SARAH
Desperté somnolienta pero me sentí mejor que ayer, traté de comer bien pero se me hacía casi imposible aún así lo intenté. Observé mi teléfono y no tenía llamadas ni mensajes de Sam, me pareció extraño pero supongo que tiene cosas que hacer. Suspire y me dejé caer en la camilla.
— El doctor dijo que los medicamentos están haciendo efecto —me dijo mi madre con una sonrisa.
— Así es, estoy mejor —quería preguntar por Sam pero no creí que ella supiera algo— ¿y Sebastián? —pregunté recaída.
— Está ocupado buscando al responsable del incendio —habló con calma. Pero sus ojos ocultaban algo, no quise preguntar porque debe estar tan asustada como yo, no quería empeorar más la situación, pero me desesperaba no tener noticias de Sam, él ya debería de saber de ésto, seguramente estaba en camino, por eso no podía comunicarse. Me quedé con eso en la cabeza y traté de tranquilizarme. Hasta que llegó la noche y el aburrimiento no me dejó opción, tomé mi teléfono y comencé a llamarlo, me quedé quieta al oir el timbre de su teléfono serca. Quise levantarme en su búsqueda pero entonces mi madre entra con comida.
— Te traje algo muy rico, el doctor dijo que ya puedes comenzar a comer otras cosas —dijo y cerró la puerta detrás de ella.
— ¿Por qué Sam no entra? —le pregunté y ella dejó de sonreír, no dijo nada y eso me insito a levantarme.
— No cariño, tienes que permanecer en la cama —trató de tomar mis brazos.
— ¿A caso tú no lo dejas? —hablé como loca.
— Cariño déjame explicarte bien la situación —dijo con tranquilidad.
— Que me lo diga él —alce la voz. Solo entonces entró, su rostro mostró tristeza y pocas horas de sueño.
— ¿Podrías dejarnos a solas? Por favor —le pidió a mi madre quien con molestia se retiró, sin antes echarme una mirada de advertencia.
— ¿Cuándo llegaste? —fue lo primero que pregunté, algo molesta también.
— Eso no importa ahora —dijo y bajó la mirada— no tuve el valor de verte así, porque sé que es mi culpa —trató de explicar.
— Te lo dije una vez Sam, alejarse no soluciona nada —una lágrima cayó recordando aquel día.
— Me duele mucho ésto Sarah ,es solo cuestión de tiempo para que... —su voz se perdió.
— Te necesito Sam, y tú lo único que haz echo es alejarme de ti con cada cosa que haces —descargué mi ira.
— Yo no merezco nada de ti, yo soy el problema Sarah ¿entiendes eso? Soy un maldito monstruo, no puedo ofrecerte la vida que te mereces —sus ojos al fin me miraron y noté cuán afectado estaba.
— Tal vez no ahora, tal vez no en éstos momentos, pero a pesar de todo mi corazón aún sigue siendo tuyo, aún tengo esperanzas, me dejaste sola una vez y casi abusan de mi, haz cometido el mismo error ¿volverás a hacerlo nuevamente? Recuerda que la tercera es la vencida Sam —de mis ojos no paraban de caer lágrimas, dolía pero debía hacerlo entender— eres el único que puede protegerme —él se acercó y cayó de rodillas ante mi.
— Perdóname, aunque no lo merezca —sus ojos se aguaron y bajó la mirada.
— No hay nada que perdonar Sam, solo quiero que por favor no vuelvas a alejarte de mi, juntos resolveremos ésto —me arrodille también y lo abracé.
— Perdóname Sarah —y por primera vez lloró en mi hombro, se desmoronó y juntos soltamos el dolor, la angustia, el miedo.
— Está bien, pero no quiero que te vuelvas a ir, eso es lo que quiren Sam, destruirnos —le susurré a su oído.
— Augusto —mencionó su nombre y al instante me miró a los ojos, los cuales se llenaron de ira en segundos. Me quedé quieta al oírlo, no supe nada de él hasta ahora— él está detrás de todo ésto, se metió en el mundo que yo dejé atrás, quiere venganza, y está dispuesto a todo, Ámbar y creo que Cristal también, lo ayudaron a hacer todo ésto —tragué en seco y mi pecho comenzó a doler, pero estaba decidida a dejar el miedo a un lado.
— No puede ser —dije acariciando su rostro.
— No tengas miedo, voy a acabar con él y con todos los que quieran hacernos daño, Cristal ya está pagando ahora iré por Augusto y Ámbar, ese par están más que aliados —su voz sonaba impotente y lo sentí temblar de la ira, tan solo volví a abrazarlo.
— Lo haremos, prometo estar contigo en todo —hablé en su oído y él me apretó un poco más.
— Es a mi a quien quieren destruir y lo están logrando —susurró.
— No, mirame —sus ojos chocaron con los mío— eres el hombre más fuerte que eh conocido, tú no le temes a nada, y no dejarías que alguien te hiciera menos, eres Sam Whirlan recuerdalo siempre —una pequeña sonrisa se asomó a su comisura y no pude evitarlo, lo besé con todas esas ganas que estuve reprimiendo durante todo ése tiempo. Sus brazos me rodearon y al fin sentí que todo estaba bien.
— Te amo Sarah, eres mi luz, eres todo y a pesar de mis errores, aún me quieres —
— Todos cometemos errores Sam, prometo siempre apoyarte y estar a tu lado, pero tú debes prometer jamás alejarte de mi y ser cien por ciento sincero conmigo —él asintió rápidamente y volvió a abrazarme.
— Lamento todo ésto, yo... —
— Basta, en éstos momentos quiero disfrutar tu compañía sin pensar en nada —mis labios rozaban con los suyos, los cuales se ampliaron en una pequeña sonrisa que alegró mi alma temerosa. Lo besé nuevamente y esa vez dejé que fuera más allá, ambos lo necesitábamos, amarnos era la única forma de olvidar todo.
Entre sus brazos solo sentí amor y cuidado, el deseo y la pasión nos envolvió por esas largas horas que aprovechamos sin dudar, mi cuerpo se sintió extasiado y renovado, como si sus manos y sus besos eran vitales para el.
Tenerlo a mi lado nuevamente fue una gran felicidad, ahora solo debíamos buscar una salida para nuestro amor.