SAM
Era alrededor de las siete de la mañana cuando decidí ir a verlo de una vez, no había dormido esa noche pensando en todo lo que quería decirle, Matt se quedó conmigo para poder apaciguar la soledad que sentía.
Ingresé al hospital con algunas miradas encima, fui hasta su habitación y lo vi dormido pero de todos modos ingresé.
— Espero que halla budin para el desayuno —lo oí murmurar y no evite sonreír.
— ¿También quieres mantequilla? Sé que también la adoras —dije bromeando, él abrió los ojos por completo y al verme sonrió con gracia.
— Solo en las tostadas —comentó riendo a lo bajo. También reí con una presión en el pecho y me senté en una silla junto a él— no deberías estar aquí —habló despacio.
— Necesitaba saber cómo estabas —confesé con decadencia.
— Estoy bien hijo —respondió mientras los recuerdos invadían mi mente, esas cuatro paredes blanca me estaban torturando. No sabía que hacer, quería tomar su mano ,quería decirle cuanto lo apreciaba ,agradecerle por todo lo que me enseñó y gracias a eso pude superar muchas situaciones. Por haberme dedicado tiempo y paciencia como un padre a un hijo. Eso fue y será siempre, el padre que nunca tuve, quien estuvo en los momentos más difíciles y en los de gloria.
Tenía tantas cosas para decir que mi garganta se apretó y solo observé el piso por un largo rato hasta que finalmente tomé su mano y él me correspondió con firmeza y seguridad , sus ojos se aguaron y los míos igual, era difícil verlo en ese estado y tan solo ese gesto resumió todo.
— Perdóname ,por haberte dejado, sé...que esperabas otra cosa de mi —confesé sin mirarlo.
— Mirame hijo —me pidió y apenas logré hacerlo— estoy orgulloso de ti, apesar de todo elegiste el amor, elegiste ser feliz y eso es lo único que importa, no te agobies por mi, estoy tranquilo de saber que eres un hombre fuerte e inteligente, y sabrás que hacer en ésta situación —terminó tosiendo un poco.
— Martin, tengo sospechas sobre tu socio italiano, está aliado con alguien de mi pasado que nos ha hecho daño a Sarah y a mi, sólo quería saber... —él me calló.
— Si crees que es él, adelante... muestra quien manda, ten cuidado, Leo le tomó mucha importancia por el dinero que deja, por favor no le hagas daño, conozco a mi hijo y no te hará fácil las cosas, se molestó cuando volviste, cree que solo viniste por ayuda y luego te volverás a ir como si nada, pero esa desicion me hizo ver que no olvidaste a éste anciano y que tu confianza hacía mi sigue intacta —suplicó y bajé la cabeza pensando, ahora entendía todo.
— Por supuesto que no le haré daño, ahora entiendo porque a estado a la defensiva conmigo, sigue igual que antes, en el fondo creí que sería diferente —suspire hondo. Entonces ingresó la enfermera quien lo acomodó para que desayune.
— Ese tipo nunca me dio buena espina, desearía que Leo y Alex hagan lo mismo que tú, alejarse de esa mala vida, pero es lo único que conocen —habló con tristeza.
— Tal vez aún halla oportunidad —lo alente.
— No, ya es tarde, Leo se ha vuelto ambicioso, solo Alex está en su sano juicio, ya sabes dicen que las mujeres son más listas —rió al igual que yo, luego me mantuve en silencio por largo rato pensando en las palabras adecuadas.
— Tantos años, y nunca te agradecí por todo lo que has echo por mi — dije al fin— por dedicarme tiempo, por tener paciencia a todos las rebeldías que hacía, por enseñarme muchísimas cosas que me ah convertido en lo que soy y ahora que quiero remediar las cosas tú.... —no logré terminar la frase, tan solo bajé la mirada aturdido por todos los recuerdos.
— No tienes que hacerlo, lo he hecho de corazón, vi potencial y coraje en ti pero también noté tus heridas, eso merece más que tiempo y paciencia, por eso eres como mi hijo, sé que nunca me olvidaras como yo nunca lo hice contigo, estamos unidos por algo mucho más fuertes que la sangre, hemos vividos muchas cosas juntos y eso es lo que vale —apretó mi mano y sonrió apenas.
— Lo siento, creí que nunca ibas a querer verme por haber dejado todo, por una chica —mis ojos querían soltar lágrimas pero logré controlarme .
— Nunca te arrepientas de dar un salto de fe en el amor —dijo con una sonrisa que alivió el dolor de mi pecho— solo tenía miedo a que te hicieran mucho daño, pero solo me hiciste ver una vez más, lo fuerte que eres y que estabas listo para enfrentar éste duro mundo de mierda, y mirate ahora, es un orgullo haberte tenido en mi vida —dijo con una voz que debilitó mi corazón.
— Me siento muy mal, siento que perdí nuevamente el amor y ahora a ti también, no sé que hacer Martin ya no duermo por las noches, ya no logro estar tranquilo y verte aquí... —dije observando la habitación.
— Ven aquí —dijo y me abrazó, solo entonces me tranquilice— eres un hombre fuerte y lo sabes, no pierdas el control, sabes lo que tienes que hacer y como hacerlo, lucha por tu felicidad, por estar tranquilo, tienes todos para hacerlo, nunca tuviste miedo y no lo tendrás ahora, muchas personas te necesitan —sus palabras me daban valentía y coraje— eres Sam Whirlan, eres mi hijo, yo sé que harás lo correcto, siempre lo hiciste —su abrazó se apretó más y no pude evitar soltar un par de lágrimas— yo solo quería que fueras feliz y debí dejarte ir —sentí sus lágrimas en mi camiseta hasta que sus brazos cayeron y solo entonces me di cuenta que perdió la conciencia.
— Martin —lo llamé pero no reaccionaba, lo recoste con cuidado y llamé a la enfermera, quien me dijo que debía descansar y que las emociones fuerte podrían afectarle negativamente, asi que solo me fui con pensamientos nuevos en la cabeza, Martín logró encender la llama del coraje, me hizo entender que debía responder ante todo lo que hicieron y no debía dejar que el miedo me acompañe.
Pero esa noche alrededor de las once ,una llamada entró en mi teléfono, alguien intentó calcinar a Sarah, prendiendo fuego su habitación con un incendiario bastante curioso.
Salté de la cama y desperté a todos, volé esa misma noche sin pensarlo, aún que me volví loco allí, con el corazón en la mano, la cabeza en otro lado y toda la culpa hicieron que destrozara gran parte de los muebles del avión, estaba fuera de si, solo Matt y el saber que ella estaba bien me calmó un poco pero toda la impotencia de no reaccionar antes los atentados me hacían sentir un idiota, y ni Eleonor ni Sarah me perdonarán ésto.