiado.
— Antes del viaje fui a hablar con ella, cuando la vi salir del departamento con Augusto, discutimos en la entrada de su casa y... saqué el arma de la ira —conté sintiéndome un idiota. Sarah me observó asustada.
— ¿La amenzaste? —preguntó.
— Por supuesto que no, solo quería respuesta y me dijo que ya no viviría tranquilo nunca más, por eso saque el arma y le dije que me matara allí mismo si eso era lo que quería —tragó saliva y no supo que decir— la prensa se volverá loca con ésto, por eso debemos acortar las salidas —
— No te preocupes ,ya me acostumbré a estar encerrada —dijo y luego subió unos escalones hasta que se volteó— debes aprender a controlar esa ira, no es bueno para nadie —y siguió su camino a la habitación.