Capítulo 11

1148 Words
SARAH Sam me mostró los vídeos de la casa y evidentemente era Cristal. Maldita, me intentó calcinar, pero al final tuvo su merecido, supongo. — ¿Por qué ahora? Después de tanto tiempo —suspire. — Así funciona el rencor, no ve el tiempo ni las posibilidades —dijo bajando la mirada. Tomé su mano y le di un beso de consuelo. En eso entra mi madre. — Nos traerán el alta pronto ¿Estás lista? —me preguntó viendo mi bolso. — Si mamá —confirme seria. Mi madre ahora cree que Sam no existe. — Bajaré la maleta te espero en recepción —dijo y rápidamente salió como un rayo. — Ahora me odia y lo merezco —comentó resignado. — Solo debo hablar con ella —dije tomando mi teléfono y saliendo de la habitación. Firmamos los papeles adecuados y salimos directo al aeropuerto. En el camino nadie habló, el ambiente era demasiado tenso. Entendía completamente a mi madre, pero ella necesitaba escuchar lo que tenía que decir, estoy asustada tanto como ella y solo puedo confiar en él, mucho más en la situación crítica en la que estábamos ,sé que cometió errores que me lastimaron, pero no podía arriesgar mi futuro por cosas del pasado. Además ésto era de. Vida o muerte y Sam tiene las herramientas para sobrevivir, al menos hasta que Augusto esté tras la rejas. Observé de reojo a Sam quien mantenía su vista afuera, pensativo y con su mandíbula apretada. ¿Mataría a Augusto si tuviera la oportunidad? Aquella pregunta me revolvió el estómago y pensar que Augusto si lo haría, era lo que estaba buscando. En el avión mi madre se mantuvo entretenida con una película y tuve más tiempo para hablar con Sam. — Augusto quiere matarte —tragué saliva— tienes que defenderte —mi rostro se mantenía serio y firme, pero él notó el miedo. — Sarah yo lastimaba gente por diversión, porque era un escape para mi y mis demonios, pero tú llegaste y ya no lo necesite, me di cuenta que eso solo los alimentaba más, pero ahora están amenazando tu vida y la mía, tienes que saber que no dudaría en acabar con la vida de esas personas, no después de ésto —tomó mi mano con firmeza y luego sacó un arma de su cinturón, mi corazón se aceleró y es que era la primera vez que veía una. Lo observé y éste se mantuvo neutro buscando mi reacción. — Es lo correcto, para ésta situación —aclaré apretando su mano. Él volvió a guardarla y suspiró. — Yo no quería meterte en ésto, pero mis antiguos errores me están pasando factura, aquella vez te deje ir porque era lo correcto, pero ahora es diferente, no quiero obligarte a amarme, simplemente necesito asegurarme de que estés a salvo ,y ya vez que ni siquiera eso sé hacer bien, no sabes lo mal que me siento y solo tu rostro, tu piel ,tu voz, solo tú eres la razón por la que aún estoy con vida, sabemos como acabará ésto y hay que estar preparados —besó mi mano dejándome sin aliento. Todas esas palabras fueron directo al corazón y no pude negar que el miedo me estaba consumiendo por dentro. Pero sé que junto a él podré respirar un poco de tranquilidad, Sam a hecho mucho mal y eso lo sé, pero también sé que detrás de todo ese mal hay una persona que perdió su infancia y las personas que más amaba, que cometió errores y se equivocó. No estaba dispuesta a abandonarlo en éstos momentos aunque eso me llevara a la muerte, lo prometimos ante Dios y no iba a retroceder. Sé que él tampoco, estaba en juego muchas cosas. — Sé que ésto no será fácil, pero le juré a Dios que estaría contigo para siempre a pesar de todo —dije acariciando el anillo de compromiso que aún conservaba, era lo único que me aferraba a la esperanza. — No quiero que seas infeliz, promete que si algo me ocurre tú seguirás tu vida, conocerás a alguien y formas una familia —tomó mis manos y no pude verlo a la cara, no podía prometer aquello— mirame Sarah —me pidió. — No quiero prometer eso Sam —dije en un susurro— no me obligue a hacerlo —separe sus manos. — Sabes que es lo que quieren, tienes considerarlo no siempre tendré suerte —volvió a tomar mis manos y me obligó a mirarlo— no quiero que te aferres a recuerdos ni nada de eso, quiero que sigas y busques tu propia felicidad, no podré estar en paz si no me lo prometes —sus ojos estaban intactos y sentí aquel miedo tirarme en un profundo y obscuro abismo, imaginando lo peor. — Está bien —dije solo para calmarlo. Él beso nuevamente mis manos y luego mis labios. — Te prometo que tendrás una vida tranquila — — Tendremos —aclaré— tú promete que harás lo posible para volver a mi —él me observó dudoso pero lo prometió— iré a hablar con mi madre ,debe estar un poco más calmada —hablé bajando la mirada, me dio un beso y fui con mi madre que veía por la ventanilla distraída, me senté junto a ella y tomé su mano. — Eres lo único que tengo en ésta vida hija, no puedo verte así junto a una persona que no puede con sus propios problemas y te arrastra con él —sus ojos me vieron y solo entonces noté sus lágrimas. — Lo sé mamá, pero... — — ¿Pero qué? Me dirás que lo amas, eso decía yo por tu padre y mira donde está ahora después de hacernos la vida imposible —mis ojos comenzaron a llorar. — Él no es mi padre, cometió errores pero los reconoció y está dispuesto a arriesgar su vida por mi y por ti ¿eso no es suficiente para ti? Al menos él tendrá una muerte digna ¿no crees? —explote y mis lágrimas no paraban. — Yo sé que el amor nos ciega de muchas formas, pero tienes que verlo por completo ¿y si estás con él cuando eso pase? Te matarán sin dudarlo, yo no lo soportaría —apretó mi mano. — Seamos positivas mamá, además no tenemos opciones ¿Quieres estar al descubierto? Aunque no quieras aceptarlo, él es el único que puede y quiere cuidarnos, no tenemos a nadie más, somos dos mujeres solas ¿crees que ellos no aprovecharán? Mira lo que hicieron la casa —suspire — recemos, es lo único que podemos hacer —la abracé y ambas nos hundimos en nuestros miedos— confía en mi mamá, todo estará bien —dije a pesar de no estar segura, o tal vez si.
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